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Los islamistas tunecinos buscan consenso político

El partido Ennahda propone un presidente interino de otra formación

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'La democracia es así'. Farida, una tunecina de unos 50 años, resumía ayer con gesto contrito el sentimiento de muchos de sus conciudadanos que, sin estar contentos con la contundente victoria de los islamistas de Ennahda (Renacimiento) en las elecciones constituyentes, aceptan el resultado con un civismo que les honra. No por ello dejan de temer que el partido de raíz religiosa se quite al llegar al poder lo que creen que es sólo una careta de moderación.

Los datos oficiales parciales ofrecidos ayer por la Instancia Superior Independiente para las Elecciones (ISIE) confirman que el movimiento islamista se ha impuesto en las diez provincias en las que ya se han contado los votos, alcanzando alrededor del 40% de apoyo.

'Queremos tender la mano a todos los partidos', dice un dirigente islamista

Al cierre de esta edición quedaban por difundir los resultados de la capital, importantes pero que por sí solos no pueden cambiar el veredicto de las urnas. Queda por ver cómo se traducirán estos porcentajes en escaños en la Asamblea Constituyente, pues el sistema electoral aplicado el domingo, proporcional de resto mayor, tiende a penalizar a los partidos mayoritarios.

Entre los emigrantes tunecinos que viven en el extranjero, Ennahda ha arrasado. Ha superado el 50% de los votos, algo que ayer se reflejó con cierta ironía en internet y en las redes sociales, cuyo papel fue clave en la revolución que forzó la caída de Ben Alí en enero.

En un comentario en un blog, una joven tunecina les deseaba a sus compatriotas que viven en Francia y que han votado por Ennahda, 'un futuro gobierno de Marine Le Pen'.

Como ganadores de las elecciones, se reservarán el puesto de primer ministro

El programa de Ennahda no es ni de lejos tan radical como el de Le Pen, pero los islamistas no se engañan sobre la impresión que dan. Sabedores del temor que despiertan en un sector importante de la sociedad, sus dirigentes no se cansan de reiterar que no harán demostraciones de fuerza ni acapararán el poder en la Asamblea Constituyente.

El consenso es su objetivo, explicó ayer a este diario Samir Hallachi, de la formación islamista, y para ello ayer mismo empezaron los contactos políticos con vistas a futuros pactos.

'Tenemos la intención de tender la mano a todos los partidos políticos sin excluir a nadie; nuestro deseo es que todas las formaciones participen [en el nuevo Gobierno interino que será elegido por la Constituyente]', recalcó el dirigente de Ennahda.

Los partidos que parecen más dispuestos a trabar alianzas con los islamistas son el laico de centroizquierda Congreso por la República (CPR), cuyo líder Moncef Marzouki no lo descartó en conversación con Público, y también el socialdemócrata Ettakatol, o Frente Democrático por el Trabajo y las Libertades (FDTL). Estas dos formaciones, según los datos parciales oficiales, quedaron segunda y tercera respectivamente en los comicios.

El líder de Ettakatol, el médico Mustafá ben Yafar, es un personaje respetado al que su dimisión del primer Gobierno de transición pos-Ben Alí a causa de la presencia de colaboradores del dictador, le dio crédito popular.

Los islamistas, como confirmó ayer a Efe Tarek ben Ahmed, ya han 'iniciado conversaciones' con él para que sea el próximo presidente interino del país.

Para el politólogo Rheda Tlili, 'Ben Yafar, un hombre de consenso que tiene buena imagen, en el cargo de presidente de la República garantizaría un diseño de transición aceptable'.

Ennahda se reservará seguramente el puesto de primer ministro del nuevo Gobierno interino y el de presidente de la Asamblea. Este cargo, que corresponderá en principio al secretario general de los islamistas, Hamadi Jebeli, tendrá 'más poder que el jefe del Estado, pues controlará el funcionamiento y las reglas de la Cámara', subrayó el profesor Tlili.

En Túnez se considera que este reparto de poder es visto con buenos ojos por Estados Unidos y Francia, sobre todo porque los islamistas, hábiles comunicadores, se han cuidado muy mucho de cultivar sus relaciones con Washington y las cancillerías occidentales.

En mayo, el secretario general de la formación viajó a la capital norteamericana invitado por el Centro para el Estudio del Islam y la Democracia. Una visita que según la prensa tunecina aprovechó para entrevistarse con senadores como John McCain y con el equipo del también senador John Kerry.

Jebeli se reunió a su vez con Margaret Nardi, directora de la oficina de Asuntos Magrebíes del Departamento de Estado. El discurso de Ennahda, conciliador hacia Occidente, y su declarada admiración hacia el islamismo turco del AKP del primer ministro, Tayyip Erdogan, no parecen desagradar en Washington.

Si, además, Ennahda pacta con partidos progresistas y coloca a un candidato de consenso en la presidencia del país, esto podría garantizarles el aval del Gobierno de Barack Obama, que ya ha alabado calurosamente las elecciones del domingo en Túnez.