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Israel logra hacer inviable el Estado palestino que pidió la ONU

La proliferación de asentamientos y el enorme poder de los colonos minan el sueño de una patria palestina

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Issa se ha sentado en una silla de plástico blanco en el patio de una casa que está en la ladera de una colina que da sobre la calle de los Mártires, en el centro de Hebrón. Se contempla desde el balcón un hermoso panorama, pero apenas unos pocos metros más abajo hay cientos de colonos israelíes protegidos por el Ejército. La céntrica calle de los Mártires está cerrada a los palestinos y esta misma semana el Ayuntamiento de Hebrón ha cambiado su nombre por el de calle del Apartheid.

'Estoy contento de que finalmente vayamos a la ONU. No sé lo que saldrá, pero si conseguimos el estatuto de Estado observador' será necesario que sigamos trabajando', comenta Issa, de 31 años, que antes militó en Fatah y que ahora se considera a sí mismo un activista independiente más que consagra su tiempo libre a la causa palestina.

Como Issa hay cientos de pacifistas en Cisjordania que en los últimos años han dejado de lado la violencia. Creen en las protestas no violentas y ven en la petición a la ONU para crear un Estado palestino en las fronteras de 1967 una 'acción no violenta' más, justamente lo que los palestinos tienen que hacer de manera permanente. De hecho, hay varias ONG occidentales que se han desplazado a Cisjordania y actúan informando y adiestrando a los pacifistas locales en la lucha no violenta.

'De ninguna manera pretendemos atacar a los colonos en los próximos días. Los ataques pertenecen a otra época, aunque al día de hoy todavía hay 29 controles militares en Hebrón. Creo que en lugar de ataques veremos manifestaciones pacíficas coincidiendo con la petición palestina a la ONU, y que en su conjunto todo se parecerá más a la Primavera Árabe que a la segunda intifada', comenta Issa.

El presidente Abás es un firme partidario dela no violencia

El activista piensa que lo que deben hacer los palestinos es motivarse entre sí para pasar a la acción. 'No es posible que todavía en estos días los soldados que te cruzas por las calles de Hebrón te digan Ani ha-joq', es decir 'yo soy la ley'. 'Sí, estamos preparando manifestaciones, pero sin violencia', confirma.

La de la no violencia es una política que ha introducido el presidente palestino, Mah-mud Abás. Abás cree a pies juntillas que todavía es posible que Israel evacue los territorios ocupados con la presión pacífica, algo que su antecesor, Yaser Arafat, descartó en septiembre de 2000, cuando estalló la segunda intifada.

Los 29 controles que los militares han establecido en Hebrón son sólo una pequeña fracción de los que hay en toda Cisjordania, hasta 573, según las Naciones Unidas. En teoría, los controles podrían de-saparecer de un día para otro, pero la realidad indica otra cosa. Están donde están para proteger a más de 300.000 colonos, sin contar los 200.000 de Jerusalén, y para hacer la vida imposible a la población palestina.

La inviabilidad de un Estado palestino en Cisjordania, con Jerusalén como capital, es manifiesta desde hace muchos años. De hecho, el Gobierno israelí ni siquiera manda en grandes sectores de Cisjordania. Son los colonos los que imponen su ley, así como militares que cada vez en mayor porcentaje son también colonos.

Ya en 1988, en el primer año de la primera intifada, el general Yeshaiyahu Erez, que era responsable de la llamada Administración Civil de los territorios ocupados, que en realidad era una administración militar, admitió públicamente que no había ley en Cisjordania, y que él mismo no tenía capacidad ni poder para hacerla cumplir.

'Sea este año o al otro, habrá un Estado palestino', dice Fayez Saqa

Los asentamientos están ahí para permanecer y sólo un giro inesperado y profundo puede modificar esta decisión política israelí y erradicar aunque sólo sea una parte de ellos. En Cisjordania hay 120 colonias judías y en Jerusalén Este hay otras 12. Y en ellas se construye a diario.

El jueves, el diario Al Hayat recogía unas declaraciones en las que el primer ministro turco, Tayyip Erdogan, decía que el presidente de Israel, Shimon Peres, recientemente le ofreció a él que participara en la construcción de las colonias israelíes en Cisjordania. Unas palabras que no tienen desperdicio, y eso que a Shimon Peres en Occidente se le considera el principal pacifista israelí.

Volviendo a Hebrón, en una de las casas con habitantes judíos que Issa ve desde el balcón, vive el rabino Moshe Levinger, que ahora está inválido, postrado en una silla de ruedas, pero que tras la guerra de 1967 fue muy activo en el regreso de los judíos a Hebrón y en la consiguiente expulsión de los palestinos del centro de la ciudad antigua.

Para los colonos, los años inmediatamente posteriores a 1967 constituyen una época mítica y legendaria. Entonces contaron con el apoyo explícito del partido laborista y de la derecha.

El general Moshe Dayan tuvo que recordar a los contrarios a la repoblación judía de Cisjordania que las cuestiones morales no tenían cabida. 'Ben Gurion dijo que cualquiera que pretende aproximarse moralmente al sionismo no es un sionista', manifestó Dayan.

'Si no es este año, será el año que viene, y si no dentro de 60 años, pero al final habrá un Estado palestino', comenta con entusiasmo Fayez Saqa, un alto funcionario de la OLP que reside en Belén. Y advierte que 'la situación puede empeorar y conducir a la desestabilización de la región si no se resuelve pronto este problema'. 'Israel es el único país del mundo que se ha creado mediante una resolución de la ONU, y debe acatar la legalidad internacional y retirarse. Todavía es posible la creación de un Estado palestino', apostilla.