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Guerra de Yemen La intervención militar saudí en Yemen desestabiliza Oriente Próximo

El contenido de un reciente correo electrónico revela que el hombre fuerte de Arabia Saudí, el príncipe heredero Mohammed bin Salman, desea ahora sacar a las tropas de su país de Yemen. Más de dos años después de iniciar la intervención militar en Yemen, Mohammed bin Salman sigue contribuyendo a la inestabilidad regional.

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Miembros de las milicias pro-gubernamentales de Yemen, subidos sobre un carro de combate cerca de una zona de combates contra los rebeldes hutíes, en la ciudad de Taiz, al suroeste del país. REUTERS/Stringer

Mientras la guerra de Yemen avanza y el número de víctimas crece día a día, en abril surgió una nueva complicación: una epidemia de cólera que según el último balance de la Organización Mundial de la Salud ha alcanzado ya la cifra de medio millón de casos, con más de 1.975 muertos hasta la fecha.

Esta complicación se debe a que aproximadamente 14 millones de yemeníes no reciben regularmente agua potable y a que la higiene y la asistencia sanitaria son muy deficientes. Se estima que en el país se infectan unas 5.000 personas cada día.

El mismo mes de abril, mientras se registraban los primeros brotes de cólera, hubo un cruce de correos electrónicos entre el activo embajador en Washington de los Emiratos Árabes Unidos, Youssef Otaiba, y el exembajador de Estados Unidos en Tel Aviv Martin Indyk, así como otros exfuncionarios americanos.

Son correos reveladores que han sido obtenidos por el grupo Global Leaks y que ahora ha publicado el portal de Middle East Eye. Particularmente interesantes son los correos cruzados por Otaiba con Indyk que hacen referencia al hombre fuerte de Arabia Saudí, Mohammed bin Salman, hijo y heredero del rey Salman.

El príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman. / REUTERS

Se ha de advertir que Martin Indyk en estos momentos no es ya funcionario de Estados Unidos sino que trabaja para varios “centros de estudios estratégicos”, esos institutos que tanto daño han causado en Oriente Próximo y donde habitualmente recalan los altos funcionarios de Defensa y Exteriores que se quedan sin trabajo transitoriamente.

En el departamento de Estado a Indyk, y a Elliot Abrams, que también aparece en los correos filtrados, los llaman con una nota un punto despectiva “los rabinos”. Son los que tanto daño hicieron en el proceso de paz con los palestinos, dejando las cosas mucho peor de lo que las recibieron y ahora están trabajando en la misma línea, pero basados en “centros de estudios estratégicos”, y con la vista puesta en Arabia Saudí y sus aliados.

El correo más significativo es sin duda uno fechado el 20 de abril, en el que Indyk responde a un mensaje anterior del embajador Otaiba, quien en Washington tiene fama de conspirador y que tiene acceso directo a los más altos funcionarios de Estados Unidos. El correo hace referencia de pasada a Stephen Hadley, exconsejero para la Seguridad Nacional de Estados Unidos.

“Él (Mohammed bin Salman, el heredero saudí) fue muy claro con Steve Hadley y conmigo (cuando dijo que) quiere salir del Yemen y que para él es aceptable que Estados Unidos se implique con Irán siempre y cuando se coordine por anticipado y los objetivos sean claros”, dice el correo enviado por Indyk.

Por un lado está la noticia de Mohammed bin Salman ha dicho con claridad a dos destacados exfuncionarios americanos vinculados estrechamente a Israel que Arabia Saudí quiere dar por finalizada la guerra de Yemen dos años después de la implicación saudí, una campaña desastrosa a todos los niveles que fue iniciada precisamente por el heredero del monarca.

La intervención saudí comenzó en marzo de 2015. Mohammed bin Salman alegó entonces que las victorias de los rebeldes houties significaban un peligro estratégico para Arabia Saudí puesto que los houties, que constituyen una secta similar a los chiíes, recibían ayuda directa de Irán y amenazaban la estabilidad de la región.

Desde la investidura de su padre en enero de 2015, Mohammed bin Salman ha llevado adelante una política exterior muy agresiva y ha estrechado las relaciones con Israel. Los dos países consideran que Irán es el enemigo a batir y están unidos por la presencia iraní en los países donde hay población chií, Irak, Líbano, Siria y Yemen principalmente.

Pero en el correo que dirige a Otaiba, Martin Indyk, quien siempre se ha caracterizado por defender la política exterior israelí, no menos agresiva que la de Arabia Saudí, también se refiere explícitamente a Irán. Indyk dice que el heredero saudí les ha dicho a él y a Haley que Riad no se opone a que Estados Unidos se implique con Teherán, “siempre y cuando se coordine por anticipado y los objetivos sean claros”.

Esto es justamente lo que el primer ministro Benjamín Netanyahu pide al presidente Donald Trump, que coordine con Israel la política sobre Irán y que los objetivos sean claros. Los correos filtrados por Global Leaks muestran que una parte de la política exterior de Arabia Saudí y de Israel, que es la misma en lo tocante a Oriente Próximo, se coordina a través de exfuncionarios como Indyk o Haley.

Aunque ni Indyk ni Otaiba han querido comentar los correos filtrados (Otaiba ha dicho que son “personales”), es obvio que son reveladores. Desde abril, cuando se escribió el mencionado correo de Indyk, Mohammed bin Salman no ha vuelto a referirse a la necesidad de acabar la guerra de Yemen, o al menos no ha trascendido.

La guerra de Yemen se ha cobrado la vida de 10.000 personas. Más de 18 millones, las dos terceras partes de la población del país, necesitan ayuda humanitaria y más de 7 millones sufren de desnutrición. A esto deben añadirse las penalidades derivadas de la reciente epidemia de cólera.