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Irán e Israel, una guerra militar y comercial en marcha

La guerra entre Israel e Irán ha dado esta semana un paso al frente. Se desarrolla a nivel militar y comercial prácticamente desde la fundación de la república islámica en 1979, pero se ha agudizado recientemente. El conflicto puede agravarse si el presidente Donald Trump decide asistir a Israel para acabar con el régimen de Teherán.

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El presidente de irán, Hasan Rohaní. / EFE

La respuesta iraní al ataque del pasado 9 de abril, cuando los aviones israelíes bombardearon la base aérea T4 en Siria, se demoró un mes, haciendo caso a la versión israelí que sostiene que esta semana la Fuerza al Quds de la Guardia Revolucionaria iraní disparó 20 cohetes contra posiciones militares en el Golán ocupado por Israel desde la guerra de 1967.

En el bombardeo del 9 de abril murieron 7 iraníes y Teherán prometió que habría una respuesta acorde. Los israelíes la esperaban, pero probablemente no esperaban una chapuza de tal magnitud. Según la versión israelí, cuatro de los 20 cohetes que dispararon los iraníes fueron interceptados por el sistema antimisiles Cúpula de Hierro, y los restantes 16 cayeron en territorio sirio.

Esta es al menos la versión israelí. Los iraníes aseguran que ellos no dispararon ningún cohete y que no tienen ninguna base militar en territorio sirio. Los cohetes los habría disparado el ejército sirio después de un bombardeo puntual israelí en la zona de la ciudad de Quneitra, en la frontera del Golán.

Lo que siguió fue un bombardeo masivo de los F-15 y F-16 israelíes, especialmente en el área de Damasco. Según los rusos, la mitad de 70 misiles disparados fueron interceptados por el sistema antiaéreo sirio. Los vídeos colgados en las redes sociales por los habitantes de Damasco muestran con claridad esas intercepciones, que no fueron completas pero sí muy frecuentes.

La guerra ya ha comenzado y no es solo un conflicto armado sino que también es una guerra económica

Aunque seguramente es verdad que Irán no dispone de bases militares en Siria, también es verdad que hay millares de “consejeros” iraníes en ese país. La muerte de siete de ellos en la base T4 lo prueba. Y que esos consejeros llevan a cabo una intensa actividad que refuerza la capacidad del ejército sirio también es verdad.

Los objetivos atacados por Israel esta semana figuraban en la lista que el 19 de febrero publicó el Instituto para el Estudio de la Guerra en Estados Unidos. Eran decenas de posiciones, aunque no todas, donde, según ese instituto, había actividad iraní. La operación muestra que el ejército israelí es la fuerza dominante en Siria, al menos en el sur de Siria.

Los dirigentes hebreos, con el primer ministro Benjamín Netanyahu a la cabeza, aseguran una y otra vez que no permitirán que Irán establezca una presencia militar en Siria. Lo ocurrido esta semana muestra que hablan en serio y que son capaces de mantener su promesa. Los israelíes esperan que Teherán haya tomado nota de lo ocurrido y desista de enviar fuerzas a Siria.

No está claro que Irán vaya a renunciar a Siria, en parte porque este país es una base cercana a Israel, el país que persigue al régimen islámico en todos los frentes y que de tanto en tanto también lleva a cabo acciones espectaculares en Irán. Si es así, los choques entre iraníes e israelíes están garantizados en el futuro inmediato.

Otra cuestión que se ha suscitado estos días es si estamos en el umbral de un nuevo conflicto armado regional. Es evidente que esta sería la opción más apreciada por Israel y que los israelíes están obrando de manera calculada para implicar a los Estados Unidos. En este sentido, la guerra ya ha comenzado y no es solo un conflicto armado sino que también es una guerra económica en la que los americanos están al lado del estado judío.

Las autoridades de Teherán han preguntado este viernes a los europeos si les van a vender un gran pedido de aviones civiles Airbus o si van a sumarse al boicot de Estados Unidos. Se espera que los europeos respondan esta semana, pero no hay que olvidar que los aparatos de Airbus se construyen usando algunas patentes de Estados Unidos y que si Washington se opone los europeos no podrán hacer nada.

Unas horas antes, Angela Merkel repitió que Europa ya no puede confiar en Estados Unidos. Es algo que la canciller alemana ya dijo recientemente. Sin embargo, la política europea respecto de Oriente Próximo no puede ser más nefasta para los intereses de Europa, comenzando por la cuestión palestina, y nada indica que Merkel y sus socios europeos vayan a modificarla radicalmente, que es lo que haría falta.

En el conflicto entre Israel e Irán está en juego la hegemonía militar, política y económica en Oriente Próximo, e Irán tiene las de perder. Todo apunta, y la suspensión del acuerdo nuclear por parte de Estados Unidos es otra indicación, a que los israelíes y los saudíes van a seguir acorralando a Teherán con la ayuda de Donald Trump, y van a intentar arrastrar al presidente republicano hacía una guerra militar.

Una parte de esta guerra se desarrolla en el interior de Irán. Aquí es donde entran en juego las sanciones económicas que Trump ha prometido adoptar. Los israelíes llevan a cabo una intensa actividad en el interior de Irán y confían en que las sanciones aceleren las protestas contra el régimen.

El funcionario del departamento de Estado Andrew Peek ha dejado claro esta semana que el abandono del acuerdo nuclear por parte de Trump fue coordinado con Israel. Es un punto importante porque muestra la poca influencia que tienen Ángela Merkel y sus socios europeos en Washington, y el claro ascendiente de Benjamín Netanyahu en los foros de poder americanos.