Publicado: 25.07.2014 23:30 |Actualizado: 25.07.2014 23:30

Israel exprime a su menguado grupo de informantes en Gaza

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Israel cuenta con un ejército de colaboracionistas imprescindibles para localizar objetivos para los aviones de guerra israelíes y para identificar en tiempo real la ubicación de líderes de las milicias y de responsables de las organizaciones políticas palestinas que controlan la Franja de Gaza.

Sin embargo, ese ejército de quintacolumnistas no ha tenido éxito durante la operación Margen Defensivo. Hoy mismo se ha anunciado la muerte de un líder de la Yihad Islámica en Jan Yunis, que ha muerto junto con sus tres hijos menores, pero ha sido un anuncio raro, infrecuente en las últimas semanas, debido a que las milicias y las organizaciones políticas han adoptado una serie de precauciones estrictas para eludir la vigilancia de los colaboracionistas.

La historia de K. estará marcada de por vida por un incidente que ocurrió cinco años atrás. K. estaba enrolado en las Brigadas al Quds de la Yihad Islámica. Un buen día recibió una llamada telefónica de una persona que estaba al tanto de las dificultades que atravesaba su familia y que se ofrecía a ayudarle económicamente.

Unos días después K. recibió una segunda llamada en la que se le pedía información sobre la Yihad Islámica y se le comunicaba que junto a una cisterna de la mezquita que frecuentaba había una pequeña ayuda. K. fue al lugar indicado y halló 600 shekels (120 euros).

Tras la segunda llamada, K. sintió remordimientos y reveló lo que había ocurrido a su superior en las Brigadas al Quds. Al día siguiente K. recibió otra llamada anónima en la que se le dijo: "Ayer estuviste con tu superior en las Brigadas al Quds, y le dijiste esto y esto". K. se quedó de piedra y pronto se expandió la noticia de que era un colaboracionista.

Fue juzgado y condenado a siete años de prisión. Pasó cuatro años en la cárcel y fue liberado por buena conducta. En prisión se enteró de que su jefe en las Brigadas al Quds fue detenido y condenado a una larga pena de cárcel por colaborar con Israel. Durante la investigación afloró que su jefe era quien había informado a Israel de las dificultades económicas que atravesaba K. y quien comunicó inmediatamente a Israel lo que K. le había dicho confidencialmente.

Un joven de 27 años de ojos claros y nariz aguileña, K. está casado y tiene cuatro hijos. Se considera rehabilitado aunque muchos de sus conocidos se niegan a saludarle. Para evitar problemas con sus vecinos, reza en su casa y no en la mezquita. Reside en Shuyaiya pero ahora vive con 26 miembros de su familia en un pequeño garaje de la ciudad de Gaza adonde ha llegado huyendo de las bombas.

Según el diario Al Quds de Jerusalén, en los diez primeros días de la operación Margen Defensivo, que comenzó el 8 de julio, Hamás ejecutó a cuatro colaboracionistas y detuvo a 13. La mayor parte de los detenidos están acusados de "diseminar rumores para crear pánico" entre la población de Gaza.

K. tiene suerte de que en la actualidad exista la Agencia Nacional para el Cuidado de las Familias (ANCF), una ONG exclusivamente palestina que asiste a los excolaboracionistas de cuatro maneras distintas: ayudándoles a acabar con el estigma que pesa sobre ellos y sus familias, rehabilitándoles psicológicamente, encontrándoles un empleo para que tengan ingresos y solucionándoles los problemas sociales que acarrea su pasado.

Fundada hace ahora un año, la ANCF cuenta con informes de 144 excolaboracionistas y se financia con la ayuda de las distintas facciones palestinas, de hombres de negocios y a través de contratos indirectos del gobierno palestino.

"Una buena parte de los colaboracionistas son miembros de Al Fatá (la organización del presidente Mahmud Abás) que informan telefónicamente a responsables de Fatah en Ramala y éstos informan a Israel", explica H., empleado de la ANF. "Muchos de ellos ni siquiera saben que están colaborando con Israel a través de Al Fatá".

A partir de 2012 Hamás inició una campaña dirigida a los colaboracionistas, a quienes prometió perdonarles sin ponían fin a sus actividades. Además se les garantizó que no se harían públicos sus nombres. No hay cifras exactas de cuántos aceptaron esta oferta pero se estima que al menos decenas de colaboracionistas se han acogido a la campaña en los últimos dos años.

En los momentos de conflicto, la tarea de los colaboracionistas es más urgente para Israel. En Hamás lo saben y desde el inicio de la operación Margen Defensivo un número elevado de sospechosos han sido obligados a permanecer en sus casas y no salir a la calle.

A los acusados de colaboracionismo se les juzga y cuando se demuestra que han participado en el asesinato de algún palestino se les condena a muerte y se les ejecuta mediante un pelotón de fusilamiento o la horca. Los restantes colaboracionistas son condenados a penas de prisión más o menos largas, en función de su culpa.

También hay mujeres colaboracionistas. Dos de ellas fueron detenidas recientemente en Jan Yunis, al sur de Gaza. Estas dos mujeres simulaban buscar un piso de alquiler e invariablemente preguntaban si la zona era segura y no peligrosa, es decir si no vivían cerca dirigentes de las organizaciones políticas palestinas o de las milicias. De esta manera, localizaban para Israel los domicilios de líderes palestinos.

"La mayoría de los colaboracionistas residen en las zonas más cercanas a Israel", cuenta el empleado de la ANCF. "En un caso se descubrió a un colaboracionista que circulaba en su coche por toda la Franja con una cámara diminuta colocada en un paquete de Kleenex que llevaba en el salpicadero".

"Según nuestros cálculos", dice H., "las compensaciones que reciben los colaboracionistas son muy magras. La media representa unos 3 ó 4 dólares al día. Es gente muy pobre a la que una vez han enganchado les amenazan con 'quemarlos' si no siguen colaborando".