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La incautación de los registros de las llamadas de AP eran el último paso de una investigación en EEUU

El Departamento de Justicia habría dirigido más de 550 entrevistas y revisado decenas de miles de documentos antes de registrar la agencia

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La controvertida decisión del Departamento de Justicia de incautar los registros de las llamadas telefónicas de los periodistas de Associated Press fue sólo un elemento dentro de una amplia investigación del Gobierno estadounidense de filtraciones a medios sobre un complot con origen en Yemen para atentar contra una aerolínea estadounidense, dijeron responsables del Gobierno.

La investigación sobre quién filtró la información está dirigida por la Oficina del Fiscal de Estados Unidos en Washington y ha provocado multitud de entrevistas del FBI con personal del Departamento de Justicia, las agencias de inteligencia de Estados Unidos, personal de Seguridad Nacional de la Casa Blanca y el mismo FBI. Las entrevistas han sido extensas y minuciosas, según personas que fueron interrogadas en la investigación, pero que pidieron el anonimato. Dos de los entrevistados dijeron que las investigaciones por filtraciones fueron siempre agresivas y que ser interrogado es una experiencia que desgasta y resulta desagradable.

La investigación, que según un responsable se inició tras una historia de AP del 7 de mayo de 2012 sobre la operación para frustrar el complot de Yemen, parece estar en marcha. Algunos testigos potenciales han sido avisados de que probablemente sean entrevistados en las próximas dos o tres semanas.

Dos de los entrevistados dijeron que las investigaciones por filtraciones fueron agresivasEl fiscal general Eric Holder, que se recusó de implicación en el caso, esquivó el miércoles las preguntas de los congresistas enojados por la incautación secreta de las llamadas de AP por parte de su departamento, que la agencia de noticias reveló el lunes.

La incautación de los registros, denunciada por los críticos como una grave intrusión en la libertad de prensa, ha provocado alboroto en Washington y planteado preguntas sobre cómo la administración Obama está equilibrando la seguridad nacional con los derechos a la privacidad. Hay signos de que los esfuerzos de la administración por encontrar al supuesto topo fueron improductivos - al menos antes de que el Departamento de Justicia almacenara dos meses de registros telefónicos de AP y sus periodistas.

'Buscar las grabaciones asociadas con organizaciones mediáticas se hace sólo después de que se hayan dado otros pasos alternativos razonables de la investigación', dijo el segundo de Holder, James Cole, en una carta al presidente de AP, Gary Pruitt, que ha protestado por la acción del gobierno. En esa carta, Cole reveló que el Departamento de Justicia había dirigido más de 550 entrevistas y revisado decenas de miles de documentos antes de ordenar los registros de las llamadas telefónicas de AP. Reuters fue una de las casi 50 organizaciones de noticias que el martes firmó una carta dirigida a Holder quejándose sobre los registros de llamadas a AP.

Floyd Abrams, un destacado abogado defensor de la Primera Enmienda y medios de comunicación, dijo, 'el impresionante alcance de esas órdenes legales a las compañías telefónicas podría sugerir que después de todo este tiempo, no tienen idea de lo que están buscando'. Otra posibilidad es que 'están tocando todas las bases' porque sospechan algo pero no están seguros, dijo Abrams, socio de Cahill Gordon y Reindel LLP en Nueva York.

'No creo que haya ninguna duda de que esto es una investigación seria a la que han dedicado mucho tiempo', dijo Abrams, que agregó que el hecho de que la justicia apunte a un gran número de líneas telefónicas y de periodistas de AP que las usan ciertamente lo hace parecer la mayor acción y más 'intrusiva' por parte del Gobierno sobre la prensa que pueda recordar. Holder agregó que la filtración era 'muy, muy seria' y dijo que 'ponía al pueblo estadounidense en riesgo'. No dio detalles.

'No hay ninguna duda de que esto es una investigación seria a la que han dedicado mucho tiempo' AP informó de que había retrasado su información sobre cómo Estados Unidos frustró un complot de un suicida afiliado a Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA), con sede en Yemen, tras la petición de oficiales del Gobierno que dijeron que ponía en peligro la seguridad nacional. Una vez que las autoridades dijeron que esas preocupaciones se habían apaciguado, según AP, se informó del complot.

Un responsable de Justicia dijo el miércoles que debido a que las autoridades estaban tan preocupadas por la filtración, abrieron una investigación sobre cómo AP había descubierto la operación de espionaje. AP había contactado con el Gobierno en busca de declaraciones varios días antes de que se publicara la historia. La primera historia de AP informó de que la CIA había 'frustrado un ambicioso complot' del grupo AQPA para atacar una aerolínea con una bomba bajo la ropa de nuevo diseño y dijo que el FBI había obtenido la bomba. AP informó de que no sabía qué había pasado con el supuesto responsable.

Pocas horas después de que la historia fuera publicada, John Brennan, entonces asesor de la Casa Blanca en lucha contra el terrorismo y ahora director de la CIA, ofreció una teleconferencia con ex oficiales de la lucha antiterrorista que frecuentemente trabajan como comentaristas en televisión. Brennan dijo que el complot nunca fue una amenaza para Estados Unidos o la seguridad aérea porque Washington la tenía controlada. Esa noche, Richard Clarke, ex asesor antiterrorista del Gobierno, sugirió en ABC News que había un espía occidental o un agente doble en el complot. Los titulares de los siguientes días estaban plagados de noticias sobre un espía estadounidense en el interior de AQPA que había adquirido el último modelo no metálico de bomba y se lo había entregado a las autoridades estadounidenses.

Durante el debate en el Senado sobre su nominación para dirigir la CIA, Brennan confirmó que había sido entrevistado por gente que investigaba tanto esa supuesta filtración como otra serie de filtraciones relacionadas con una supuesta guerra cibernética contra el programa nuclear de Irán.

Brennan desmintió con firmeza que él hubiera filtrado información delicada o secreta a los medios. Fuentes familiares con la teleconferencia de Brennan dijeron que al menos dos de los ex responsables que estaban presentes durante la llamada no habían sido contactados por los investigadores de la filtración.