Publicado: 03.04.2015 12:09 |Actualizado: 03.04.2015 12:09

Irán llama a la puerta de Occidente con
pocas perspectivas

El acuerdo de parámetros alcanzado en Lausana es un paso en la buena dirección pero no significa que vaya a terminar de la noche a la mañana el aislamiento internacional a Teherán.

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El canciller iraní, Javad Zarif (L) espera para hacer una declaración junto al secretario de Estado estadounidense, John Kerry (R), a raíz de las conversaciones nucleares. -REUTERS / Brendan Smialowski / Pool

JERUSALÉN – El acuerdo marco que ayer lograron en Lausana las potencias mundiales e Irán abre la puerta a una aproximación de este país a Occidente, pero el realismo invita a cuestionar que este acercamiento vaya a ser productivo, al menos a corto y medio plazo, a pesar de que sería muy provechoso para ambas partes.
El ministro de Exteriores iraní, Javad Zarif, insistió anoche en que las relaciones con Estados Unidos en otros ámbitos no van a cambiar, y fue bastante explícito al respecto. “Esto ha sido un intento para resolver la cuestión nuclear (…) Tenemos serias diferencias (…) En el pasado hemos levantado una desconfianza mutua”.

Esta desconfianza difícilmente desaparecerá. Para ello es necesario que Estados Unidos defienda sus propios intereses –y los intereses de Occidente– en la región, y no los intereses de Israel y Arabia Saudí, especialmente de los israelíes, que chocan frontalmente con los de Occidente pero, en cambio, son dominantes en los corredores de Washington.

Fuera de sus fronteras, Teherán lleva a cabo una política inequívoca de defensa de los chiíes, que son la minoría que más ha sufrido, y durante mucho tiempo, los excesos de los suníes. Es claramente la política más progresista de la zona, no solo en el caso de Irak, sino también en Yemen, Siria, Líbano y Bahrein. Basta compararla con lo que los chiíes tienen enfrente en cada uno de esos países para darse cuenta de esta afirmación.

El enemigo declarado de Irán es el eje israelo-saudí, que es el que más ha luchado contra el acuerdo de Lausana. El caso de Yemen, de rabiosa actualidad, puede servir de paradigma: los saudíes han optado por la intervención militar creando una coalición suní a su medida, y el primer ministro Benjamín Netanyahu ya ha expresado su apoyo a esa coalición en más de una ocasión.



Es notable observar que mientras los saudíes bombardeaban a los huthis en Yemen el 26 de marzo, Israel atacaba posiciones del ejército sirio en Homs

Es notable observar que mientras los saudíes iniciaban los bombardeos contra los huthis en Yemen el 26 de marzo, Israel bombardeaba posiciones del ejército sirio en la lejana ciudad de Homs; y Jordania, otro aliado de Israel y Arabia Saudí, acaba de entregar el puesto fronterizo con Siria nada menos que al Estado Islámico, que además ha puesto un pie firme en el área de Damasco tomando lo que queda del campo de refugiados palestinos de Yarmuk.

Guerra mediática

Pero Teherán no solo tiene que hacer frente al eje saudí-israelí en varios de los frentes abiertos sino que también debe luchar contra la guerra mediática que se le ha declarado en Europa, además de Estados Unidos, donde lleva la voz cantante Francia, un país que está haciendo su agosto vendiendo armas a porrillo a los países suníes, con contratos suculentos que los saudíes financian con sus petrodólares.

Los franceses no van a modificar las incendiarias declaraciones contra Teherán y Damasco por la cuenta que les trae, que no es pequeña, y esto va a constituir seguramente un obstáculo insalvable para la república islámica puesto que impedirá una normalización de las relaciones con Europa, al menos una normalización amplia.

Teherán es consciente de que es un acuerdo aislado, sin repercusiones en otros frentes

Teherán es consciente de que el acuerdo marco de ayer es, por el momento, un acuerdo aislado, que no tendrá repercusiones en otros frentes. En el contexto actual, cada problema es distinto y tiene soluciones distintas, y lo acordado en Lausana es algo puntual.

Veinte años de "amenaza" nuclear

Han transcurrido más de veinte años desde que el entonces prometedor político Benjamín Netanyahu advirtió de la inminencia de la bomba atómica iraní. Primero decía que dentro de cinco años Teherán tendría la bomba, luego pasó a decir que dentro de tres años, y luego dijo que era una cuestión de pocos meses.

Por supuesto, todo eso no ha sido más que un engaño que se ha plasmado en innumerables titulares periodísticos, una pantalla que ha tenido ocupado a Occidente y ha permitido que la ocupación de los territorios palestinos se haya consolidado hasta un punto que parece irreversible, mientras europeos y americanos miraban para otro lado.

Los doce años de negociaciones intermitentes con Teherán por el programa nuclear han sido los que más ha aprovechado Israel para expandir sus colonias. Es evidente que solamente una intervención enérgica de Occidente puede cambiar la dirección inequívoca de Israel, pero desgraciadamente Occidente no está por la labor.

Obama ha contado con la firme oposición de Israel y sus aliados, que no permitirán que Irán se incorpore al concierto de las naciones

De la misma manera que ha estado minando las relaciones con Irán por todos los medios que ha podido, no hay duda de que Israel no va a cambiar sus objetivos a causa del acuerdo marco de Lausana, y para ello cuenta con el apoyo incondicional de los republicanos y de buena parte de los demócratas estadounidenses.

A Barack Obama le quedan menos de dos años en la Casa Blanca. Sus acciones durante los pasados seis años con respecto a Oriente Próximo han sido una continuación de la ideología visionaria que fijaron los neoconservadores aliados de Israel, pero también cristianos de naturaleza extremadamente reaccionaria.
En los menos de dos años que le quedan, Obama no parece que vaya a cambiar su política, si bien los parámetros logrados en Lausana constituyen una aproximación a una política más pragmática y realista. Pero no se ha de olvidar que Obama ha contado con la firme oposición de Israel y sus aliados, y que estos no permitirán que la república islámica se incorpore al concierto de las naciones.

A lo más que puede aspirar Irán en estas condiciones es a acuerdos puntuales con Estados Unidos, en algunos casos, o a acuerdos tácitos, en otros casos, como por ejemplo el que les ha puesto del mismo lado en la lucha contra el Estado Islámico en Irak y que ya ha empezado a dar resultados positivos.