Publicado: 03.04.2015 16:46 |Actualizado: 03.04.2015 16:46

Indignación en Kenia el día después del ataque a la universidad

El ataque de Al Shabab a la Universidad de Garissa dejó ayer al menos 147 muertos y 79 heridos.

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Soldados de las Fuerzas de Defensa de Kenia toman posiciones durante el tiroteo en la Universidad de Garissa, en el este de Kenia.- Dai Kurokawa (EFE)

Soldados de las Fuerzas de Defensa de Kenia toman posiciones durante el tiroteo en la Universidad de Garissa, en el este de Kenia.- Dai Kurokawa (EFE)

El ataque de Al Shabab a la Universidad de Garissa, que ayer dejó al menos 147 muertos y 79 heridos, ha conmocionado e indignado a la sociedad keniana, que todavía está de luto tras una de las peores masacres que ha vivido el país en los últimos años. Durante todo el día de hoy varios aviones que traían los cadáveres de los fallecidos aterrizaron en Nairobi para luego ser trasladados a la morgue, donde los familiares esperaban para identificar los cuerpos.

A medida que iban llegando los cadáveres aparecían informaciones que apuntaban a que se siguieron oyendo disparos en el interior de la universidad incluso después de que el Gobierno anunciara el fin del ataque y que podría haber más muertos de lo anunciado. "El número de personas asesinadas fue mucho mayor del reconocido de forma oficial, quizás hasta el doble", explicó una fuente de los servicios de seguridad al periódico Daily Nation.

Con el paso de las horas también salieron a la luz más detalles del ataque, sobre todo relacionados con el comportamiento de los milicianos de Al Shabab. A pesar de las informaciones que aseguraban que en el asalto solo habían muerto cristianos, los supervivientes explicaron que en las primeras horas los terroristas dispararon de forma indiscriminada y no fue hasta que entraron en los dormitorios cuando comenzaron a separar a los estudiantes según su religión.



Igual que en ataques anteriores, como el del centro comercial Westgate de septiembre de 2013 que se cobró la vida de 67 personas, los terroristas hablaron con las víctimas antes de matarlas. En una entrevista con el periódico Standard, Maureen Manyego, de 21 años, relató una conversión en suajili que oyó antes de huir: "Hemos venido a mataros y a morir. No tenemos miedo de la muerte y vais a morir por la arrogancia de vuestro líder (el presidente Kenyatta), que se ha negado a retirar las tropas de Somalia".

Mucha gente no entiende por qué el Gobierno keniano no pudo anticipar la matanza si los servicios de inteligencia habían recibido alertas de un inminente ataque contra una institución de educación superior. La Universidad de Nairobi emitió un comunicado el 25 de marzo alertando a sus estudiantes que permanecieran "vigilantes ante cualquier anomalía" porque habían recibido informaciones de que el grupo islamista preparaba un atentado contra una universidad.

El propio ministro del Interior, Joseph Nkaissery, reconoció ayer que el ataque les había cogido "por sorpresa", pero negó que el Ejecutivo hubiera ignorado las recientes alertas emitidas por el Reino Unido y Australia. En una rueda de prensa celebrada hoy, Nkaissery aseguró que no se dejarán "intimidar por unos terroristas que recurren al asesinato de estudiantes inocentes".

"El Gobierno debería ver que el enemigo está cambiando sus tácticas y atacan instituciones que están desprotegidas"

Por su parte, el exvicepresidente y líder de la oposición, Raila Odinga, apoyó al Gobierno keniano ante un ataque que "no tiene ninguna justificación posible". "El Gobierno debería ver que el enemigo está cambiando sus tácticas y atacan instituciones (en relación a las universidades) que están desprotegidas. Nosotros también debemos cambiar nuestra táctica", advirtió Odinga en un comunicado.

En la misma línea se expresó la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Kenia (KHRC, en inglés), que se mostró "muy preocupada por la vulnerabilidad de Kenia a pesar de los continuos mensajes de tranquilidad lanzados por el presidente". Los más críticos con la gestión de Kenyatta, entre los que se encuentra la propia KHRC, recriminan al presidente su política de aislamiento respecto a Occidente y la falta de cooperación de las agencias de seguridad kenianas con sus contrapartes europeas y estadounidenses.