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Los jóvenes se movilizan por los ideales de la República

"El que no lucha por las pensiones es que ya está muerto", entre las pancartas contra la reforma de Sarkozy

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Dos chicas, una negra y otra oriental, con el gorro frigio rojo, el que se convirtió en símbolo de la Revolución Francesa, y una bandera azul, blanca y roja, la enseña nacional. Un grupo de adolescentes con la misma bandera francesa, en la que se lee un '67 años', mal escrito a mano y tachado, y un '60 años' subrayado. Hacía años que no se veía a la juventud francesa izando la bandera de la República. Pero esta vez, la juventud multicolor francesa ha hecho suyo ese símbolo a veces abucheado en los estadios. Porque la imaginación y la razón parecen haberse liberado en las manifestaciones.

La juventud francesa multirracial ha hecho suya la bandera nacional

Lo que está pasando con este movimiento contra el recorte de pensiones es lo contrario de lo que deseaba Sarkozy. En lugar del debate exprés, que debía provocar la incomprensión de los jóvenes excluidos y los trabajadores precarios, las consignas y la composición de las marchas, muy diversas en edades y oficios, demuestran que el debate ha calado. La sociedad no quiere la reforma de Sarkozy. La combate con fuerza y con argumentos.

Mustafá y Patrice vienen del barrio arrabalero de Jules Moutier, cerca de Cergy, en la periferia noroeste de París. Tienen esa pinta que tanto asusta a los votantes de Sarkozyy que lleva a su Gobierno a considerarlos un 'problema'. Con apenas 15 años, son ya más altos que la mayoría de los policías que tienen enfrente, resultado de la buena alimentación y sanidad que permite el modelo social francés.

Una pancarta reza: 'El que no lucha por las pensiones es que ya está muerto'

Mustafá dice con un guiño: 'Somos de las dos razas: de la raza de ciudadanos que se manifiestan, porque hay que defender esto por nuestros padres y por nosotros, y de la raza que, si hace falta, lo rompe todo. El mestizaje es importante'.

'¿Romper todo? ¿Hasta la gente rompéis?', pregunta el periodista. Patrice responde: 'No, no... nosotros somos la República Francesa, la que nace de los valores de la inmigración. De romper gente, ni hablar. Bueno, depende de la gente. Rompemos a quien esté contra nosotros. Por ejemplo ciertos maderos'. Uno que antes no quería hablar, salta para corroborar: '¡Eh! A veces también les partimos la cara a los del barrio de Mourtier'.

Unos metros más allá, se encuentra un grupo de un liceo de Suresnes, una periferia algo menos desfavorecida. Su pinta de modositos desentona con el grupo anterior. A Nathan, que se manifiesta porque tiene 'miedo' de su futuro, 'porque ves gente hecha polvo a los 50 años y que ni siquiera tendrá una pensión decente', replica con fuerza su novia, Thaïss: '¡No, es mucho más complejo! Hay que rehacer la forma de gobierno, porque ahora hay una concentración excesiva de poder en las manos del presidente. Una verdadera democracia implica que una reforma como la de las pensiones senegocie durante meses. Y no como con un Sarkozy que dice: Ahora me votáis esto, porque me da la gana', zanja. Y añade: 'Nos manifestamos por un todo. Las jubilaciones son la prueba de que nada funciona. Si mañana hace falta una manifestación contra la fiscalidad favorable a los ricos o contra el personalismo del régimen, estaré de nuevo en la calle'.

Unos metros adelante, tras pasar un grupo que salta coreando: '¡Alehóp Sarko, tu reforma no colará!, el célebre Théâtre du Soleil (Teatro del Sol) de Ariane Mnouchkine, presenta una pieza andante de cabezudos. Los actores llevan enormes y bellas banderolas. Una con una frase de William Shakespeare: 'Los que mandan sólo mandan por encargo. Nada hacen por amor'. Y otra de Benjamin Constant: 'Que las autoridades se limiten a actuar con justicia; de nuestra felicidad nos encargamos nosotros'.

Un grupo libertario de esos serios y tajantes lleva una pancarta enorme, en forma de ataúd: 'El que no lucha por las pensiones es que ya está muerto'.