Publicado: 26.09.2015 21:39 |Actualizado: 27.09.2015 08:00

El comando nacional-bolchevique
que convulsionó a Rusia

Hace cinco años, dos de los integrantes de los "partisanos de Primoria", rodeados por la Policía, se suicidaron. El resto, o bien fueron detenidos o se entregaron. Se ponía así fin a un episodio de violencia cuyas repercusiones aún colean.

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Algunos de los 'partisanos de Primoria' en una captura de un vídeo subido a Internet.

Algunos de los 'partisanos de Primoria' en una captura de un vídeo subido a Internet.

MOSCÚ.- La tumba de Andréi Sujorada (1987-2010) sería como la de cualquier otro ruso si no fuera porque en su estela funeraria, sobre su nombre y su fotografía, está grabado un kolovrat, un símbolo solar pagano apropiado por la extrema derecha rusa.

Sujorada fue uno de los llamados “partisanos de Primoria”, un grupo militante nacionalista ─considerado como una banda criminal por las autoridades y como un intento de construir una guerrilla “nacional” por sus partidarios─ que generó una cierta alarma social en Rusia hace exactamente cinco años, y al que la cadena de televisión Dozhd (oposición liberal) dedicó recientemente un documental presentado por el conocido periodista Oleg Kashin.



¿Una guerrilla en Rusia?

A las 13 horas del 11 de junio de 2010, la policía rodeaba el piso franco en el que se refugiaba el grupo en Ussuriisk (krai de Primoria, Lejano Oriente ruso) y exigía a sus integrantes que se entregasen. Viéndose atrapados, Sujorada y otro de los miembros, Aleksandr Sladkij, decidían suicidarse de un disparo. Después de su muerte, un tercer integrante, Vladímir Ilyutikov, decidía entregarse. Horas después le seguían Maksim Kirillov y Aleksandr Kovtun, este último después de negociar con su abogado y su madre. Los “partisanos de Primoria”, como los habían bautizado los medios de comunicación rusos, eran historia.

Los cinco, junto a Román Savchenko (encargado de la logística del grupo, según las autoridades) y Alexéi Nikitin (arrestado por la policía el 31 de julio) tenían en común el hecho de ser muy jóvenes ─el mayor de ellos, Sujorada, había nacido en 1987─ y haberse radicalizado en entornos de extrema derecha. Considerado como el líder del grupo, Sujorada había militado a los dieciséis años en el Partido Nacional-Bolchevique (NBP, por sus siglas en ruso) del escritor Eduard Limónov, una formación de Tercera Posición descrita erróneamente por muchos medios españoles como “neobolchevique”.

Un concepto clave en el nacional-bolchevismo ruso, introducido por su entonces ideólogo, Aleksandr Dugin, es el de “soldado político”. Dugin tomó éste del francés Jean Thiriart, una figura clave de los movimientos de Tercera Posición, que se presentan como un sincretismo entre comunismo ─desprovisto de su carácter materialista histórico─ y extrema derecha con el que combatir la decadencia occidental. Para esta ideología, un “soldado político” es aquel militante cuya abnegación le lleva a entregarse por completo a la lucha, incluyendo, si así lo precisa la situación, el sacrificio de su vida. Un “soldado político”, según esta misma ideología, no es un fenómeno natural, sino resultado de una educación política, como la que el NBP de Limonov y Dugin perseguía para sus militantes.

Andréi Sujorada puede considerarse resultado de esa educación política. Como miembro del NBP, Sujorada participó en el famoso intento de ocupación de la sede de Rusia Unida ─el partido del actual presidente ruso, Vladímir Putin─ el 3 de marzo de 2004, encadenándose a la reja de una ventana. Tras su arresto y posterior liberación, Sujorada dio por terminada su etapa en Moscú y regresó a su Kirovski natal, un “asentamiento de tipo urbano”, como se designa oficialmente a este tipo de municipios que, por su número de habitantes, está entre una ciudad y un pueblo. Antes de marcharse, se dice que Sujorada le prometió a Limónov “liarla en Primoria”.

En Kirovski, Sujorada se reencontró con sus viejos amigos ─Ilyutikov, Kovtun, Kirillov, Sladkij y Savchenko─, con quienes se afilió al club “Patriota”, donde aprendió kick boxing y técnicas de combate sin armas. Fuera del gimnasio, el músculo ganado se puso a trabajar para la causa nacional, en concreto en agresiones contra inmigrantes asiáticos, principalmente chinos ─la frontera con ese país no está lejos─, unos hechos por los que fue arrestado en 2006 (en Kirovski) y 2007 (en Vladivóstok). En algún momento de 2009, quizá animados por estas actividades y la vistosa propaganda insurreccional que estilaba al NBP, los cinco decidieron formar el grupo que más tarde sería conocido como “partisanos de Primoria”.

La guerrilla fracasada

El 9 de octubre de 2009 el grupo subió a YouTube un vídeo titulado La última entrevista a la guerrilla del krai de Primoria. En él, los jóvenes denunciaban la corrupción de las autoridades rusas, particularmente de la policía, y declaraban abierta una guerra de guerrillas contra ellos. El vídeo llamaría la atención sólo meses después, cuando el grupo saltó a la fama.

Antes de su grabación, el 27 de septiembre de 2009 asesinan, según las autoridades, a cuatro personas en Kirovski que supuestamente guardaban un campo de cultivo de marihuana. Pero es en 2010 cuando sus actividades comienzan en serio. En febrero, los cinco jóvenes asaltan a dos agentes de policía en Vladivóstok, acabando con la vida de uno de ellos e hiriendo de gravedad al otro. Durante el ataque, consiguen sustraer a uno de los agentes una pistola Makarov. Siguiendo el ejemplo de anteriores guerrillas urbanas, cometen varios robos y atracos para financiarse y perder el temor a infringir la ley. Así, el 10 de mayo asaltan a dos parejas a las afueras de Lesozavodsk, llevándose un teléfono móvil y dinero, seis días más tarde secuestran un taxi, y ocho días después de esta acción detienen a un automóvil, golpean a su conductor y le roban el vehículo.

El 25 de mayo, tras haberse procurado otra arma ─un fusil de caza─, el grupo incendia unas instalaciones del Ministerio del Interior en el municipio de Varfolomeyevka, donde también se encuentran importantes instalaciones de la Fuerza Aérea Militar de Rusia. Dos días después, el 27 de mayo, asaltan con éxito una estación de policía en el distrito de Dalnerechensky y se llevan uniformes de policía, chalecos antibala, un equipo de radio y el coche de un agente tras asesinarlo.

Dos días después, el 29 de mayo, abren fuego contra un coche de policía, hiriendo a un agente, y el 8 de junio disparan contra dos agentes de tráfico en Spassky. Estas últimas acciones, y el reconocimiento de un mismo patrón, fueron las que llamaron la atención de los medios de comunicación, que los bautizaron, a partir del vídeo que habían colgado en YouTube meses atrás, como “partisanos de Primoria”, un nombre que tenía ─lo buscasen o no sus autores─ resonancias revolucionarias, ya que recordaba, además, a “guerrilleros del Amur”, una vieja canción soviética.

Esta cobertura, que en el fondo el grupo, como toda guerrilla, buscaba para que otros siguiesen su ejemplo en otros puntos del país y desencadenar así una insurgencia a escala nacional, fue a la postre fatal. En el Lejano Oriente ruso se desplegaron 10.000 agentes para darles caza y finalmente el 10 de junio un grupo de ellos conseguía localizarlos, rodeaba su piso franco en Ussuriisk y ponía fin a un breve episodio de violencia armada que, pese a todo, aún daría bastante de que hablar.

La amenaza viene de la derecha

Si para los “partisanos de Primoria” la cobertura informativa resultó fatal, para los medios de comunicación acabó demostrándose como contraproducente. El nombre de “partisanos” envolvió momentáneamente a los integrantes del grupo en un halo revolucionario romántico, que la antipatía de la población hacia sus objetivos declarados ─la corrupción de los agentes de policía─ no hizo más que aumentar. A ello también contribuyeron la circulación de fotografías en las que aparecían en uniforme de camuflaje posando con armas de fuego, en ocasiones exhibiendo el torso desnudo, y en otras con el dedo alzado ─un gesto que utilizan los fundamentalistas islámicos y que demuestra su fascinación puramente estética por la violencia, típicamente fascista─.

Todo ello llevó a Rozkomnadzor, el organismo federal encargado de las telecomunicaciones, a bloquear el acceso a su entrevista en YouTube hasta el día de hoy. Aunque el vídeo reaparece periódicamente tanto en este portal como en otras páginas web y en cuentas de VK ─una popular red social rusa, equivalente a Facebook─, Rozkomnadzor se encarga de bloquearlo o retirarlo de su circulación de las redes rusas.

Con todo, el recuerdo hacia los “partisanos de Primoria”, que han reaparecido en las pantallas de televisión en sus posteriores comparecencias ante el juez, se ha ido difuminando con el paso del tiempo. Y no sólo porque dejasen de ser noticia: significativamente, estos últimos años han aparecido en Internet fotografías que muestran pancartas de neonazis ucranianos conmemorándolos, algo que si ya difícilmente puede despertar la simpatía de la mayoría de ciudadanos rusos, enajena incluso a muchos sectores de la ultraderecha del país, que han guardado un prudente silencio durante este aniversario. Decenas de militantes de Otra Rusia, el partido heredero del NBP, combaten actualmente en las filas de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk contra el Ejército ucraniano y los batallones de voluntarios, entre los cuales se encuentran esos mismos neonazis que ensalzan a los “partisanos de Primoria”. Por ese motivo, el testigo del aniversario lo recogió Dozhd, la cadena que agrupa a la oposición liberal, con un documental presentado por Kashin, un periodista que en su día cubrió las actividades del NBP.

El fenómeno de los “partisanos de Primoria” constituyó, a su manera, un aviso para navegantes, al indicar que la mayor amenaza política para el país ─como en el resto de Europa oriental, por otra parte─ no procedía de la izquierda, sino de una extrema derecha, hoy aún embrionaria, radicalizada y dispuesta a hacer uso de la violencia hasta sus últimas consecuencias. Un aviso que sigue en pie hasta el día hoy.