Publicado: 25.04.2015 23:58 |Actualizado: 26.04.2015 08:00

La intervención extranjera capitaneada por Arabia Saudí causa más de mil muertos en Yemen en un mes

Los bombardeos sistemáticos de la aviación saudí y aliada en Yemen cumplen hoy un mes sin que se vea ninguna salida a la crisis. El rey Salman parece determinado a continuar los ataques a pesar de no haber conseguido ninguno de sus objetivos.

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Enfrentamientos en el sur de Yemen hace unos días. REUTERS

Enfrentamientos en el sur de Yemen hace unos días. REUTERS

JERUSALÉN.- Hoy se cumple un mes desde el inicio de los bombardeos extranjeros contra Yemen capitaneados por Arabia Saudí, que por ahora no ha logrado ninguno de sus objetivos, ni militares ni políticos, así como tampoco ha conseguido embarcar a sus socios en una aventura militar terrestre, como sería su deseo.

Desde el 26 de marzo han muerto, según el cómputo de las Naciones Unidas, algo más de un millar de personas, de los que 551 eran civiles. En esta cifra hay que incluir la muerte de 115 niños, además de 172 niños heridos. El número de civiles desplazados como consecuencia del conflicto se eleva a 150.000 desde hace un mes.

Los saudíes parecen determinados a continuar los bombardeos desde el aire, y a pesar de que el martes pasado anunciaron el final de la operación Tormenta Decisiva, las bombas se han disparado al mismo ritmo de antes, a menudo sin distinguir objetivos militares de civiles.

La Casa Saud se ha metido en un avispero de consecuencias imprevisibles y afortunadamente para el rey Salman, que ascendió al trono a principios de año, sus más próximos aliados, Egipto y Pakistán, han conseguido domeñar su ímpetu y evitar una entrada de los soldados de tierra en Yemen, tal como hubiera deseado Salman.

En las últimas horas se han producido varios llamamientos a la calma pero las posiciones parecen estar todavía demasiado alejadas para que prosperen. Tanto los saudíes como los huthi se sienten fuertes y no han dado muestras de ceder.

La última propuesta la ha lanzado el Sultanato de Omán y contempla un alto el fuego inmediato seguido de una rápida convocatoria de elecciones presidenciales y legislativas. Sin embargo, el presidente Abedrabbo Mansur Hadi, que se ha exiliado a Riad, insiste en que primero será necesario que las tropas huthi y sus aliados evacuen las ciudades que han ocupado en los últimos meses.

Esa también es la posición de los saudíes, mientras que, por su parte, los huthi exigen que el alto el fuego y las negociaciones ulteriores se produzcan solo si Arabia Saudí detiene los bombardeos sistemáticos de las zonas ocupadas por los huthi, algo que por ahora no ha aceptado Riad.

En este contexto, el expresidente Ali Abdullah Saleh, ha pedido a sus aliados huthi que acepten las decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU para acabar con la “agresión” saudí. Este repentino cambio de actitud se interpreta en medios políticos de Yemen como un intento de Saleh de salvaguardar sus intereses personales en el extranjero.



Las últimas horas han visto intensos combates en varias zonas del país, especialmente en la ciudad sureña de Adén, entre los huthi y sus aliados, por una parte, y milicias leales al presidente exiliado Hadi y a Arabia Saudí, mientras que los bombardeos aéreos no han remitido en absoluto.

Los saudíes y sus aliados se esfuerzan por presentar el conflicto como un combate contra la expansión de Irán en la región, y señalan a los huthi, que son de una oscura secta chií, como el brazo agresor de Teherán en Yemen.

Se da la circunstancia de que la Casa Saud se ha convertido en la principal valedora de procesos democráticos en Yemen, pero no en Egipto, y en Siria, pero no en Bahrein, y el rey Salman ha optado por usar la fuerza de su ejército e impulsar la creación de una fuerza militar panárabe, que en realidad es pansuní, para frenar la influencia de Irán en la región.

Desde el punto de vista saudí, el conflicto es estrictamente religioso. La minoría chií, que constituye algo más del 35% de la población de Yemen, cuenta con el apoyo de Irán, un apoyo que según los saudíes también es militar, algo que Teherán niega.

De hecho, las tropas huthi apenas disponen de armas ligeras y de algunas armas pesadas que han tomado de las posiciones del ejército que han conquistado en los meses últimos. Una flotilla iraní que esta semana se dirigía a Yemen ha tenido que dar marcha atrás ante el despliegue de la flota americana en las costas del país.

Un exfuncionario del departamento de Estado americano ha declarado esta semana a la cadena de televisión France 24 que la caótica situación en toda la región de Oriente Próximo, y por lo tanto también en Yemen, se debe a la persistente incapacidad de Washington de conducir una “política racional” en la región.

La confusión que reina en Oriente Próximo la trata de aprovechar el rey Salman para intentar crear una región a su imagen y semejanza después del estrepitoso fracaso de las llamadas primaveras árabes.

Se da la circunstancia de que tanto Arabia Saudí como Israel tienen en su punto de mira el acuerdo marco que a principios de abril alcanzaron en Lausana los americanos con los iraníes respecto al programa nuclear de este último país, un acuerdo que tanto los saudíes como los israelíes desean abortar a toda costa.