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El gran duelo del supermartes

Obama y Clinton aspiran a desequilibrar las primarias en su favor en una jornada que se celebra en medio país.

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Es lunes, debe ser New Jersey. Doce, catorce, veinte horas ininterrumspidas de mítines, charlas y discursos. Los últimos días de campaña son un maratón de ciudades y viajes por todo el país. Mañana están en juego más de la mitad de los delegados de las primarias y de momento no hay un claro ganador entre las dos opciones demócratas.

Un sondeo publicado ayer por The Washington Post muestra que ninguno de los candidatos se ha beneficiado claramente de la retirada de John Edwards. Hillary Clinton tiene cuatro puntos de ventaja sobre Barack Obama (47% frente a 43) pero con el complicadísimo sistema proporcional de reparto de votos, por distrito y por estado, es una diferencia que equivale a un empate.

Clinton mantiene una buena ventaja en California, el estado con más delegados (441), y Nueva York pero en sitios como New Jersey o Arizona, donde gozaba de un margen confortable, el empuje de Obama se está sintiendo.

Éste no debería tener problemas en Illinois, en Georgia y Alabama, con sus amplias poblaciones negras y probablemente en Massachusetts, gracias al reciente respaldo del senador Edward Kennedy.

Una campaña diferente

El estilo de la campaña ha cambiado radicalmente desde los primeros días de Iowa y New Hampshire. Los candidatos hablaban en iglesias y restaurantes, y a menudo se quedaban estrechando manos, escuchando a sus simpatizantes y contestando a preguntas. Incluso en Nevada y Carolina del Sur, encontraron tiempo para pasar por casas y peluquerías.

Pero ahora se trata de todo el país. Los demócratas celebran primarias en 15 estados y caucus (reuniones) en otros 7 y en el territorio americano de Samoa, para repartirse 1.681 candidatos. Los mítines se han convertido en eventos multitudinarios.

Obama consiguió reunir a 13.000 personas en el estadio Taco Bell, de Boise, en Idaho, en pleno territorio republicano. En los dos últimos días ha estado en Alburquerque, Minneapolis, San Luis, Chicago y hoy hará campaña en New Jersey.

Los candidatos ya no viajan en autobús, se desplazan en aviones privados, a menudo con prensa empotrada. Algunos les han dado nombre. Clinton ha apodado su Boeing 737 Hill Force One.

Hace unos días hizo de azafata entre los periodistas repartiendo pastel. Quedó muy bien en los blogs de campaña de los principales diarios.

La candidata ha pasado gran parte del fin de semana en California, cultivando su popularidad entre el electorado hispano (que de momento la ha respaldado por amplia mayoría).

Hoy celebrará un town hall (una reunión participativa) en Nueva York, que será difundido por la cadena Hallmark (la de las tarjetas de felicitación) que se emite por cable a 84 millones de hogares.

Los anuncios por televisión en los que Obama y Hillary se han gastado la cifra récord de 19 millones de dólares están diseñados en función de las preocupaciones de cada audiencia: en Connecticut y Dakota del Norte ha sido los impuestos; en Minneapolis y Alburquerque, la guerra de Irak; en California, el medioambiente.

En todos, el mensaje principal se ha centrado en el tema que más preocupa a los estadounidenses: el miedo a la recesión.

McCain, cerca del golpe definitivo

Del lado republicano, las cosas están más claras. El sondeo del Post sitúa a John McCain muy por delante de su rival Mitt Romney, (48% frente a 21%) y Mike Huckabee (16%). El sistema de reparto debería confirmar su liderazgo puesto que en estados donde es fuerte, como California y Nueva York, el ganador se lleva todos los delegados.

Los candidatos surcan el país. Mitt Romney interrumpió su agenda electoral el sábado para asistir en Salt Lake City, al funeral del líder de la iglesia mormona, Gordon Hinckley. El cansancio se hace notar. “Esto es como el día de la marmota”, decía la mujer de Romney refiriéndose a la película de 1993 donde Bill Murray revive constantemente el mismo día. “Cada mañana quieres que se termine”.