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Los héroes de Túnez piden justicia

Lucha contra la impunidad. La huelga de hambre de siete heridos en la revolución fuerza al Gobierno a reconocer sus derechos

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La libertad en Túnez sí ha tenido un precio para Choukri Riahi: su pierna derecha y su amor por la vida. La desgracia salió al paso de este joven de 28 años el 14 de enero en Zaghouan, a cien kilómetros de la capital, donde participaba en una manifestación ante una comisaría. Uno de los agentes lanzó una bomba de gas lacrimógeno contra él. Su reacción fue coger como pudo la bomba y tirársela de nuevo a los policías. Uno de ellos sacó entonces su arma y le descerrajó varios tiros en ambas piernas.

Ingresado en el hospital de Zhagouan con dos fracturas abiertas en el fémur izquierdo y la rodilla de la pierna derecha pulverizada por las balas, los médicos de ese pequeño centro no se atrevieron a operarlo. El toque de queda había entrado ya en vigor y los conductores de la ambulancia no osaron tampoco trasladarlo al hospital de Ben Arous, donde hubieran podido intervenirlo de urgencia.

Choukri Riahi perdió una pierna por los disparos de la Policía

Esa misma noche, forzado por la cólera del pueblo, el dictador, Zin El Abidín Ben Alí, huía a Arabia Saudí. Pero para Choukri era ya demasiado tarde; al día siguiente, tras ser por fin trasladado a Ben Arous, los médicos le amputaban la pierna derecha por encima de la rodilla. Días después, el joven trató de suicidarse cortándose las venas.

De aquel acto de desesperación a Choukri le han quedado dos profundos costurones en una de sus muñecas. 'Me sentía abandonado por todos, por el Gobierno, por las asociaciones y, lo que más me duele, por el pueblo tunecino', explica con una voz teñida de desamparo. Luego recuerda cómo el 1 de agosto incluso se negaron a atenderlo en un hospital al que acudió con la pierna que le queda inflamada.

«Gracias a ellos, los tunecinos han votado», recuerda Imen Ben Ghozzi

Junto a él, otros hombres jóvenes, algunos en silla de ruedas, han pasado más de una semana en el local que el blog Nawaat cuyo papel en la caída del dictador se considera crucial tiene en el centro de Túnez. Como Choukri, fueron tiroteados en la Revolución que permitió que los tunecinos votaran, por primera vez en libertad, el 23 de octubre.

Sin embargo, estos jóvenes que han pagado con su futuro la incipiente democracia de su país no fueron a votar. La razón es que el día de las elecciones, diez meses después de la huida de Ben Ali, el Gobierno de transición no sólo no les había concedido aún una pensión que les permitiera subsistir, sino que muchos de ellos aseguraban carecer de asistencia médica, pese a la gravedad de las secuelas que les quedarán de por vida.

Desesperados ante el olvido de las autoridades y de la opinión pública, siete de estos heridos, acompañados por activistas de Nawaat, iniciaron el 21 de octubre una huelga de hambre que ha durado una semana. Los huelguistas sólo abandonaron su protesta tras forzar al presidente interino Foued Mebazza a firmar por fin un decreto en el que se regula el estatuto de las víctimas de la revolución y se reconocen sus derechos.

Rached sabe quién es el policía que le dejó parapléjico de un disparo

Nueve de los heridos, incluido Choukri, se encuentran ya en el hospital militar de la capital donde se les practicarán las complejas operaciones que precisan. Unas intervenciones que llegan tras meses de espera, durante los que su estado de salud se ha agravado.

Es el caso de Rached Bel Arbi, de 21 años. El 13 de enero, Rached recibió un balazo en la tercera vértebra cervical que le ha postrado para siempre en una silla de ruedas. En el local donde estas víctimas han mantenido la huelga de hambre, una foto muestra a este joven justo después de recibir el disparo que le dejó parapléjico: en estado de shock, tiene los ojos en blanco. El agujero por el que entró la bala se percibe claramente en medio de su esternón.

Rached estuvo dos meses en coma y después fue trasladado al centro público de rehabilitación Djebel West, un lugar en el que la 'atención sanitaria fue tan deficiente que incluso se le formaron escaras en las piernas', denuncia Imen Ben Ghozzi, una activista de Nawaat. 'Rached tiene también infecciones urinarias y una profunda depresión', explica.

«Algunos policías represores han sido ascendidos», afirma un activista

'Gracias a estos chicos, los tunecinos han podido votar y ahora no basta con que un médico los vea de vez en cuando: necesitan un seguimiento constante. Todos debemos preguntarnos qué puede experimentar un joven que siente que lo ha perdido todo', subraya la activista.

Rached asegura 'saber perfectamente' quién es el policía que le disparó. No es el único; varias de estas víctimas conocen la identidad de sus verdugos. También son conscientes de que no han sido castigados pese a las promesas del Gobierno de transición tunecino de que se haría justicia.

El colectivo Olvidados recuerda a la sociedad el deber de la memoria

Houssem Hajlaoui, uno de los miembros de Nawaat que se unió a la huelga de hambre, atribuye al objetivo de garantizar la impunidad de los culpables el olvido que estos jóvenes han padecido.

'En el decreto que reconoce los derechos de estos heridos se incluye un apartado sobre la persecución judicial a los represores. Y es ahí donde surge la cuestión crucial que ha provocado la paralización de las compensaciones y de los cuidados médicos durante meses: la responsabilidad del aparato policial, que aún no ha sido abordada por este Gobierno de transición formado por personas del antiguo régimen', deplora.

Houssem cita casos con nombres y apellidos: 'Moncef Laajimi, responsable de la represión en la ciudad de Thala, y contra el que hay dos órdenes de arresto que no se han ejecutado. Este hombre no sólo no ha sido castigado, sino que ha sido ascendido: ahora es el coronel jefe de las fuerzas de intervención del Ministerio de Interior. Sabemos de otros policías que sólo han sido trasladados e incluso en algún caso ascendidos tras haber abierto fuego contra la multitud', asegura Houssem.

Mientras esperan que el Gobierno cumpla sus promesas, Nawaat y varias asociaciones cívicas tunecinas han creado una plataforma de apoyo a los heridos, bautizada con un nombre revelador: Nstini (Olvidados). Una voz que recuerda el deber de la memoria a quienes ahora aspiran a un futuro sólido de democracia en Túnez.