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Los ilegales, parte de la vida estadounidense

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Se calcula que en Estados Unidos viven unos 12 millones de sin papeles, más o menos la misma cifra que en toda la Unión Europea. En Arizona representan el 8% de la población y juegan un papel esencial en el sector turístico, el mayor negocio del estado.

Estados Unidos, por razones históricas obvias, siempre ha sido, pese a las apariencias, bastante acomodaticio con sus irregulares porque los necesita económicamente. Los indocumentados pueden meter a sus niños en las escuelas y recibir atención médica de urgencia.

Así lo estipula la Corte Suprema que en 1982 declaró que ningún estado podía negarse a educar hijos de irregulares, porque suponía discriminarlos. Cuatro años más tarde, en 1986, el Congreso aprobaba el Emergency Medical Treatmen and Active Labor Act (EMTALA), que obliga a todos los hospitales y ambulancias a asistir a cualquiera que necesitara atención médica inmediata, independientemente de su ciudadanía, estatus legal, o capacidad de pago.

Integración económica

La idea es integrar al indocumentado en la vida económica antes que en la legal. Algunos estados, como Maine, New México y Tennesee otorgan permisos de conducir a los sin papeles.

La preocupación por la inmigración ilegal, especialmente en tiempos de crisis cuando escasea el empleo, ha endurecido las políticas de los estados hacia los indocumentados. Y no sólo en Arizona. Esta semana, la Asociación de Libertades Civiles de Nueva York ha denunciado que uno de cada cinco distritos escolares de la ciudad pedía información sobre el estatus migratorio de los niños que optaban a una plaza. Aunque ningún escolar fue expulsado, la asociación advirtió del precedente que creaba.

Estados Unidos no tiene documento nacional de identidad. Las piezas que más se usan para los quehaceres diarios son las licencias de conducir que otorgan los estados, y para asuntos más serios, el número de Seguridad Social, que, como su nombre no indica en absoluto, suma la historia crediticia de cada habitante. En Estados Unidos se es lo que se debe y lo que se gasta. En este país de tradición anglosajona, una de las libertades del individuo es no tener que llevar papeles, contrariamente a Europa. De ahí que la ley de Arizona levantara tantas ampollas.

Ningún policía en Estados Unidos puede detener o simplemente parar en la calle a un latino, por ejemplo, porque piense que es ilegal. Le puede detener por saltarse un stop y de paso pedirle los papeles. La iniciativa de Arizona daba a las fuerzas del orden un poder migratorio hasta ahora sólo reservado a las autoridades federales. Pero no era el único problema. Al no haber documento de identidad, resultaba incluso complicado pedirle una prueba de nacionalidad a un estadounidense.