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Hamás acepta un estado palestino en las fronteras de 1967 y sin reconocer a Israel

Por medio de un documento que pretende ser histórico, Hamás ha aceptado la creación de un estado palestino en los territorios ocupados de Cisjordania y Gaza. No obstante, el documento no reconoce al estado de Israel y promete seguir combatiendo al estado judío por todos los medios.

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Khaled Meshal, uno de los líderes de Hamas. REUTERS/Naseem Zeitoon

Treinta años después de su fundación y diez años después de que la organización islamista se hiciera con el poder en la Franja de Gaza, Hamás, el grupo más significativo de la resistencia palestina, anunció en la noche del lunes un documento que especifica sus objetivos y sus ambiciones sin renunciar explícitamente a la Carta Fundacional que se confeccionó en 1988, durante la primera intifada.

Fuentes de Hamás admiten que el nuevo documento busca su reconocimiento político en el ámbito internacional, especialmente en Occidente, si bien esto parece muy difícil que ocurra dado que Estados Unidos, en primer lugar, y después la Unión Europea, la consideran una organización terrorista y nada indica que vaya a producirse un cambio en este sentido pese a que el documento presenta ideas bastante “pragmáticas”, según aseguran altos cargos de Hamás.

La incidencia que este paso tendrá en Israel es mínima. David Keyes, portavoz del primer ministro Benjamín Netanyahu, ha dicho que Hamás “trata de engañar al mundo pero no lo va a conseguir”, y los israelíes están seguros de que sus aliados occidentales, que no hacen nada para acabar con la expansión colonial en los territorios ocupados, tampoco van a hacer nada en relación con el nuevo documento de Hamás.

El documento, que se ha estado discutiendo desde 2012, plantea un acercamiento a la OLP al aceptar por primera vez las fronteras del 4 de junio de 1967, cuando estalló la guerra de ese año, de la que el mes que viene se cumplirá el 50 aniversario, como frontera aceptable para la creación de un estado palestino independiente. No obstante, a diferencia de la OLP, Hamás no reconoce al estado de Israel en ningún lugar de la Palestina histórica.

Puede decirse que el documento que lunes por la noche se reveló en Doha sustituye a la Carta fundacional de 1988, en la que Hamás se presentaba como alternativa a la OLP, algo que ahora no ocurre. En el nuevo documento, Hamás reconoce a la OLP, en la que Hamás no está integrada, como “marco nacional” y le pide que “reconstruya la democracia para salvaguardar los derechos palestinos”.

A pocas horas de que el presidente Mahmud Abás se reúna en Washington con el presidente Donald Trump, Hamás advierte que cualquier acuerdo que la OLP alcance con Israel deberá ser sometido a un referéndum, o en su defecto a la aprobación del parlamento palestino. En las últimas elecciones legislativas de 2006, Hamás obtuvo la mayoría absoluta en el parlamento aunque la cámara hace años que dejó de funcionar.

En el documento Hamás se define a sí misma como “un movimiento nacional palestino de referencia islámica cuyo objetivo es la liberación de Palestina” por todos los medios a su alcance “incluida la lucha armada”.

Pese a la mención de la “referencia islámica”, en el nuevo documento, a diferencia de lo que sucedía en la Carta fundacional de 1988, Hamás no se refiere a ninguna clase de vínculo con los Hermanos Musulmanes egipcios, seguramente con el fin de evitar un deterioro en las relaciones con el Egipto de Abdel Fattah al Sisi, enemigo acérrimo de la Fraternidad.

En realidad, Hamás fue fundada por un grupo de jóvenes de la Franja de Gaza que frecuentaron al jeque Ahmad Yasin después de regresar de El Cairo y Alejandría, en cuyas universidades habían estudiado y se habían empapado de la doctrina de los Hermanos Musulmanes.

Existe una cierta confusión en torno al anuncio del lunes, ya que por una parte hay altos cargos de Hamás que señalan que el nuevo documento no sustituye ni abroga la Carta fundacional, aunque en la práctica significa un distanciamiento claro de algunos de los postulados de 1988, que entonces fueron redactados por solo un hombre, el jeque Yasin, mientras que ahora en la redacción han participado un gran número de notables del interior y del exilio, e incluso algunos prisioneros encarcelados por Israel.

Después de rechazar los acuerdos de Oslo con Israel de 1993, y todos los acuerdos subsiguientes, el nuevo documento insiste en que acepta las fronteras de 1967 con Jerusalén por capital, así como el retorno de los refugiados palestinos, como “fórmula de consenso nacional”.

De hecho, esta circunstancia ya fue adelantada desde hace años por algunos notables de la organización fundamentalista que ofrecieron a Israel una tregua de cincuenta o cien años que el estado judío rechazó sin entrar a discutir.

Otro dato importante del documento, completamente distinto a la Carta de 1988, es que Hamás aclara que está en lucha con el sionismo pero no con el judaísmo. “Hamás no combate contra los judíos porque sean judíos, sino contra los sionistas que ocupan Palestina”, dice el documento. Por no distinguir entre judíos y sionistas, la anterior Carta fue denunciada por Israel como un texto “antisemita”.