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Internacional Francia levanta el velo sobre el maltrato animal en los mataderos

Ante la conmoción provocada por las imágenes de maltrato a animales, la Asamblea Nacional ha aprobado una ley que obligará a instalar cámaras en todos los degolladeros a partir del año que viene.

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La Guardia Civil detectó 609 delitos de maltrato animal en 2015, más del doble que en 2014. EFE

Imagen que evidencia el maltrato animal. EFE

Cerdos golpeados con insistencia con una barra eléctrica, ovejas descuartizadas vivas o golpeadas con mazas en la cabeza, vacas degolladas sin haber sido antes aturdidas correctamente… La asociación L214 suele revelar este tipo de imágenes sobrecogedoras que ilustran los maltratos que sufren los animales en los mataderos franceses.

Los vídeos de este colectivo han tenido un gran impacto mediático en Francia durante los dos últimos años. Han evidenciado la hipocresía de un país donde se producen cada año 3,5 millones de toneladas de carne animal y cada habitante consume una media de 86 kg, el doble que la media mundial. Estas imágenes chocantes han hecho, sin embargo, que el ejecutivo francés intente limitar los comportamientos abusivos en los degolladeros. La Asamblea Nacional aprobó el 12 de enero una ley que obligará a instalar cámaras en todos los mataderos franceses a partir del 1 de enero de 2018.

En Francia cada habitante consume una media de 86 kg de carne animal, el doble que la media mundial

Esta nueva legislación sigue el ejemplo de los mataderos británicos y presume de ser una de las más restrictivas de la Unión Europea. Además de los sistemas de videovigilancia, promueve la creación de un comité de ética sobre los mataderos y endurece las penas con las que se castigarán los comportamientos abusivos, considerados a partir de ahora como un delito penal. “Se trata de un avance mayor para la protección animal”, declaró tras la aprobación de la ley el diputado socialista Olivier Falorni, encargado de elaborar esta iniciativa legislativa.

Éste obvió, sin embargo, la manera en que su proyecto ha sido descafeinado después de las negociaciones que él mismo mantuvo con el Ministro de Agricultura, Stéphane Le Foll. De hecho, sólo 32 de los 577 diputados de la Asamblea Nacional participaron en la votación. La mayoría de ellos se abstuvieron para no tener que pronunciarse en contra de los intereses de la industria cárnica ni de las asociaciones animalistas.

Además, la nueva legislación deberá ser ratificada por el Senado después de las elecciones legislativas de junio. Lo que hace pender de un hilo su aplicación. “La ley se encuentra muy por debajo de lo que debería ser. Su medida principal es la videovigilancia, pero sólo podrán consultar estas imágenes los veterinarios y los empleados responsables de la protección animal (que ya pueden acceder ahora a las salas de sacrifico de ganado)”, asegura la portavoz de L214, Brigitte Gothière, que fundó en 2008 junto con su marido esta asociación que ya cuenta con 25 empleados.

La asociación L214 critica que la nueva ley no exija la presencia de un veterinario en las salas de ejecución

Lamenta, asimismo, que las imágenes no resultarán accesibles para aquellas personas que difícilmente pueden entrar en un matadero, como los diputados, los periodistas o los representantes de las asociaciones animalistas. “En un degolladero en Houdan (región parisina) ya había cámaras y esto no impidió que se produjeran comportamientos abusivos”, explica Gothière.

Los responsables de L214 también critican que la nueva ley no exija la presencia de un veterinario en las salas de ejecución, encargado de garantizar la dignidad animal. “Los veterinarios dedican la mayor parte de su tiempo a garantizar la calidad sanitaria de la carne. La mayoría de ellos no están concienciados sobre el bienestar animal”, asegura el periodista Geoffrey Le Guilcher, que publicó a principios de febrero el libro Steak Machine, en el que describe el trabajo en el interior de un matadero industrial.

El origen de los maltratos: el sacrificio industrial

Para elaborar este reportaje, Le Guilcher se infiltró de forma clandestina en un degolladero gigante en Bretaña, que tiene unos ingresos anuales de 1.000 millones de euros y donde se sacrifica una media de dos millones de animales cada año.

El 20% del ganado vacuno es ejecutado de forma incorrecta, acentuando el sufrimiento de los animales

Tras haber trabajado durante cuarenta días en esta instalación, asegura que una de las razones principales de los comportamientos abusivos es el trabajo en serie de las industrias del sacrificio animal. “Siempre hay animales que se resisten a morir. Esto complica unas tareas que hay que realizar en muy poco tiempo. Y esto hace que algunos empleados terminen perdiendo los papeles”, afirma Le Guilcher.

De los 263 mataderos que hay en Francia, sólo un tercio de ellos son públicos. Estas instituciones, que en el pasado pertenecieron al Estado, han pasado a manos de las empresas privadas, se han modernizado y han organizado el trabajo a través de una producción en cadena. El número de degolladeros se ha reducido de forma significativa desde principios de los años 2000. Desde entonces, la actividad se ha concentrado en grandes instalaciones privadas que producen más de un 90% de la carne transformada.

A causa de la lógica imperante de la productividad, los errores suelen repetirse durante el sacrificio de los animales. “El 20% del ganado vacuno es ejecutado de forma incorrecta”, afirma Le Guilcher. Estos fallos en el proceso industrial acentúan el sufrimiento de los animales, a los que sacrifican sin haberlos anestesiado correctamente. No obstante, los comportamientos abusivos tienen lugar “tanto en los mataderos industriales como en los mataderos públicos”, declara Gothière. Según el Ministerio de Agricultura, en el 80% de los degolladeros franceses se producen vulneraciones de la normativa europea de bienestar animal.

“No aguantaba más este tipo de trabajo”

“Cuando tienes que matar a 40 vacas cada hora, los trabajadores terminan cebándose con los animales”, explica Mauricio García Pereira, un emigrante español que trabajó durante seis años y medio en el matadero de Limoges, el degolladero público más grande de Francia. A cambio de 1.500 euros al mes (el equivalente del salario mínimo francés), su labor consistía en ejecutar unas tareas repetitivas e intensas durante siete u ocho horas seguidas cada día, con una sola pausa de treinta minutos.

“La nueva ley es como una cáscara vacía. No hace nada para limitar el ritmo industrial ni el tabú que rodea a los mataderos”, critica Le Guilcher

“Una vez me corté el dedo pulgar y casi lo pierdo”, asegura García Pereira, que tenía que ir a menudo al masajista para calmar los dolores musculares que sufría. “Todos los trabajadores de este sector tienen que hacerse operar”, asegura Le Guilcher. Unas lesiones físicas que se unen a las repercusiones psicológicas que sufren por el hecho de convivir diariamente con el sacrificio de cientos de animales.

“No podía más. No aguantaba más este tipo de trabajo”, reconoce García Pereira. Antes de abandonar su empleo, grabó unas imágenes de lo que sucedía en el matadero de Limoges y las envió a los responsables de la asociación L214, que las difundieron generando una gran conmoción. “Una vez vi un vídeo de maltratos a animales en un matadero en el sur de Francia y pensé: si supieran lo que hacemos en Limoges”. Entonces, decidió grabar cómo sacrificaban a vacas embarazadas y tiraban a la basura los fetos de unos vacunos a los que faltaba poco para nacer.

“Según el primer teniente de alcalde de Limoges, esta práctica resulta habitual en todos los mataderos de Francia”, denuncia García Pereira, quien lamenta que la nueva legislación no prohíba el sacrificio de las vacas en gestación avanzada. “La nueva ley es como una cáscara vacía. No hace nada para limitar el ritmo industrial ni el tabú que rodea a los mataderos”, critica Le Guilcher.

“Como sucede con las prisiones, es el tabú y la falta de transparencia lo que favorece que haya comportamientos abusivos”. Según asegura este periodista en Steak Machine, el diputado Olivier Falorni reconoce que resulta más fácil entrar en un submarino nuclear que en un matadero industrial. Un secretismo que se ha visto vulnerado por los vídeos de la asociación L214.