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¿A qué juega la Unión Europea con Grecia?

La dureza de Bruselas con Atenas ha chocado con Varufakis, experto en la teoría de juegos y hábil negociador. Los griegos piden algo de flexibilidad, mientras sus socios europeos no dejan de apretar. Con la amenaza del 'Grexit' de fondo, encontrar el equilibrio en las conversaciones sobre la deuda helena sólo será posible si ambas partes ceden

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El ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis, en una rueda de prensa. -AFP

MADRID.- "Grecia tiene una soga al cuello". Alexis Tsipras pedía algo de margen. Esta vez lo hacía a través de una entrevista, pero es un mensaje que el nuevo Gobierno griego ha repetido una y otra vez: es necesario que las instituciones ─lo que antes se conocía simplemente por la Troika─ den su brazo a torcer para avanzar en las negociaciones sobre la deuda del país heleno. Los tiras y aflojas han comenzado y en los últimos días se han intensificado con los mensajes, más o menos velados, de Atenas, de Bruselas y de Berlín.

La contienda sigue desigual, con una Unión Europea que no deja de apretar al pequeño. Poderoso contra débil. Y, de fondo, el pueblo griego. La población helena se agarra a sus nuevos dirigentes para conseguir unas mejores condiciones del programa de rescate. Hay quien acusa a los hombres de Syriza de haber perdido en sus primeros encuentros en Bruselas. Y hay quienes ven en cada careo una pequeña victoria de los representantes griegos. Con la prórroga de cuatro meses al menos ganaron algo de tiempo.

Varufakis ya ha logrado algo que sus predecesores no consiguieron: mantener la dignidad en la mesa de negociaciones, sostiene el profesor Rodolfo Rieznik

Bruselas mantiene su juego, pero el panorama ha cambiado sensiblemente con la aparición de Tsipras y Varufakis. El nuevo ministro de Finanzas griego, reconocido y experimentado economista, se ha mostrado como un hábil negociador. Experto en la teoría de juegos, no se ha arrugado ante los inflexibles hombres de negro. "Se ha mantenido firme", comenta Rodolfo Rieznik, profesor de Economía y miembro de Economistas sin Fronteras, que destaca que Varufakis ya ha logrado algo que sus predecesores no consiguieron: "Mantener la dignidad en la mesa de negociaciones".

El representante heleno rechazaba hace unas semanas en un artículo en The New York Times aplicar la disciplina de la que es experto a los problemas de su país. "No hay tiempo para juegos en Europa", era el título de su tribuna. "Sería una bobada pensar que las actuales deliberaciones entre Grecia y nuestros socios son un juego de negociación que se ganará o perderá por medio de pantomimas o subterfugios tácticos", dijo rotundo. Sin embargo, a pesar de las palabras de Varufakis, "siempre que haya una confrontación se produce un escenario para la teoría de juegos", defiende José Luis Ferreira, profesor de Economía de la Universidad Carlos III. Y eso es algo que, inevitablemente, está en las conversaciones entre Atenas y sus socios.

"La teoría de juegos analiza el comportamiento óptimo de cada agente en situaciones estratégicas, es decir, en situaciones en las que el resultado obtenido por cada parte no depende exclusivamente de sus decisiones, sino también de las decisiones tomadas por otros agentes", explica Miguel Ángel Meléndez Jiménez, profesor del Departamento de Teoría e Historia Económica de la Universidad de Málaga.

"Cuanto más preferido es uno de los posibles resultados para una de las partes, menos lo es para la otra", explica Meléndez Jiménez sobre la teoría de juegos

El experto incide en que se trata de un instrumento que ha revolucionado la forma de investigar en economía. "Muchos estudios dentro del ámbito de la teoría se dedican a analizar problemas de negociación, aquellos en que dos o más partes tienen la posibilidad de seleccionar entre un abanico de posibles acuerdos bajo un conflicto de intereses. Y donde cuanto más preferido es uno de los posibles resultados para una de las partes, menos lo es para la otra", añade Meléndez.

Hay varios ejemplos prácticos para analizar esta disciplina. Uno de ellos es el dilema del prisionero. Dos detenidos en celdas separadas se enfrentan a la disyuntiva de testificar contra el otro o no para, según el trato hecho con la Policía, obtener la libertad y condenar al compañero de fechorías a la cárcel. A priori la mejor opción es confesar, pero si los dos lo hacen ambos acabarán en prisión. El menor castigo se consigue si los prisioneros guardan silencio. El resultado, entonces, depende del otro, cuando una parte escoge una opción tiene impacto en la otra. Es decir, cómo las decisiones de la UE y la Troika repercuten en la sociedad griega.

Otras modalidades son el dilema de la cena o el juego del gallina. Esta última sería, según los expertos consultados, la más adecuada para el caso griego. La analogía está en dos coches dirigiéndose hacia un precipicio. Gana el último en pisar el freno. Otra forma de verlo es con los dos vehículos yendo hacia el mismo punto en una carretera de único sentido desde posiciones opuestas. Si ninguno se desvía o frena chocarán. Este juego se suele representar con un camión y un turismo, que, en teoría, se vería más perjudicado ante un hipotético impacto, como Grecia, que "es la que más ha cedido porque es la más pequeña y la que más tiene que perder", recuerda Ferreira.

Como resume el profesor de la Carlos III, "en este juego hay dos posibilidades: ceder o seguir". Y poder llegar a un equilibrio, añade Meléndez Jiménez, "dependerá de las creencias que cada una de los agentes tenga sobre la disposición a no ceder del otro". Bajo esta premisa, el juego depende de la capacidad de cada una de las partes para convencer a la otra de que están dispuestas a llegar al precipicio: la salida de Grecia del euro.

La Unión Monetaria se resentiría por una salida del euro de Grecia por el efecto multiplicador y de contagio que podría suponer

"Sería un desastre", asegura Rodolfo Rieznik. Según el profesor, el primer y mayor impacto del 'Grexit' lo sufriría la propia Grecia, con un mayor peligro de empobrecimiento para la población. Sin embargo, la UE también se enfrenta a unas consecuencias temibles. No por lo que pesa el país heleno en la zona euro, sino por el efecto multiplicador y de contagio que supondría. La Unión Monetaria se resentiría a la incertidumbre y se abriría la posibilidad de que salgan más países.

"Se desataría una crisis en el corazón de una de las economías mundiales más potentes", recalca Rieznik. El propio Tsipras lo ha definido así, dejando ya de paso un aviso: "La Unión Monetaria es como un jersey de lana que si empieza a deshacerse nadie puede impedir que se deshaga por completo".

"Manejar con habilidad el tiempo político"

"Lo óptimo para el Gobierno griego es generar suficientes dudas a la Unión Europea", defiende Meléndez Jiménez, profesor de la Universidad de Málaga. "Manejar con habilidad el tiempo político", completa Rieznik. Esa es la baza que está empleando Varufakis. La última reunión del Eurogrupo del pasado lunes estuvo marcada por unas declaraciones del ministro heleno en las que amenazaba con organizar nuevas elecciones en Grecia o con, incluso, celebrar un referéndum sobre la pertenencia en el euro si las negociaciones concluían sin acuerdo. Varufakis aseguró que en ningún momento pretendió hacer una declaración de intenciones, pero ahí quedó la frase.

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, junto a la canciller alemana, Angela Merkel. - REUTERS

En medio de las discusiones, el equipo de Tsipras ha puesto encima de la mesa el tema de las reparaciones que Alemania nunca ha querido asumir por los crímenes nazis en Grecia. La reivindicación no es nueva, pero desde Berlín se ha visto como poco menos que una provocación. Muchos de los socios europeos de los griegos han sacado su vena más dura ante el talante de los de Syriza. Ya no sólo son meros técnicos, funcionarios con traje y corbata sin poderes para tomar decisiones, sino que los interlocutores con Atenas son directamente los principales representantes de cada país.

"El problema de los engaños de los anteriores ejecutivos griegos arrastraron a todo el país", recuerda el profesor Ferreira, de la Carlos III

El Ejecutivo griego ha asumido que cumplir con todas sus promesas electorales será harto difícil si no se alcanza un buen acuerdo. "Para ganarse las simpatías de Europa, necesita mostrarse como un Gobierno serio capaz de poner en orden la evasión fiscal, de liderar las políticas de gasto y de gestionar bien los recursos", expone Ferreira, de la Carlos III, que también recuerda que "el problema de los engaños de los anteriores ejecutivos griegos arrastraron a todo el país".

Conscientes de la importancia de su papel y para evitar posibles problemas de liquidez, los representantes helenos ya se han puesto manos a la obra. Varufakis presentó un plan de ajustes para aumentar la recaudación ante sus colegas para convencerlos de que podían desbloquear el último tramo de ayudas. La respuesta, la esperada. "Sin reformas no habrá dinero", dijo Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo.

Este miércoles las negociaciones entraron en nueva dimensión, con reuniones paralelas en Atenas y Bruselas. Quizás sea sólo sea cuestión de tiempo para que la UE, con Alemania a la cabeza, pise también el freno y no espere a verse al borde del precipicio para reaccionar. Sólo así, como apunta el profesor Ferreira, el bloque comunitario podrá centrarse en "construir una Europa que deje ser un organismo de fuertes contra débiles".