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"La ley china otorga derechos pero la práctica es diferente"

El abogado chino de 75 años Yang Dawen trabaja para mejorar la situación de las mujeres

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Cuando Yang Dawen abandonó el Ejército del líder comunista chino Mao Tse Tung para empezar a estudiar Derecho, en 1952, nunca imaginó que un día acabaría estrechando la mano del enemigo, Estados Unidos. Hoy, este profesor de Derecho, pekinés de 75 años, muestra con orgullo la fotografía en la que aparece junto a Hillary Clinton, la ex primera dama americana, durante una visita a la capital china, en el año 2005. La imagen tiene una ubicación privilegiada en la pared de la sala principal de Woman Legalaid, una organización no gubernamental para la defensa de los derechos de la mujer fundada hace 13 años por Yang y dos abogadas.

'La apertura de China ha ayudado mucho al desarrollo de los derechos humanos', dice Yang, sentado en su oficina de Legalaid, en el 13º piso de un moderno edificio situado en el norte de la capital.

Desde que se graduó, hace más de 40 años, Yang ha dedicado su vida a la enseñanza del Derecho y ha vivido la transformación del sistema legal de su país.

'Las mujeres son un grupo débil ante la ley y necesitan más protección', dice Yang, que también ejerce como director del Instituto del Derecho matrimonial y familiar de la Universidad Popular de Pekín.

Detrás suyo hay varias estanterías llenas de libros de leyes, manuales y archivos con los casos de mujeres atendidas por la organización: discriminación laboral, divorcio, abusos sexuales Los voluntarios se encargan de responder llamadas de mujeres de toda China que han sido víctimas de cualquier injusticia, según la ley china, y de ofrecer asistencia legal.

'La situación de los derechos humanos ha mejorado mucho, pero aún quedan muchos problemas por resolver', dice Yang. El profesor, que a su avanzada edad aun se encarga de supervisar tesis doctorales, tiene sus esperanzas puestas en los estudiantes de hoy, mucho más despiertos y conscientes de la importancia de los derechos humanos que en su época. 'Yo no escogí estudiar Derecho, me lo asignó el Gobierno', dice Yang.

Tras la proclamación de la República Popular, en 1949, 'China necesitaba estudiantes de Derecho con urgencia para desarrollar el sistema legal', añade Yang, que aún recuerda los académicos venidos de la ex URSS para dar conferencias en la universidad, la introducción de las primeras reformas legales de la tierra, de la ley del matrimonio o la publicación de la Constitución china, en 1954.

Pero los derechos humanos siguieron muy desprotegidos durante casi tres décadas, a pesar de que China firmó en 1948 la Declaración universal de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Las primeras mejoras en este campo empezaron a notarse a finales de los años setenta, al iniciarse la etapa de Reforma y Apertura.

'Hoy, la ley china garantiza todos los derechos', dice Yang. 'Aunque, en la práctica, sucede algo distinto', admite. Esta fue la razón que le llevó a fundar Legalaid: asegurar que la ley se aplica por igual a hombres y mujeres. Uno de los casos más frecuentes en la organización es defender a las mujeres que se ven forzadas a perder sus derechos sobre la tierra si se casan con un hombre de otra provincia.

En China ha aparecido una nueva generación de abogados de entre 30 y 40 años mucho más comprometidos con los derechos humanos, como el grupo de letrados que se ofreció a defender a las víctimas del escándalo de la leche contaminada, los que luchan en contra de las expropiaciones ilegales de tierras a los campesinos o los que se han ofrecido a víctimas de persecución religiosa, como los seguidores de Falun Gong.

Sin embargo, la mayoría, como Yang, optan por actuar dentro del marco legal y defienden la política oficial de que el desarrollo económico es prioritario a las reformas legales y la mejora de los derechos humanos. 'La mayoría de mis estudiantes apoya al Gobierno', añade Yang.

El anciano ya era profesor cuando tuvo lugar la masacre de Tiananmen, en junio de 1989, y 'prefiere no hablar de ello', por miedo a represalias. El régimen comunista no ha reconocido la muerte a manos del Ejército de centenares de estudiantes que se manifestaban en pro de la democracia en la plaza de Tiananmen. 'La historia se encargará de dar respuesta', dice Yang cuando le preguntan si cree que el espíritu de apertura de hoy podría llevar a sus estudiantes a manifestarse por la democracia y los derechos humanos.

'Mientras exista la injusticia y la desigualdad, habrá conflictos. Pero no deben asustarnos. Hay que encontrar soluciones adecuadas', añade Yang. Legalaid, por ejemplo, presiona al Gobierno para que cree incentivos para las empresas que contraten a mujeres, fije un salario por baja maternal, o se asegure de que la edad de jubilación es igual entre hombres y mujeres, tal y como exige la ley.

Las ONG chinas que trabajan en el ámbito de los derechos humanos no escapan del control del Gobierno, pero al menos sirven para supervisar el cumplimiento de la ley en un país donde no existe un sistema judicial independiente y los medios de comunicación están censurados. 'Si la prensa prestara más atención a los derechos humanos, la sociedad sería más consciente de sus derechos', dice Yang.

En el caso de las mujeres, es cierto que cada vez es más frecuente ver casos de violencia doméstica o de divorcios publicados en la prensa. Sin embargo, casos más delicados, como la falta de libertad religiosa y los abusos que sufren los disidentes políticos o las minorías étnicas tibetana y Uigur, siguen siendo silenciados por la prensa china.