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El incendio de una cárcel en Chile causa 81 muertos

Los cadáveres de 55 presos están irreconocibles. Se avisó tarde a los bomberos

SOLEDAD PINO

Una nueva tragedia conmocionó ayer a Chile, que amaneció con la noticia de que un incendio ocurrido durante la madrugada en la cárcel de San Miguel, en la capital, se había cobrado la vida de 81 presos. Las autoridades ya hablan de 'la mayor tragedia carcelaria ocurrida en Chile en los últimos cien años'.

Sólo cinco funcionarios de prisión custodiaban a los 1.960 reos recluidos en el centro. Según las primeras indagaciones, el siniestro comenzó alrededor de las 4.30 de la madrugada en el cuarto piso de la torre cinco de ese penal.

Se desconoce si el fuego se inició de forma intencionada pero, según el testimonio de varios supervivientes, la causa fue la explosión de una bombona de butano que los presos suelen meter en sus celdas para calentar agua y comida. Otra versión apunta a una riña entre reclusos que posteriormente quemaron colchones, lo que causó un incendio.

Uno de los interrogantes que está siendo investigado es por qué se avisó tan tarde a los bomberos: más de una hora después de declararse el incendio.

Los bomberos recibieron la llamada a las 5.47 de la madrugada. Aunque llegaron al recinto a los pocos minutos, les fue muy difícil entrar en la penitenciaría debido a las condiciones de seguridad que rodean el acceso. Lo lograron sólo después de romper varias rejas. A las siete de la mañana el fuego estaba controlado. Dentro de la prisión se encontraron 81 cadáveres.

En el hospital hay ingresadas 17 personas entre ellas cuatro funcionarios que presentaban un cuadro de asfixia por inhalación de humo. Ninguna está fuera de peligro.

Chile celebraba la Inmaculada Concepción y en las cárceles había día de visita. Al enterarse del incendio, cientos de personas, en su mayoría mujeres, se agolparon en las afueras del penal de San Miguel para intentar obtener noticias del estado de sus familiares.

La espera fue dramática y la tardanza de las autoridades en proporcionar información, muy cuestionada. Al intendente de Santiago, Fernando Echeverría primera autoridad en llegar al lugar le alcanzaron huevos y hasta barro en la cara cuando tomó un megáfono de la policía para hablar con los familiares.

'Entiendo vuestra desesperación, pero debemos ser responsables y no podemos dar nombres por ahora, no podemos dar vivos por muertos o viceversa', dijo Echeverría tras limpiarse.

La cárcel de San Miguel tenía un número de presos que casi duplicada su capacidad. El hacinamiento es un problema generalizado en el sistema penitenciario chileno. Según un informe de Naciones Unidas de 2009, es el país con mayor tasa de reos por habitante (318 por cada 100.000) de América Latina. La población penal chilena ronda los 55.000 presos.

La planta donde se produjo el incendio albergaba mayoritariamente a reos de baja peligrosidad y buena conducta. Había presos de avanzada edad y muchos primerizos.

Pasadas diez horas del siniestro, las autoridades dieron la identidad de 15 de los 81 fallecidos y la tragedia comenzó a tener rostros y nombres.

Bastián Arriagada Arriagada, de 22 años, murió por asfixia. Llevaba 20 días en prisión, había sido detenido por vender películas piratas en la calle, contó su madre entre sollozos. El 10 de enero debía salir en libertad.

Otro fallecido es Luis Parraguez Soto, de 45 años, que cumplía una condena de 12 años por robo con violación.

Según la policía, cerca de 55 cuerpos están carbonizados y serán necesarias pruebas de ADN para determinar la identidad de los fallecidos.

Esa noticia agregó aún más nerviosismo a los familiares, que seguían sin saber si sus parientes estaban vivos o muertos. Por ello, las familias se organizaron para gritar uno a uno los nombres de sus parientes desde el exterior del recinto. Los presos, desde el interior de la cárcel, respondían sacando un palo con un pedazo de tela por las rendijas de las ventanas si la persona por la que se preguntaba se encontraba bien. Fue así, por cuenta propia y a través de ese lenguaje de signos, como los familiares pudieron conseguir información.

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, no se acercó al penal, pero compareció en la Posta Central, hospital de urgencias de la capital. 'Dispondremos de todo lo necesario para asistir a las familias afectadas y que todos los fallecidos tengan un entierro digno', aseguró Piñera. El presidente cargó contra la situación carcelaria de su país: 'Es una vergüenza que nos afecta a todos. No podemos seguir con este sistema absolutamente inhumano'.

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