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Israel y Arabia Saudí actúan como aliados para intervenir en Siria

La implicación del Estado hebreo en el conflicto sirio no es nueva. La coyuntura de la región ha puesto en el mismo bando a Tel Aviv y a numerosos países árabes

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El programa informativo de la televisión israelí difundió anoche una videoconferencia con un supuesto 'líder rebelde sirio' de la ciudad de Homs. Era un hombre de menos de cincuenta años, casi eufórico, que aparecía en la pantalla israelí a cara descubierta y se felicitaba por los bombardeos de la noche anterior en el área de Damasco. 'Han sido objetivos del ejército sirio y de Hizbola', decía sin ocultar su alegría. El hombre se despidió de la audiencia con un sonriente y sonoro 'shalom' en hebreo.

La implicación de Israel en el conflicto sirio no es nueva y el bombardeo del sábado no hace más que confirmar lo que se sabía desde hace tiempo. El mismo Canal 2 transmitió hace solo unas semanas imágenes de un alijo de armas aprehendido a los rebeldes por el ejército sirio en cuyas cajas de madera se veían los nombres, con letras de imprenta, de conocidas empresas de armas israelíes. Cabe preguntarse si entre el armamento que Israel ha enviado a los rebeldes también hay gas sarín.

Israel tiene un interés especial en romper el nexo que une Teherán con Beirut a través de Damasco

El mes pasado, la televisión siria difundió imágenes de unos aparatos electrónicos hallados en el puerto de Tartús, donde está la única base militar rusa en el Mediterráneo, que tenían impresa la firma de una conocida empresa israelí de telecomunicaciones. Aparentemente, los aparatos servían para vigilar el movimiento de naves en la costa siria.

La misma inteligencia que los cazas utilizaron el sábado para identificar los lugares que luego bombardearon requiere una presencia sobre el terreno que solamente la pueden llevar a cabo agentes infiltrados, que con toda probabilidad pueden ser sirios, libaneses o palestinos, que son las comunidades que tienen libertad de movimiento en Damasco, de la misma manera que el ejército hebreo identifica sus objetivos en la franja de Gaza por medio de palestinos colaboracionistas.

Ciertamente, el estado judío no es la única parte implicada en la guerra civil que sacude a Siria, pero Tel Aviv, donde tiene su sede el ministerio de Defensa, así como el conjunto del Gobierno que lidera Binyamin Netanyahu, tiene un interés excepcional en romper el nexo que une Teherán con Beirut a través de Damasco. Este es un asunto prioritario al que ahora más que nunca, después de más de tres décadas, se puede poner fin; e Israel no quiere desaprovechar la oportunidad.

La coyuntura de la región ha puesto del mismo lado a Israel y a numerosos países árabes que por unos motivos similares y otros distintos se han tornado en compañeros de viaje del estado judío. A la cabeza de todos ellos están Arabia Saudi y Qatar, dos estados que juegan a fondo la carta de los rebeldes, con el apoyo de Estados Unidos y Occidente en general, la misma carta que juega Israel.

En su condición de sunníes, los saudíes están espantados del empuje chií

En el sangriento conflicto que se inició en marzo de 2011 han muerto más de 70.000 sirios, creando una infinidad de exiliados y desplazados, pero esto no parece importar mucho a nadie cuando se ponen delante las ganancias geoestratégicas que se pueden obtener a cambio de tantas desgracias. Arabia Saudí trata de aprovechar sus bazas para ganar en tres frentes, el sirio, el iraní y el libanés, que casualmente son los mismos frentes que tiene Israel. En otras palabras, el 'eje del mal chií' es el enemigo que hay que aislar y destruir y los países sunníes y el estado judío lo ven de la misma manera.

No es necesario pertenecer a un centro de estudios estratégicos, institutos que en Israel proliferan al amparo del Gobierno y del Ministerio de Defensa, para observar que las relaciones israelo-saudíes atraviesan por un buen momento. Un indicio puede ser que el buque insignia de la prensa saudí internacional, Al Sharq al awsat, hace tiempo que ha dejado de publicar, casi totalmente, noticias sobre los palestinos. Es un pequeño peaje que conviene pagar para no molestar a Israel.

En su condición de sunníes, que en su caso es una condición retrógrada, los saudíes están espantados del empuje chií, no tanto por su empuje militar, como a veces se observa en Occidente, puesto que Irán no representa ningún peligro para nadie dadas las decenas de bases militares americanas que hay en la región, como por su empuje religioso.

Los saudíes no toleran la incipiente irrupción de los chiíes en zonas históricamente sunníes. Por ejemplo, en la franja de Gaza, donde apenas hay varios centenares o millares de chiíes, que antes nunca hubo en la zona, y que ahora se sienten atraídos por una doctrina más viva y contemporánea que la sunní. Cabe decir, que en Gaza Hamás no permite a los chiíes ni rechistar, y mucho menos manifestarse, y más de una vez los ha recibido a golpes y bastonazos en sus cárceles.

En el sangriento conflicto que se inició en marzo de 2011 han muerto más de 70.000 sirios

En Siria, los saudíes quieren establecer un Gobierno afín, aunque, en contra de lo que podría parecer a primera vista, no están jugando la carta de los Hermanos Musulmanes. No quieren repetir esta experiencia porque consideran que el caso egipcio de los Hermanos Musulmanes ha sido un fracaso para sus intereses. Aspiran a un islam menos comprometido y más maleable, un islam sin aspiraciones políticas, de tipo salafista, como el que se da en Arabia Saudí.

En Líbano, los saudíes se quejan de los mismo, es decir, en primer lugar de las conversiones de sunníes al chiísmo. Además, Hizbola es una grave espina que está clavada en la carne saudí, y sunní en general, de ahí que los saudíes traten de impulsar la comunidad sunní libanesa por todos los medios, especialmente a través de continuas inyecciones de capital, como Irán hace con Hizbola. También aquí el camino de Israel y Arabia Saudí es el mismo.