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El hombre que puso orden en el infierno

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Es el hombre del liderazgo, el aplomo y la prudencia. El líder del grupo. Es el último en dejar la fosa, como un capitán que no abandona su barco. Luis Urzúa, de profesión topógrafo, es el único de los 33 mineros que nació en un hogar de clase media.

En los primeros días del encierro, cinco de los 33 mineros (empleados por una subcontrata) se rebelaron contra él, pero finalmente Urzúa logró alinearlos bajo su autoridad.

El día después de saberse que los mineros estaban vivos, el ministro de Minería, Laurence Golborne, se comunicó con los trabajadores a través de un telefonillo. 'Le habla Luis Urzúa, soy el jefe de turno', dijo al contestar. Pronto se puso al teléfono el presidente Piñera y, con voz firme, el trabajador lo emplazó a liberarlos: 'Estamos bien, esperando que usted nos rescate', dijo. Le aseguró que el encierro a 688 metros de profundidad era 'un auténtico infierno'.

La familia de Urzúa no ha vivido, como las demás, en el campamento Esperanza improvisado junto a la mina. Su mujer ha sido la única de las esposas que no ha hablado con la prensa. Asegura que así se lo pidió expresamente su marido en su primera carta llegada desde las entrañas de la tierra.