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El Gobierno de izquierdas portugués cumple su palabra de "pasar la página de la austeridad"

Pocos confiaban en el primer ministro portugués António Costa. Pero el líder izquierdista ha dado con la tecla: ha consolidado las cuentas y devuelto el empleo, los salarios y las pensiones a los niveles previos a la crisis

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Un tranvía pasa por el centro de Lisboa, Portugal. REUTERS/Rafael Marchante

Un país rescatado, en el universo de la austeridad, saliendo de la crisis, con vigilancia máxima de la troika y reduciendo las desigualdades sociales. Bajo este escenario, suenan racionales las palabras del jefe del Ejecutivo luso: "El año 2016 ha acabado en perfecto estado de revista", dijo Antònio Costa.

No es para menos. Después de sólo dos planes presupuestarios de la coalición de izquierdas, Portugal, uno de los socios rescatados por el club del euro, ha retornado a la senda del crecimiento. Todavía mejor. Ha conseguido reconducir el déficit fiscal hasta el 2,1%, cuatro décimas por debajo de la exigencia del Eurogrupo, un nivel desconocido desde la época de la transición a la democracia, en 1974.

Con reducción de las desigualdades. Los ciudadanos lusos han visto recuperarse a los salarios, las pensiones y el empleo. Hasta cotas previas al inicio de la crisis. Con un recetario keynesiano, alejado de la rigidez presupuestaria inculcada (y exigida) desde Alemania a sus socios monetarios en riesgo de quiebra.

Hecho incontestable, que otorga a Costa la recompensa del deber cumplido. Su compromiso electoral de “pasar la página de la austeridad” es una realidad. Antes, incluso, de rebasar el ecuador de su mandato.

La recuperación de la economía lusa ha sido admitida por las autoridades comunitarias. Màrio Centeno, su titular de Finanzas, lo describió como “una gradual asunción de la realidad”, después de trece trimestres consecutivos de crecimiento y un dinamismo del 2% en el último tramo de 2016. “A lo largo del proceso de consolidación presupuestaria, la economía portuguesa ha sido capaz de adentrarse también en la senda de los números negros”, explicó Centeno en la última reunión del Eurogrupo.

Una coyuntura que tan sólo parece poner en tela de juicio su antecesor en el cargo, el conservador Pedro Passos Coelho, para quien la coalición gubernamental que conforman el Partido Socialista (PS) de Costa, los comunistas y el Bloque de Izquierdas, “volverá a encender la casa” con sus fórmulas de baja austeridad.

Fitch concede a Costa la “habilidad” para armonizar criterios en su gabinete multicolor y “plena capacidad” para crear la “estabilidad política” 

Pese a los elogios que el primer ministro recibe, incluso, de agencias de rating como Fitch, desde donde se concede a Costa la “habilidad” para resarcir diferencias en su gabinete multicolor, y “plena capacidad” para crear “estabilidad política suficiente como para impulsar las reformas estructurales” que necesita el país. Incluso “con el poco margen de maniobra” del que dispone el primer ministro para ponerlas en marcha.

Aun así, esta agencia de calificación no saca a Portugal de su nota de bono basura: BB+. Entre otras razones, porque la economía portuguesa no puede cantar aún victoria. El consenso del mercado alerta de dos notables nubarrones en el horizonte inmediato.

Dos ciudadanos pasan delante de una oficina de Novo Banco en Lisboa, Portugal.REUTERS/Pedro Nunes

El primero, el coste de la recapitalización bancaria que todavía debe acometer el Ejecutivo. El Eurogrupo califica de “sumamente frágil” al sistema financiero. El Gobierno luso tuvo que emplear 4.400 millones de euros en 2014 para limpiar los activos tóxicos bancarios.

Por la “insuficiente ayuda” de Bruselas en el rescate, adujo Costa, que ahora podría verse en la obligación de sumar otra inyección de 2.500 millones de euros para sanear la estatal Caixa Geral de Depòsitos, tras la venta de Novo Banco, con el que se acudió a reflotar Banco Espìrito Santo, en 2014, al fondo estadounidense Lone Star.

El reto inmediato de Portugal es sanear la estatal Caixa Geral de Depòsitos, tras la venta de Novo Banco

El análisis de Fitch Rating aumenta ligeramente la ayuda, hasta los 2.700 millones, y anticipa que el fondo de rescate luso hará retornar el déficit por encima del 3%. Sus expertos avalúan en un alza del 1,1% el agujero en las cuentas portuguesas por la nueva factura bancaria.

El segundo factor de riesgo es la desorbitada deuda pública, en el entorno del 130% del PIB -más de 232.000 millones de euros-, y que no tiene visos de moderarse a medio plazo, ya que podría añadir más lastre si el déficit se deteriora de nuevo.

Sobre todo, en caso de que el Gobierno decida elevar las ínfimas tasas de inversión y en gastos de capital de los dos últimos programas económicos. Supervisados desde Bruselas. Como todos los presupuestos después del rescate.

El primer ministro portugués, António Costa.-REUTERS

En 2016, los ingresos estatales crecieron un 0,8%, debido a la subida fiscal sobre la producción y las importaciones, y los gastos retrocedieron un 1,1%. Gran parte del esfuerzo de ajuste fiscal se debió a la aplicación de la tijera sobre los gastos de capital, del 32,7%, y en el capítulo de inversiones, con un 28,4%, explican en Fitch Rating.

Aunque también preocupa su modesto crecimiento. Las previsiones más optimistas, apenas ven un dinamismo del 1,6% este año. La cota que asume, por ejemplo, la propia Comisión Europea en su reciente informe de invierno. Aunque suponga, en cualquier caso, cuatro décimas más que en el ejercicio recién culminado. Con perspectiva sostenible para los ejercicios siguientes. Lejos del 2% con el que el PIB terminó 2016.

En buena medida, por la notable creación de empleo. En Portugal, el gabinete Costa ha sido capaz de devolver al mercado laboral 90.000 personas, según las estimaciones oficiales, lo que ha dejado la tasa de paro al borde de abandonar los dobles dígitos. La Comisión augura un 10,1% de desempleado este año y un 9,4% en 2018.

El mercado alerta de una nueva crisis de la deuda si Portugal no eleva el ritmo de su economía con más inversiones en capital, y mejoras de la productividad 

El líder de la oposición, Passos Coelho, incide en estos tres puntos de incertidumbre. Dice estar “convencido de que Portugal tendrá que hacer frente a otra nueva crisis de la deuda”, y que el Gobierno y el país “deberían prepararse para tal eventualidad”. A pesar de que su sucesor tomó posesión del cargo en noviembre de 2015. También el mercado da credibilidad a estos negros augurios.

Klaus Regling, director gerente del Mecanismo Europeo de Estabilidad aseguró que los inversores están “nerviosos” con Portugal por su elevado endeudamiento, su sector financiero y su competitividad y que, si sus autoridades no logran evitar que la deuda supere de nuevo los niveles anteriores a la crisis, tendría justificación prorrogar la supervisión de la troika (Comisión Europea, BCE y FMI) sobre la contabilidad nacional lusa.

Aun así, el alejamiento de la ortodoxia germana, mantiene el aval sobre Costa. Porque también hay evaluaciones que no conceden trascendencia al ruido y la retórica de los mercados y valoran el claro compromiso del gabinete de izquierdas con el ajuste presupuestario y los límites fijados en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento europeo a medio plazo.

Peter Goves, estratega de Citi, lo explica de forma gráfica al afirmar que el crecimiento portugués, sus necesidades financieras, la consolidación de sus cuentas y la recapitalización de sus bancos están en mejor disposición que, por ejemplo, Italia.

Varios líderes progresistas europeos ven en las políticas keynesianas y alejadas de la ortodoxia alemana de Costa el germen de una alianza anti-austeridad 

En Lazard se confía en que el despegue progresivo del sector exterior añada el suficiente combustible adicional a la economía como para que Portugal logre un mayor registro inversor en el próximo presupuesto, que contribuya a capear el saneamiento bancario y sus bajos niveles de beneficios y rentabilidad.

“Esta saludable aportación” al PIB de la rúbrica de la inversión sería crucial para el despegue económico, después del duro ajuste realizado por el sector público y privado en los últimos años, recalca el servicio de estudios de Lazard. También la OCDE, en un reciente diagnóstico, incide en estos términos.

Portugal -dice- “está inmersa en una gradual recuperación, después de varios ejercicios de profunda recesión”, con importantes esfuerzos de “consolidación y subsanación de desequilibrios”.

En sus predicciones, recomienda impulsos en inversiones, en innovación y en medidas dirigidas a elevar productividad como las fórmulas “más eficientes” para regenerar su sistema financiero y hacer sostenibles los recientes repuntes en los ingresos per cápita.