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Haití, todo vale para ser "prezidam"

El país más castigado del planeta vota hoy bajo la sombra del fraude electoral

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Haití cerró su campaña electoral con un nuevo latigazo de violencia: el famoso músico Michel Martelly, candidato antisistema que aspira a pasar a la segunda vuelta de las presidenciales, denunció un atentado contra su vida.

Sweet Micky, nombre de guerra del candidato ídolo de los jóvenes, que cuenta con gran respaldo en Puerto Príncipe, acusó sin vacilaciones al Gobierno: 'He sufrido un intento de asesinato, provocado por [el presidente René] Préval y su candidato [Jude] Celestin'. En cambio, la Policía de la Minustah redujo el incidente a otro enfrentamiento armado entre grupos rivales, que han teñido de violencia la campaña durante semanas.

Un sufragio se puede vender por diez dólares, incluso por menos

Así de elevada está la fiebre electoral en Haití el día en que cuatro millones y medio de personas tienen que elegir presidente, votar un nuevo Congreso y renovar la tercera parte del Senado. Unas elecciones que serían afeadas por el mundo sin el salvoconducto del salvaje terremoto del pasado 12 de enero, que acabó con la vida de 300.000 haitianos y dejó sin hogar a más de un millón. 'Constituyen un paso obligatorio para la reconstrucción del país y son una prioridad para la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (Minustah). Si no hay elecciones ahora, ¿cuándo?', dice resignado Eduard Mulet, jefe de la misión de la ONU.

En el pecado está la virtud: la propia comunidad internacional ha presionado para que se lleven a cabo los comicios y así salir de la parálisis que sufre Haití. La ONU, EEUU y la Unión Europea y el resto de países donantes están dispuestos a mirar a otro lado y taparse la nariz ante el fraude electoral sin precedentes orquestado por el gobierno de Préval para favorecer a su delfín y yerno, Jude Celestin.

Censos electorales donde los vivos no saben dónde votar y los muertos del terremoto sí pueden hacerlo; 33.000 funcionarios electorales manejados por el Gobierno y bajo la sombra de la corrupción; y millones de dólares para comprar voluntades durante las diez horas de votación.

Los vivos no saben dónde votar y los muertos del seísmo sí pueden hacerlo

¿Por qué tantos esfuerzos para gobernar el país más pobre de América, aplastado por la naturaleza y perseguido por una epidemia de cólera que ya ha matado a más de 1.700 personas? Diplomáticos ycooperantes coinciden: 'Viene una lluvia de millones'. Y para que ese dinero riegue Haití, la comunidad internacional exige un gobierno de garantías, capaz de administrar con ella 5.000 millones hasta finales de 2011 y otros 10.000 a largo plazo para la reconstrucción de la llamada 'República de las ONG'.

Haití se la juega en esta primera vuelta electoral, que según todas las encuestas necesitará de una segunda parte en enero para determinar quién será prezidam (presidente, en creole). Este país caribeño jamás ha disputado una segunda ronda, gracias a componendas y fraudes.

Mirlande Manigat, veterana candidata conservadora derrotada por Préval en las últimas elecciones, parte como favorita con el respaldo de la clase media y las mujeres. Es es la mejor vista por la comunidad internacional, por su discurso moderado. En cambio, Jude Celestin es el fiel espejo de su suegro, marcado por la corrupción y la ineficacia. Los dos apuestan por pasar de la mano a segunda vuelta, por algo integran el establishment haitiano.

Pero en el país del fin del mundo, el dinero manda

Y por eso temen por igual el irresistible ascenso de Martelly, rey de la música kompa. Los jóvenes y los desplazados de los campos le han demostrado su simpatía con la fuerza de sus gargantas: '¡Celestin, kolera!', gritan. Y también con las múltiples donaciones realizadas durante la última semana, que su asesor español Antonio Sola, artífice del triunfo de Calderón en México, ha dirigido casi por entero a la campaña viral vía sms y teléfono móvil.

Pero en el país del fin del mundo, el dinero manda. Un voto se puede vender por diez dólares, incluso por menos. Miles de los jóvenes que sufrieron colas kilométricas para retirar su tarjeta electoral esta semana lo hacían con la intención, para nada secreta, de alquilar su papeleta.

Todo vale en Haití para ser prezidam.

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