Publicado: 29.12.2014 20:06 |Actualizado: 30.12.2014 07:00

Israel sondea la sustitución de Abás 

Las recientes amenazas del presidente Mahmud Abás de recurrir a los acuerdos y convenciones internacionales para acabar con la ocupación israelí pueden estar detrás de ciertos movimientos que se registran en los territorios palestinos desde hace algunas semanas. El personaje central de estos movimientos es Mohammed Dahlan, uno de los más estrechos colaboradores de Israel.

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El presidente palestino Mahmud Abás, en una imagen de archivo.  REUTERS

El presidente palestino Mahmud Abás, en una imagen de archivo. REUTERS

JERUSALÉN.- Hace diez días tuvo lugar una singular concentración de cientos de personas en la céntrica plaza del Soldado Desconocido, en la ciudad de Gaza. Este nutrido grupo se reunió bajo el lema “¿Hacia dónde vas, Gaza?” y lo insólito es que los concentrados eran miembros de Fatah que contaban con una fuerte protección de la policía de Hamás.

Para ser más precisos, los manifestantes eran seguidores de Mohammed Dahlan, un estrecho aliado de Israel que fue el hombre fuerte de Fatah en Gaza hasta 2007, cuando Hamás dio el golpe que le ha permitido gobernar la Franja desde entonces. Pues bien, Mohammed Dahlan, que reside en los Emiratos Árabes Unidos, ha empezado a maniobrar para suceder al presidente Mahmud Abás.

Con mano de hierro, y apoyado por Israel y Estados Unidos, Dahlan se mantuvo en el poder durante dos años gracias a una fuerte represión policial. Millares de miembros y simpatizantes de Hamás pasaron por las cárceles de Gaza hasta que finalmente Hamás lanzó la revuelta que acabó con Fatah en un abrir y cerrar de ojos. En ese momento Dahlan estaba en el extranjero y nunca ha vuelto a poner los pies en la Franja.

La concentración de hace diez días, la primera de esta naturaleza desde 2007, significa un cambio copernicano en las relaciones interpalestinas. Resulta ahora que Dahlan y Hamás están a partir un piñón, pero no porque sus objetivos políticos sean similares, pues no pueden estar más alejados, sino porque ambos están contra Abás, y como dice el adagio “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.



Dahlan estaba en el extranjero cuando Hamás lanzó la revuelta que acabó con Fatah, y nunca ha vuelto a poner los pies en la Franja

La reacción de la dirección palestina no ha tardado. Ha expulsado a un centenar de cuadros de Fatah incondicionales de Dahlan y ha interrumpido el pago de sus salarios. Estas medidas no han amilanado a los disidentes y no parece que Dahlan, con el apoyo de Israel, Estados Unidos y el presidente Abdel Fatah al Sisi, vaya a dar su brazo a torcer fácilmente.

Para empezar, Dahlan ha puesto en marcha una agresiva campañas en las redes sociales que giran en torno a lemas del tipo “Abás no me representa”, “Hay que acabar con la corrupción de Abás” o “Todos somos Dahlan”, campañas que tienen por objetivo inmediato caldear el ambiente ante las inminentes elecciones para la dirección de Fatah, y que no ocultan que su objetivo a corto o medio plazo es acabar con Abás.

Mayed Abu Shimala, un destacado partidario de Dahlan, ha acusado a Abás de ignorar la Franja de Gaza, lo que sin duda es cierto. Existen innumerables indicios de que Abás no tiene el menor interés en facilitar la reconstrucción de la Franja, arrasada por Israel en verano y sometida a un fuerte bloqueo, mientras Hamás tenga la sartén por el mango.

El relanzamiento de Dahlan coincide, y no parece una casualidad, con el empuje de la causa palestina en los foros internacionales, impulsado por Abás, y en Ramala piensan que Israel y Estados Unidos están detrás de esta operación que por ahora es solo de relaciones públicas, al menos en su aspecto visible.

No existe ningún político palestino más próximo a Israel que Dahlan. Uno de sus numerosos rivales, Yibril Rayub, declaró ya en 2003 que ningún palestino ignora que Dahlan es un agente de Israel. Dahlan mantiene excelentes relaciones con las cúpulas militar, política y de los servicios secretos hebreos, y nunca lo ha ocultado. Al contrario, ha presumido de hacerse fotos con los líderes israelíes, y entre ellos algunos de los más claramente antipalestinos, como puede ser el caso del actual ministro de Exteriores, el colono Avigdor Lieberman.

La desconfianza de Arafat hacia Dahlan es proverbial, incluso mucho mayor que la sentía por Mahmud Abás

Dahlan también ha cultivado relaciones privilegiadas con responsables estadounidenses, políticos y militares, y con dignatarios europeos. Como botón de muestra ahí están los casos de la exsecretaria de Estado Condoleezza Rice o de Miguel Ángel Moratinos.

Nacido en Jan Yunis (Gaza) hace 54 años, oriundo de una familia de refugiados expulsados de Israel, Dahlan consiguió su notoriedad en la primera intifada, cuando fue detenido y deportado. Yaser Arafat acogió calurosamente en el exilio a ese joven impetuoso y lo trató como a un niño mimado.

Las relaciones entre ambos pronto tuvieron sus más y sus menos pero Arafat nunca lo perdió de vista y le ayudó a prosperar en la dirección palestina, entre otras cosas porque Dahlan era capaz de movilizar a los jóvenes de los campos de refugiados de la Franja.
A su regreso a Gaza comienza a aproximarse a Israel y sus relaciones con Arafat se enturbian. En una ocasión el líder palestino le abofeteó en público. Dahlan se postuló entonces por primera vez como sucesor de Arafat ante israelíes y americanos.

En el año 2000 termina la luna de miel entre Arafat e Israel y estalla la segunda intifada. Dahlan maniobra y conspira con Israel y Estados Unidos –con los ideólogos neoconservadores americanos es uña y carne– de espaldas a Arafat y la relación entre ambos atraviesa los momentos más complicados, hasta el punto de que Dahlan organiza manifestaciones contra Arafat en la Franja.

La desconfianza de Arafat hacia Dahlan es proverbial, incluso mucho mayor que la sentía por Mahmud Abás. Arafat apura los acuerdos de Oslo mientras puede, y cuando ve con claridad que Israel no tiene la menor intención de abandonar los territorios ocupados, da luz verde a la segunda intifada, a la que se oponen Abás y Dahlan.

A la muerte de Arafat en 2004, Abás toma las riendas del poder y colabora estrechamente con Dahlan, a quien le da todo lo que este le pide para controlar Gaza, incluidas armas. Cuando Israel retira al ejército de la Franja en 2005, Dahlan intensifica su colaboración con Israel. Sin embargo, solo dos años después Hamás da el golpe y destituye a Dahlan.

Abás le hace responsable de la caída de Gaza y a partir de entonces Dahlan empieza a conspirar contra Abás como había conspirado contra Arafat. Más adelante da el paso de acusar a los hijos de Abás de corrupción, algo que piensan muchos palestinos, pero Abás se enfurece, lo expulsa de Fatah y lo envía a un dorado exilio.
Desde su base en los Emiratos Árabes Unidos Dahlan mantiene y estrecha sus contactos con Israel y Estados Unidos. En medios palestinos se indica que Dahlan no está exento de corrupción y ha realizado cuantiosas inversiones en el extranjero, y se asegura que Israel está detrás de la vuelta de Dahlan al primer plano de la política palestina.