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"Israel está repitiendo el holocausto con nosotros"

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Hace más de una semana que Hadil Almajdalawi no duerme una noche del tirón. En la franja de Gaza, sus padres y sus dos hermanos intentan seguir con vida un día más. Algo nada fácil en esos 385 kilómetros cuadrados donde Israel, con la ayuda de Egipto y del Mar Mediterráneo, mantiene prisioneros y aterrorizados a más de un millón y medio de palestinos.

En el Centro Internacional de Prensa de Madrid, Almajdalawi relata a Público cómo es la vida bajo las bombas y también cómo se vive cuando en cualquier momento puede llegar la peor de las noticias. Lo hace en un español fluido, como el de alguien que lleva cinco años viviendo en España. Aunque lo habla mejor Yaira, su hija, que dice tener cinco años mientras espera jugando con un matasellos a que su madre conceda entrevistas.

Es lo único que pueden hacer desde aquí: informar de la tragedia e intentar que, al otro lado del teléfono, les tranquilice una voz familiar en esas dos o tres horas diarias en las que Gaza tiene electricidad, afirma esta palestina de 30 años que no utiliza velo. Estudiaba en la universidad de Gaza, donde conoció a su actual marido, con el que se trasladó a Madrid hace un lustro. "Ese tiempo de electricidad no es suficiente ni siquiera para que puedan cargar al completo la batería del móvil; y tampoco hay internet", lamenta. Al vivir cerca de la costa, los buques de la marina israelí han obligado a separarse a sus padres y a sus hermanos, que "se han repartido entre casas de familiares y de amigos, así que un día puedo hablar con mi hermano y otro día con mi madre".

"Es algo horrible. Te levantas por la mañana y lo primero que haces es coger el móvil para ver las ultimas noticias de ellos". Explica que la zona donde ahora están sus familiares es "un poquito más segura", entrecomillando con los dedos la última palabra porque "la Franja es tan diminuta que no tienes a dónde huir. Hay zonas más tranquilas pero nunca se puede saber qué zona va a ser la siguiente", y eso la sume en un profundo estado de nervios durante todo el día. Infinitamente más a sus hermanos y a sus padres.

"La Franja es tan diminuta que no tienes a dónde huir"A Almajdalawi no le gusta el eufemismo  "operación militar israelí" para definir lo que está ocurriendo en la Palestina occidental. "Cuando se mata a 600 personas y hay 4.000 heridos en una población de un millón y medio de habitantes... es un genocidio", aclara, y tacha de "mentiras" las justificaciones del presidente israelí Benjamin Netanyahu para la enésima campaña militar en Gaza "¿De qué tiene que protegerse Israel? ¿Quién empezó todo esto?", se pregunta. "Lo primero que ocurrió fue la ocupación israelí. Y cuando hay una ocupación la gente tiene que defender su tierra y a su familia. Los que han buscado siempre la guerra y la sangre han sido los israelíes, los sionistas", zanja.

Tampoco acepta que el Ejército hebreo culpe de las bajas civiles a Hamás asegurando que utiliza a la población como "escudo humano". "La gente que ha muerto estaba en su propia casa. Lo que han hecho en el barrio Shiyaía, por ejemplo, ha sido un genocidio contra gente inocente que no ha hecho nada. Israel siempre miente para justificar sus crímenes, pero creo que el mundo ya los conoce. Ahora hay muchas cosas que se ven en Internet;  los niños muriendo y las familias desplazadas se ven en todo el mundo", asegura.

"Los que han buscado siempre la guerra y la sangre han sido los israelíes, los sionistas"Si algo tiene claro es que nadie puede escapar o refugiarse de un bombardeo en la Franja. Los aviones israelíes han descargado sus municiones sobre las casas de dirigentes de Hamás, pero tampoco les ha temblado el pulso para hacerlo sobre hospitales y escuelas de la ONU. "A veces avisan antes de un bombardeo con pequeños proyectiles, que también causan muertes. Te dan cinco minutos para sacar a la gente del edificio pero no da tiempo, y luego destruyen toda la casa. Pero muchas veces ni siquiera avisan y lo derrumban con todos los que estén dentro. No puedes escapar de ninguna forma. Lo único que puedes hacer es llamar por teléfono a familiares y a amigos y preguntar si su casa está en ese momento más o menos segura, pero sabes que al día siguiente tendrás que buscar otro sitio en el que esconderte", explica.

Hadil sabe perfectamente lo que es vivir con "un miedo constante". Durante los ataques Israelíes, cuando vivía en la ciudad de Gaza con su familia, dormían en la cocina. "Era el lugar más seguro de la casa (vuelve a entrecomillar "seguro"), pero hay que dejar las ventanas abiertas para que cuando se rompan los cristales no caigan encima de ti". Dormir se hace imposible entre el ruido de la bombas, las luces y "los gritos y llantos de todo el mundo a tu alrededor", añade. Recuerda que durante uno de los ataques nocturnos que presenció, su vecina creyó reconocer a su hijo entre los muertos en la calle. "Llevaba la misma camiseta que él y se pasó todo la noche llorando y gritando. Imagina pasar una noche con tanto miedo, nervios y explosiones. No se puede vivir en esa situación".

"Te dan cinco minutos para sacar a la gente del edificio, pero no da tiempo, y luego destruyen toda la casa"

Sólo le queda esperar a que la operación Margen Protector, que ya se ha cobrado más de 650 vidas y miles de heridos, termine cuanto antes. Aunque no confía demasiado en la diplomacia ni en las medidas de la Comunidad Internacional, cuya respuesta "ha sido y está siendo muy poco seria", critica.

Tampoco puede olvidar la doble moral del mundo y, sobre todo, la judía. Le irrita que se conmemore tanto el holocausto cuando Gaza no se diferencia tanto de la Varsovia ocupada por los nazis. Hay superpoblación, no les dejan salir, no llegan apenas alimentos ni medicinas, destruyen sus casas y, sobre todo, "Gaza es un lugar cerrado en el que están matando a la gente", remarca. Le resulta difícil de entender que negar el holocausto pueda ser delito mientras que si una diputada israelí pide públicamente que se mate a las madres palestinas no sea más que una declaración estrambótica en los medios. "Los israelíes están haciendo lo mismo con nosotros que los nazis. Y estas lágrimas que vemos en los ojos de los israelíes cuando hablan del holocausto —que no deberían ser solo lágrimas judías, sino de todos— no se vean delante de la sangre de los niños palestinos, eso, de verdad, te da mucha rabia", lamenta.