Publicado: 01.10.2016 10:40 |Actualizado: 01.10.2016 10:40

Así son los jóvenes colombianos del 'NO' al acuerdo con las FARC

No llegan a los 30 años, son universitarios de clase media y llevan tres semanas propugnando el NO en el plebiscito por los Acuerdos de Paz entre las FARC y el Gobierno colombiano. Subidos a un autobús recorren Medellín, uno de los bastiones del expresidente Álvaro Uribe, un lugar donde la paz se ve un poco más lejos.

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Autobús que recorre Medellín en apoyo del 'No' al plebiscito del 2 de octubre. / A. MARRA

Autobús que recorre Medellín en apoyo del 'No' al plebiscito del 2 de octubre. / A. MARRA

MEDELLÍN.— Medellín es conocida por ser la ciudad de la eterna primavera. Por ser la cuna de Pablo Escobar, y también la tierra del ex presidente Álvaro Uribe. La capital del departamento de Antioquia también es uno de los bastiones del NO al plebiscito que se vota este domingo para refrendar los Acuerdos de Paz que firmaron las FARC y el Gobierno el pasado lunes.

"Hacer política en Colombia es difícil, pero hacerlo en Antioquia mucho más. Éste es el bastión de Uribe", explica a Público el congresista del Partido Liberal, Iván Darío Agudela Zapata. Un firme convencido del y nacido en Medellín, que sabe a lo que se enfrenta el Gobierno en una región donde paramilitares y uribistas se dan la mano, y donde el odio a las FARC es unánime.



Las once de la mañana de un miércoles en la avenida Oriental con la Playa (otra calle), pleno centro de Medellín. La estudiante Isabel Mejía espera la llegada de sus compañeros. Minutos después una docena de jóvenes baja de un autobús tuneado con la bandera de Colombia en el que se puede leer: "Ante una mala propuesta digo NO; a premiar secuestradores, digo NO; a las FARC de Santos digo NO".

Juliana Hernández estudia administración de empresas y es la cabecilla de esta plataforma de estudiantes por el NO. A sus 22 años asegura que hace esto porque "respira Colombia, Antioquia y Medellín" y por eso quiere "exigir justicia" Su lucha comenzó en abril cuando encabezó una de las marchas de resistencia civil contra los Acuerdos de Paz que todavía se negociaban en La Habana. Cuando el presidente Juan Manuel Santos anunció el pasado mes de agosto que había llegado a un acuerdo definitivo con las FARC, Hernández reunió a sus compañeros en su casa para "estudiar cada detalle de las 297 páginas del documento" y comenzar la campaña del autobús por el NO.

Desde el 4 de septiembre estos jóvenes se suben ocho horas al día a este transporte con el que recorren diversos municipios de Medellín para explicar a la gente por qué deben votar contra los Acuerdos de Paz: "Nosotros les damos argumentos, les mostramos unos vídeos didácticos que hemos hecho, hacemos pedagogía", matiza Mejía.

"No va a haber paz con esos criminales sueltos. La violencia de otras guerrillas va a continuar y las víctimas van a a ver como sus verdugos se sientan en el Congreso", explica Luis David Cano, a punto de terminar la carrera de Políticas

La primera aclaración que hacen es advertir que ellos también quieren la paz y se dicen "indignados" por cómo el gobierno Santos se "ha apropiado" del concepto: "Es una falacia porque no va a haber paz con esos criminales sueltos. La violencia de otras guerrillas va a continuar y las víctimas van a a ver como sus verdugos se sientan en el Congreso", explica Luis David Cano, a punto de terminar la carrera de Políticas. Pero ellos no dudan en usar en cada uno de sus panfletos la polémica palabra: "La verdadera Paz empieza con el NO" o "Creo en la paz, NO en los acuerdos".

Gracias a las donaciones de diversas empresas –no especifican cuáles, pero aseguran que no hay ningún partido político involucrado— consiguieron dinero para hacer octavillas y camisetas, y una compañía privada les cedió el autobús: "Ha sido muy fácil recibir ayuda porque en Antioquia va a ganar el NO", dice Elena Escobar, otra de las jóvenes del grupo.

Ellos piden que se renegocien los acuerdos, que el Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC vaya a la cárcel y que la guerrilla dé a conocer el dinero que tiene y lo devuelva al estado: "Se han hecho millonarios con el narcotráfico, la explotación maderera ilegal y la minería. Se lo van a llevar todo, es una verguënza", dice el joven politólogo.

Cuando se les dice que aquellos guerrilleros que hayan cometido delitos de lesa humanidad irán a la cárcel, ellos lo niegan: "No es cierto, todos van a quedar impunes", dice la psicóloga y la más mayor del grupo, Elisabeth Valcárcel. También les quita el sueño que la nueva guerrilla se convierta en un partido político con posibilidades de gobierno: "Santos ha entregado el país a Timochenko –líder de las FARC— para que hagan una revolución bolivariana, y nosotros no queremos ser Venezuela", dice la líder Juliana Hernández.

"Hacerlos desaparecer a todos"

Bajan en el Plaza Simón Bolívar y cada uno toma un rumbo diferente. Cargados con panfletos y camisetas se acercan a los coches, a los taxis, a los vendedores de la calle y aprovechan un grupo de turistas para abrir su pancarta: "La gente de fuera se cree que estos acuerdos son buenos, por eso es importante explicarles que son injustos y que fomentan la impunidad", dice Hernández.

Las personas son receptivas, algunas se acercan a ellos para preguntarles dudas:

—¿El domingo qué tengo que hacer para votar NO? Me han dicho que la casilla con esa opción va a ser más pequeña. ¿Debo llevar un lápiz por si acaso no tienen allí?, pregunta Alba Osorio, una limpiadora de 56 años.

Una de las estudiantes le tranquiliza y le dice que las casillas serán iguales pero que es bueno que lleve un bolígrafo en el caso de que no haya suficientes. Uno de los hijos de Alba Osorio fue asesinado por las FARC. No les perdona, pero todavía perdona menos al presidente Juan Manuel Santos: "Ese hombre es un sinvergüenza, un ladrón como esos a los que defiende. Yo creo que habría que hacerlos desaparecer a todos. Uribe fue el único que nos defendió", dice a gritos.

"Santos es el diablo y la paz de la que habla una gran mentira", afirma un barrendero de Medellín, donde los sondeos en su ciudad dan por ganador al NO

Poco antes un barrendero que pasaba por allí era aún más duro: "Que se aprueben los acuerdos y los guerrilleros vayan a esas zonas a concentrarse, así los tenemos juntos para matar a todos esos hijoeputas". Un vendedor de chicles añadía: "Santos es el diablo y la paz de la que habla una gran mentira". Pero el frutero, Adelmar Galeno, que estaba al lado de ellos, asumía una posición más moderada y con la mano en el mentón reconocía sentirse en una "posición incómoda" sin saber qué hacer: "Si voto estoy ayudando a esos delincuentes, pero si voto NO estaría en contra de la paz, y eso tampoco es verdad. Tengo que pensarlo muy bien".

Durante dos horas de recorrido tan solo una persona les increpó. Un señor cercano a los cincuenta años se levanta la camiseta y muestra una cicatriz que le atraviesa toda la barriga: "Esto es Álvaro Uribe, el Hitler de Colombia, eso es lo que ustedes apoyan. Son unos Uribestias”, grita y continúa su camino. Elena Escobar dice que esto les ha sucedido algunas veces: "La forma que tienen de atacarnos es es decir que somo uribistas o paramilitares, pero nosotros no les hacemos caso".

Cuando se les pregunta por el que fuera presidente de Colombia y hoy voz principal de la campaña del NO, se cierran en banda. Insisten que el Centro Democrático (el partido de Uribe) no les ha dado "ni un peso", y que el que también fuera gobernador de Antioquia "jamás se ha subido al autobús".

A pesar de no querer ser asociados con el ex mandatario en en diversos momentos muestran su admiración: "Yo soy de Urabá, una de las zonas más violentas de Antioquia, he visto muertos en mis calles y sólo podía salir de mi casa en helicóptero. Para mi familia Uribe ha sido importantísimo, hizo mucho por el país", dice la joven Escobar.

El miércoles el recorrido fue más corto porque estaban invitados en la Universidad de Medellín para un debate sobre el plebiscito. A cinco días del domingo la última encuesta anunciaba una subida del NO en el país, pero el SÍ se mantenía por encima con un 55% frente al 36,6% de detractores.

El alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, después de ser cuestionado durante las últimas semanas reconoció el viernes que votaría por el . Los sondeos en su ciudad dan por ganador al NO, pero desde el Gobierno central le han exigido un compromiso. El congresista Agudela ha vuelto a su ciudad natal para "impulsar el ", y aunque cree que a nivel nacional "el resultado será positivo", le preocupa otra cosa: "Tenemos que ganar con una buena diferencia, necesitamos legitimidad para poder reconstruir nuestra sociedad".