Publicado: 19.07.2014 17:04 |Actualizado: 19.07.2014 17:04

"Israel busca borrar el pueblo palestino"

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La gente llora y grita. Personas de todas las edades, mujeres, hombres y niños se arremolinan alrededor de las ambulancias de la Media Luna Roja cada vez que entran en el hospital a toda velocidad y frenan ante el ancho portón de Urgencias. Los paramédicos abren la portezuela trasera y sin aguardar un instante colocan al enfermo en una camilla antes de desaparecer ligeros hacia el interior del centro, mientras la gente llora, grita y mira desconsolada al herido o a la herida de turno.

El pequeño hospital Kamal Odwán es el que recibe a más heridos del norte, donde hay otros dos hospitales que funcionan como centros de referencia para la zona, donde se hace la primera evaluación de los heridos y se decide si se les atiende aquí, en Yabaliya, o se derivan a Al Shifa, en la ciudad de Gaza, que es el mayor hospital de la Franja y el que cuenta con más recursos.

Las ambulancias llegan cada dos o tres minutos, a veces antes de que transcurra un solo minuto, con gente ensangrentada, en los pies, en la cabeza o en torso. La mayoría son niños o mujeres, algunos han perdido el conocimiento y en ciertos casos están muertos. De fondo se oye permanentemente la música de las bombas que caen una detrás de otra un poco más al norte del hospital, en Beit Lahiya y en Beit Hanún.

La mayoría de los heridos del hospital Kamal Odwán provienen de la zona de Beit Lahiya, que está justo al norte de Yabaliya, y de Beit Hanún, las que más bombardeos están sufriendo desde hace unos días. Los soldados invadieron parcialmente esta región el jueves por la noche pero esta mañana ya no están allí, se han retirado hasta justo la frontera entre Beit Hanún e Israel. Los militares siguen dentro de la Franja pero solamente unos cientos de metros, según cuentan los testigos que llegan al hospital.

"Ha sido como una película de terror. Estábamos en casa y un misil ha explotado en el patio. En la casa vivimos cuatro familias, más de 35 personas, la mayoría niños. Por suerte solo hay un herido, mi hermano, de 24 años", comenta lloroso Ahmad Rahel, de 35 años, que aguarda en una pequeña sala a que los médicos le informen del estado de su hermano.

"Estoy seguro de que Israel nos ha querido castigar. Ayer ya dispararon un misil junto a la casa para que nos fuéramos pero decidimos quedarnos. Ha sido una especie de venganza", comenta. "En Beit Lahiya todavía quedan muchas familias que no se han marchado pese a las amenazas de Israel", añade Rahel.

Frente a la morgue se apiñan decenas de personas, en su mayoría muchachos y niños, pero también mujeres de cierta edad. Un grupo de policías vigila la puerta para impedir que entre la muchedumbre y permitir que se pueda trabajar en el interior, de donde salen los cadáveres envueltos en sus correspondientes mortajas, una especie de sacos blancos que enfundan los cuerpos y que están atados justo por encima de la cabeza.

De tanto en tanto se abre la puerta de la morgue y se sacan los cuerpos sin vida en volandas, sobre unas parihuelas. A veces son cuerpos diminutos dentro de sudarios pequeños. Quienes aguardan se sienten aguijoneados por la proximidad de la muerte y tratan de ayudar a transportar las angarillas en medio de una gran confusión. Alguien grita "¡takbir!" y la multitud replica inmediatamente al unísono "¡Allahu akbar!", ‘¡Dios es grande!'. Las consignas se repiten varias veces y pronto se improvisa un cortejo que acompaña a pie al finado desde la morgue hasta el cementerio.

El doctor Yiaad Abu Saher, director del departamento de emergencias va de un lado a otro, de una sala a otra, mientras varios policías tratan en vano de desalojar a los familiares de los heridos y a los curiosos que han traspasado los filtros de seguridad, lo que no es muy difícil puesto que la policía se ve impotente para controlar a la muchedumbre.

"No tenemos material, no tenemos instrumentos, no estamos preparados para esta avalancha. El ingreso de heridos nos ha desbordado. En el hospital hay un centenar de camas pero el problema es que, en muchos casos, los heridos necesitan un tratamiento rápido que no siempre les podemos dar. Sobre todo porque nos falta material desechable, jeringuillas y ese tipo de cosas, es lo que más necesitamos", explica el doctor Saher.

"De lo que vemos estos días lo peor es lo de los niños. Anoche murieron tres de 3, 11 y 13 años de la familia Abu Salam. Hoy han entrado varios niños más muertos, uno de cuatro años y otro de apenas unos meses", comenta.

Mientras hablamos llega con claridad el sonido de bombas y de explosiones que algunas veces se traducen en heridos y muertos. En la vecina Beit Hanún a media mañana han muerto cinco miembros de una misma familia, incluida la madre y dos niños de 2 y 6 años. La aviación y la artillería castigan sin descanso toda la región del norte. El número de niños muertos desde el 8 de julio es de al menos 73.

El pediatra Said Salah, director del hospital Kamal Odwán, como todos sus colegas, está desbordado. "El 85% de los heridos que ingresan son civiles. Basta ver cómo llegan las ambulancias y a quienes transportan para darse cuenta de que quienes más sufren son las mujeres y los niños que están en sus casas o en la calle", dice Salah. "Proporcionalmente, en esta guerra hay más víctimas civiles que en la invasión de 2009" añade.

"Si se me permitiera dirigirme a la comunidad internacional, le recordaría que los palestinos estamos bajo la ocupación, que quienes más sufren son los civiles, que nuestras víctimas son civiles, que no tenemos ejército ni aviones de guerra ni tanques para defendernos, como los israelíes, y que estamos sufriendo una venganza de Israel porque el objetivo de la ocupación es borrar el pueblo palestino", dice Salah.