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Las ideas tories de Blair ya no sorprenden a nadie

Los laboristas huyen de él y los conservadores se felicitan por el mensaje económico de sus memorias

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Tony Blair cuenta en sus memorias que se afilió al Partido Laborista poco después de terminar sus estudios en Oxford. A Julian Glover, periodista de The Guardian, le llama la atención que no dé ninguna razón de ese paso, “como si fuera tan natural como irse a tomar una pizza con unos amigos”.

Glover tiene razón en estar sorprendido. El tres veces primer ministro laborista no relata en su libro una trayectoria ideológica que le haya hecho terminar en posiciones conservadoras. Sencillamente, Blair fue así siempre, lo que confirma las sospechas de muchos compañeros de partido.

Tony siempre fue un “closet tory” (un tory camuflado), decían, al que sólo un origen de clase media y su desdén por la imagen reaccionaria de los conservadores fuera de Londres le empujaron a las filas laboristas.

La gente más cercana a Blair argumenta que su etapa de gobierno nunca estuvo en condiciones de satisfacer expectativas que eran irrealizables. “La procesión triunfal de 1997 (su primera victoria electoral) levantó esperanzas que no se podían cumplir”, escribió en The Times su ex asesor Philip Collins. “Existía la idea de que algo iba a nacer, un nuevo mundo, una nueva Gran Bretaña, el año cero. Blair era cómplice de eso, pero todos nos lo creímos”.

Por eso, no es extraño que los candidatos de las primarias laboristas hayan huido de cualquier relación con Blair como de la peste. Ni que algunos dirigentes conservadores hayan leído complacidos los pasajes de las memorias en los que Blair da una receta económica para salir de la crisis no muy diferente a la política actual del Gobierno de David Cameron.

“El Gobierno de coalición está ganando el debate sobre la necesidad de recortar el déficit. Ahora hasta Tony Blair nos apoya”, dijo Sayeeda Warsi, ministra y presidenta del Partido Conservador.

David Cameron continúa disfrutando de la baja de paternidad por el nacimiento de su hija. Eso le ha dado la oportunidad de no tener que pronunciarse en público sobre las memorias. Con un poco de suerte para él, cuando reaparezca el tema habrá quedado algo viejo. Tampoco le conviene juntarse demasiado a un político tan impopular.

Blair no carece de enemigos en la derecha. El jefe de política de la revista conservadora Spectator, Fraser Nelson, se fija en que Blair lamenta que alguien como Condoleezza Rice ya no pueda aportar nada al abandonar el Gobierno. “Blair siempre ha considerado absurdo que las personas inteligentes y con talento como él tengan que dejar la escena mundial simplemente porque un electorado desagradecido no quiere nada más de ellos”, escribió el periodista. Nelson ve las memorias como un nuevo intento de Blair S.A. de estar abierto a ofertas con las que saciar su afán de protagonismo.  

El dirigente laborista al que Blair ha mostrado más apoyo, David Miliband, sólo tardó unas horas en distanciarse del mensaje del político para el que trabajó como asesor en Downing Street. Miliband es favorito para vencer a su hermano Ed, pero si pierde, muchos pensarán que el libro de Blair es una de las razones de su derrota.

Blair se burla en varias ocasiones de los periodistas, pero admite que le cae bien Rupert Murdoch, el magnate de la prensa conservadora. No es extraño que en EEUU haya sido The Wall Street Journal, propiedad de Murdoch, el que ha publicado un extracto del libro.

'Hey, Tony, hey, ¿cuántos chicos has matado hoy?' , le gritaron los manifestantes congregados en la puerta

El WSJ tiene que estar encantado con el rechazo de Blair a los planes globales de poner en marcha normas “rígidas” con las que impedir futuras crisis financieras: “Eso podría destruir nuestro sistema financiero, dejarle sin su capacidad innovadora y nos devolvería a un mundo del pasado”.

El ex primer ministro firmó el sábado ejemplares de sus memorias en una céntrica librería de Dublín. Unas 200 personas se manifestaron en la puerta al grito de “Hey, Tony, hey, ¿cuántos chicos has matado hoy?” Otros 300 hicieron cola para la firma después de dejar sus bolsos y móviles en la puerta.

La tragedia de Irak lo perseguirá hasta el final. Nadie esperaba que Blair pidiera disculpas por la invasión. Como decía Robert Fisk, “Blair suena a veces como el ministro israelí de Exteriores, Avigdor Lieberman”. Si aún estuviera en el poder, Blair se uniría a los neoconservadores de EEUU que piden que Irán reciba el mismo trato que tuvo Sadam Hussein. En eso Blair tampoco ha cambiado nada.