Publicado: 09.06.2014 07:00 |Actualizado: 09.06.2014 07:00

Israel persigue a los beduinos de Betania

Publicidad
Media: 0
Votos: 0
Comentarios:

La mayor parte de la ladera es árida y pedregosa. El talud desciende en fuertes rampas desde la vertiente oriental del monte de los Olivos hasta morir en el mar Muerto, la depresión más profunda del planeta. Jerusalén está a solo dos kilómetros pero no se ve desde Azzariya, la antigua Betania que se cita en el nuevo testamento y que en arameo significa casa de la pobreza.

En este territorio hostil viven los remanentes de la tribu Yahalin, que fue expulsada por el ejército israelí de la zona donde residía en el desierto del Neguev en 1950, dos años después del establecimiento del estado judío. Como a tantos otros beduinos, se les prometió que la expulsión sería temporal y que pronto podrían regresar a sus tierras, pero 64 años después siguen en Betania, de donde ahora se les quiere volver a expulsar.

Aunque Betania es parte de Cisjordania, las autoridades de ocupación han mostrado mucho apetito por esta zona en los últimos años. Primero porque está cerca de Jerusalén, y segundo porque tiene una situación estratégica entre Jerusalén y el gran asentamiento judío de Maale Adumim. Además, limita con la llamada Zona E-1, que Israel ha expropiado a los palestinos y está en proceso de planificación para llenarla de colonos.

Atala Yahalin nació en Betania en 1974 y es uno de los activistas beduinos que luchan contra la expulsión de su tribu, aunque esta avanza cada vez más rápidamente. En las últimas semanas los israelíes han destruido más de una docena de estructuras que hacen las veces de vivienda, y ahora amenazan con destruir otras 18 estructuras.

"Los soldados vienen acompañados por los colonos y juntos se llevan nuestras caravanas y desmantelan nuestras casas y las jaimas", dice Yahalin. Muchas de esas estructuras se han levantado con ayuda de la Unión Europea, y la bandera europea todavía puede observarse en algunas puertas. Sin embargo, los europeos permanecen con los brazos cruzados y no hacen nada para impedir la destrucción.

"Los israelíes dicen que quieren mejorar nuestro nivel de vida, pero lo que realmente hacen es acabar con nuestras casas y crearnos problemas. No podemos fiarnos de los mismos que nos echaron del desierto del Neguev en 1950. No podemos fiarnos de los mismos que siguen expulsando a los beduinos de sus tierras en Israel y en los territorios ocupados", explica Yahalin.

"Hemos nacido aquí y queremos preservar nuestro modo de vida; eso es todo. Estamos decididos a vivir aquí y a reconstruir nuestras casas tantas veces como las destruya Israel", recalca Yahalin. Sin embargo, el ejército y los colonos, y el estado de Israel en su conjunto, trabajan continuamente para expulsarlos, no sólo de Betania, sino de otros muchos lugares de los territorios ocupados y del interior de Israel.

La primera demolición de una casa beduina en Betania ocurrió en marzo de este año. Fue la de Suleyman Kayed, de unos cincuenta años, conocido como Abu Gassan, quien se quedó ciego en los años ochenta pero todavía recuerda cómo era la geografía del lugar antes de que Israel construyera el asentamiento de Maale Adumim y antes de que en 2004 construyera el muro de Cisjordania.

Desde Betania se ve perfectamente Maale Adumim, el gran asentamiento judío que se fundó en 1975, ocho años después de la ocupación de Cisjordania, para 37 colonos. Hoy viven allí 37.000 colonos, y su número sigue creciendo, disfrutando de todas las comodidades de una gran urbe, incluida el agua corriente y la electricidad, que se les niega a los beduinos de la vecina Betania.

Mientras la construcción israelí en los territorios ocupados se acelera, también se aceleran las expropiaciones de tierra. En la zona de Betania las expropiaciones son moneda corriente y los palestinos piensan que el objetivo final no es solo llenarla de colonos sino también interrumpir el contacto físico entre el norte y el sur de Cisjordania.

La vida cotidiana de las 41 familias de la tribu Yahalin que viven en Betania (unas 300 personas en total) es un infierno debido al hostigamiento permanente de colonos y soldados, y no existe ninguna manera humana de pararlo, como ha ocurrido en otras zonas, a menos que la comunidad internacional intervenga enérgicamente, algo que no ha ocurrido nunca y no parece que vaya a ocurrir.

"Se trata de una limpieza étnica sin otros calificativos", comenta Saeb Erekat, el jefe negociador palestino, que se ha acercado a Betania para expresar su apoyo a los beduinos. "Vamos a recurrir a los tribunales internacionales. No podemos continuar protestando simplemente, como hasta ahora", advierte. Pero aunque Erekat habla con firmeza, la dirección palestina no se atreve a emprender una acción política más seria por temor a las represalias de Israel y Estados Unidos.

"Necesitamos las cosas normales a las que tiene derecho cualquier familia, como nuestras casas, una escuela, acceso al agua y a la electricidad, y queremos que el ejército y los colonos no bloqueen la entrada y la salida a nuestro poblado. No queremos vivir en una situación de miedo continuo", dice Yahalin.

La principal fuente de ingresos de los beduinos de Betania es el pastoreo, pero desde la ocupación de Cisjordania en 1967 los israelíes han ido expropiando más y más tierras de la comarca de manera que en la actualidad los beduinos apenas disponen de campos útiles y muchas familias han dejado de pastorear.

En febrero de 2014, solo un mes antes de que Israel iniciara las demoliciones, la Unión Europea financió las caravanas que los beduinos de Betania usan ahora para vivir. Cada caravana incluye un aseo, una cocina y una zona residencial con ventanas, pero fue justo esta iniciativa la que propició las recientes demoliciones.

La comunidad internacional nunca ha reconocido la soberanía israelí sobre los territorios ocupados, pero como los palestinos, los organismos internacionales y los países europeos parecen temer un enfrentamiento directo con Israel y Estados Unidos, de manera que aunque es cierto que en este caso los europeos ayudan modestamente a los beduinos de Betania, también es cierto que los estadistas evitan cualquier fricción con el estado judío.