Publicado: 12.11.2016 23:20 |Actualizado: 13.11.2016 18:55

Hollande e Hidalgo recorren los escenarios de los atentados para homenajear a las víctimas 

Francia conmemora la masacre de París entre una fuerte división política. Los atentados, hace un año, acabaron con la vida de 130 personas. 

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Francois Hollande inaugura una placa conmemorativa por los atentados en el café La Belle Equipe. EFE

Francois Hollande inaugura una placa conmemorativa por los atentados en el café La Belle Equipe. EFE

PARÍS.- Francia conmemora este fin de semana el primer aniversario de los atentados yihadistas del 13 de noviembre en París. Los actos, aunque formalmente se han concentrado este domingo por la mañana con un recorrido de los escenarios de los ataques por el presidente francés, François Hollande, tuvieron su pistoletazo de salida el viernes con un minuto de silencio en el partido de fútbol Francia-Suecia en el Estadio de Francia.



El presidente francés finalizó en la sala Bataclan las conmemoraciones oficiales y repitió ante la fachada de esta sala de conciertos el mismo esquema sobrio que había comenzado dos horas antes en el Estadio de Francia, que fue cronológicamente el primer lugar donde se produjeron los ataques.

Primero descubrió una placa conmemorativa de la masacre, luego un hombre y una mujer leyeron los nombres de las 90 personas que fueron asesinadas allí, puso una corona de flores y se guardó un minuto de silencio.

El jefe del Estado, que estuvo acompañado en ese acto por la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, y a más distancia por buena parte de los miembros de su Gobierno, saludó a continuación a allegados y familiares de las víctimas que se habían acercado, en una mañana fría y con una lluvia fina intermitente. También conversó brevemente, para manifestarles su reconocimiento, con algunos de los profesionales que intervinieron la noche de los ataques: policías, bomberos o sanitarios.

El homenaje en Bataclan estuvo rodeado de férreas medidas de seguridad, con barreras resguardadas por agentes con metralletas, que obligaban al poco público presente a presenciar el acto a varias decenas de metros. Una situación que se había dado poco antes en las terrazas de los bares y restaurantes de los distritos X y XI de la ciudad donde el comando de terroristas tiroteó o hizo explotar sus cinturones de explosivos ese 13 de noviembre por la noche (Carillon, Petit Cambodge, Bonne Bière, Comptoir Voltaire y Belle Équipe).

Todo había comenzado en el Estadio de Francia, igualmente con una placa descubierta, una corona de flores y un minuto de silencio en recuerdo de Manuel Dias, el conductor de autobús de origen portugués que murió fuera del campo de fútbol cuando uno de los yihadistas se hizo saltar por los aires con su cinturón de explosivos.

El hijo de esta primera víctima leyó el único discurso de estas ceremonias oficiales, y aprovechó para insistir en que no quería que el recuerdo de su padre estuviera teñido por el odio, siguiendo los consejos que le dio en vida. Un discurso que terminó con una proclama clara: "¡Viva la tolerancia, viva la inteligencia, viva Francia!".

División política

Francia había reaccionado a la primera gran oleada de atentados yihadistas de enero de 2015 con un clamor de unidad política en torno a los valores republicanos, pero el 13 de noviembre lo hizo saltar en añicos. Hollande trató de mantener esa unidad, y protegerse de acusaciones interesadas de inacción, promoviendo una reforma constitucional que hasta entonces sólo defendía el Frente Nacional y el ala más derechista de los conservadores y de ninguna efectividad práctica: retirar la nacionalidad francesa a los binacionales condenados por terrorismo.

El abandono por el presidente socialista de la propuesta tres meses después fue la constatación de un fiasco total en un debate deletéreo para la izquierda mientras arreciaban las descalificaciones por incapacidad para afrontar la amenaza terrorista de la derecha y del Frente Nacional de Marine Le Pen.

La situación no hizo sino empeorar con la masacre yihadista de Niza del 14 de julio, día de la fiesta nacional francesa, cuando el tunecino Mohamed Lahouaiej Bouhlel, un repartidor que llevaba años viviendo en la capital de la Costa Azul francesa, atropelló con un camión a decenas de personas y mató a 85 de ellas.

Con la vista puesta en las presidenciales y legislativas de la próxima primavera, las divisiones políticas se han agudizado y Los Republicanos, que no quieren que el Frente Nacional monopolice el descontento social, no dudan en atacar duramente la política antiterrorista de un Gobierno impopular.

En busca de Abu Ahmad

La investigación ha hecho muchos avances, y así por ejemplo se ha identificado recientemente al yihadista belga Ahmad Atar, alias Abu Ahmad, como uno de los supuestos coordinadores del mortífero dispositivo desde el feudo del grupo terrorista Estado Islámico en Siria. Según el testimonio de uno de los terroristas a los que envió para atentar en Europa, pero que fue detenido en Austria, Atar reclutó a los dos iraquíes que se hicieron saltar por los aires con sus cinturones de explosivos en el Estadio de Francia.

Además, la célula que finalmente cometió los atentados de Bruselas del pasado 22 de marzo -entre los que estaban los hermanos Barkraoui, primos de Abu Ahmad- le mantuvieron informados de su plan de acción. Pero los investigadores creen que Atar no era más que uno más en la cadena de mando y posiblemente ni siquiera el principal cerebro de la trama, en la que el belga Abdelhamid Abbaoud hizo de coordinador sobre el terreno.

A falta de noticias sobre el paradero de Abu Ahmad, Abaaoud está muerto desde cinco días después de los atentados en el asalto policial a la vivienda de Saint Denis donde se había refugiado con otros dos de sus cómplices. También están muertos los otros miembros del comando con la única excepción de Salah Abdeslam, arrestado en Bruselas en marzo y encarcelado desde julio en Francia, pero cerrado en un mutismo absoluto del que no cabe esperar gran cosa.