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La Junta Militar obliga a votar a los birmanos

Una periodista de ‘Público’ entra en el país y describe el clima de miedo y control en el que se desarrolla la votación. Las víctimas por el ciclón Nargis no reciben ayuda gubernamental

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'La Junta Militar manipula los números a su antojo' afirma un taxista birmano durante el trayecto desde el aeropuerto al centro de Rangún mientras vamos dejando atrás árboles y postes de la luz amontonados a ambos lados de la carretera, gruesas raíces arrancadas y lodazales de barro.

En un clima de miedo y control pocos son los que creen que el resultado del referéndum constitucional que se celebró ayer refleje el hartazgo general de los birmanos ante la Junta.

'Durante las manifestaciones del pasado septiembre, el Ejército no tardó ni quince minutos en disparar, en cambio tuvieron que pasar tres días para que reaccionara ante el ciclón y en medio de este desastre se dedica a vigilar a las familias, y quien no vaya a votar puede sufrir represalias', añade el taxista de 47 años.

'La emergencia de la Constitución es un deber de todos los ciudadanos de Myanmar', reza la portada del diario oficialista en inglés The New Light of Myanmar.

Menos de una semana después de que el ciclón Nargis haya causado decenas de miles de muertos y un millón de damnificados, la Junta Militar continuó sin querer entender la verdadera emergencia que sufre el país y convocó ayer la consulta constitucional en dos terceras partes de Birmania.

Las zonas afectadas, la capital económica de Rangún y otras 47 poblaciones del delta del Irawadi, votarán, en cambio el próximo 24 de mayo, en la única concesión realizada por un Gobierno receloso y que lleva redactando esta Carta Magna desde 1996 sin contar con la aprobación de la oposición, encabezada por la premio Nobel de la Paz Aung Sang Suu Kyi.

El Gobierno muestra tanta ansiedad en aprobar la consulta porque es la manera de legitimar su mano de hierro sobre el poder durante 48 años al asegurarse un cuarto de los escaños parlamentarios, el control del jefe de las Fuerzas Armadas sobre el Parlamento y que Suu Kyi siga bajo arresto domiciliario sin poder presentarse a unas elecciones.

En la sureña población birmana de Kyaiktiyo, un turista canadiense presenció como una población indiferente y cansada se dirigía a los colegios electores al ritmo de una música estruendosa que gritaba 'Vota sí'. La televisión estatal MRTV emitió ininterrumpidamente un dúo cantando el mismo mensaje al ritmo de música pop.

Pero es imposible conocer la verdadera afluencia de votantes a las urnas ya que el Gobierno ejerce un férreo control de los medios de comunicación birmanos y no ha anunciado ninguna cifra.

'El Gobierno tiene miedo de que le infecten con ideas del exterior y por eso no acepta la ayuda internacional mientras la gente tiene hambre y se da tanta prisa en celebrar la votación', señala un ingeniero birmano de 40 años, quien calcula que el sur del país necesitará unos doce años en recuperarse de Nargis. 'Mi madre tiene 88 años -continúa- y dice que nunca había vista nada similar. Estamos todos muy tristes y empezamos a perder la paciencia. Este Gobierno no debería continuar en el poder nunca más'.

Este ingeniero budista se sienta en un escalón frente a la emblemática pagoda de Shewgadon y explica que está prácticamente desierta porque 'todo el mundo está solucionando sus problemas'.

Rangún está siendo reconstruida por sus habitantes, ellos son quienes reparan los tejados, sierran los troncos caídos, barren las ramas de las calles y se suben a los andamios, mientras por el centro de la ciudad se ve de vez en cuando un grupo de soldados mirando cómo otros dos amontonan los restos arrasados por el Nargis.

Subadai, un adolescente de 14 años que aparenta diez y vende postales a los turistas frente a la pagoda de Shewgadon, cuenta que es imposible recuperar su pequeña casa cerca de la zona del aeropuerto, totalmente arrasada tras el ciclón. 'A mis cuatro hermanos, a mi madre y a mí nos han acogido en una pagoda porque no queda prácticamente nada de mi casa. La noche del ciclón mis hermanos lloraban y yo no podía dormir'.

Michael, el nombre inglés con el que Subadai aborda a los extranjeros, acepta la incertidumbre que le depara el porvenir con el mismo abatimiento y miedo con que el resto de sus compatriotas contemplan un referéndum controlado por el Gobierno.

La celebración de este plebiscito muestra a una Junta Militar preocupada tan sólo por perpetuarse en el poder hasta el punto de reaccionar con absoluta negligencia en uno de los momentos más trágicos que ha vivido Birmania y de seguir adelante con una votación muy inoportuna.


Centenares de birmanos en Japón, Malasia y Tailandia han criticado la celebración del referéndum constitucional sólo una semana después de que el ciclón Nargis causase la muerte de más de 23.000 personas.

El principal partido de la oposición democrática birmana, la Liga Nacional por la Democracia (LND), que dirige la premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, denunció un fraude masivo en la consulta.

Desde que el Gobierno anunció la convocatoria del referéndum, hace tres meses, los cuerpos de seguridad han intimidado o detenido a toda persona que ha manifestado su rechazo al borrador constitucional.