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Libertad de Prensa Carlos Juárez, periodista mexicano: "La clase con poder es la que ejerce la violencia, pero casi todo se le adjudica al narcotráfico"

"Yo venía desde México pensando que la libertad de prensa está muy mal allá, pero también lo está en España", reconoce Juárez, y puntualiza que hay diferencias: "el Gobierno en España está justificándolo con la Constitución; en México, el eslabón legal es el último, primero está la violencia".

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El periodista mexicano Carlos Juárez. / Oscar Martínez/AVC Noticias

“Ramiro dice que en Tamaulipas no hay tantos periodistas muertos porque aprendimos bien”. Con estas palabras de su compañero de redacción, el periodista mexicano Carlos Manuel Juárez pone fin a su relato en el libro Romper el silencio. 22 gritos contra la censura (Brigada cultural). En el texto explica cómo el narcopoder (entendido como el narcotráfico y las estructuras de poder político y económico que se relacionan con él) se ha apropiado en gran parte de la libertad de prensa en México, dictando desde el otro lado del teléfono o desde la mente de los propios periodistas lo que se puede publicar y lo que no.

Esta arquitectura del silencio ha asesinado a 113 periodistas desde el año 2000, tres en lo que va de año. En 2017, México fue el país con más asesinatos a periodistas del mundo. Además, desde 2003, 23 periodistas permanecen desaparecidos, según la organización defensora de la libertad de expresión Article 19.

Carlos Manuel Juárez, reportero del periódico mexicano Expreso y colaborador de medios como Aristegui Noticias o El Mañana de Reynosa, ha realizado investigaciones sobre el narcotráfico, las desapariciones forzosas y la corrupción en su país. Algunas de sus publicaciones han resultado molestas para políticos, empresarios y grupos de delincuencia y él mismo ha sido objeto de presiones. Actualmente, reside en Barcelona, gracias al programa de acogida temporal de Taula per Mexic, que recibe a periodistas y personas defensoras de los Derechos Humanos mexicanas y les ofrece apoyo para realizar sus proyectos o simplemente despejarse.

Cuando empezaste a trabajar como periodista en México, ¿ya sabías que iba a ser un oficio de alto riesgo?

Yo creo que se ha ido recrudeciendo, nunca pensé que iba a llegar al riesgo que se vive hoy, no lo imaginé nunca. Cuando uno empieza es muy inocente y tiene muchas cosas idealizadas. Ya llevo como doce años trabajando en medios y nunca pensé que México pasaría por este periodo de violencia tan alto.

¿Desde cuándo empezó a perseguirse tanto a la prensa? ¿Ha habido diferentes etapas?

La primera referencia que yo tengo de una persecución o de una agresión a un periodista fue en 2008. Yo empecé a trabajar en un periódico que se llamaba Milenio en Tampico, Tamaulipas. Ahí ya vi cómo un día un compañero que era muy blanco llegó todo rojo, en la cara y en la espalda. Yo no sabía por qué hasta que escuché que le habían pegado y pregunté quién había sido. Ya se empezaba a saber del narcotráfico como un ente violento.

"Quien violenta a periodistas es la clase política, la clase empresarial y, en cierta medida, los narcos"

Me acuerdo de que en ese mismo 2008 ya había enfrentamientos entre delincuentes y ejército. Ese es el primer contacto que tuve. Ahora que he indagado sobre el tema de libertad de expresión, con otros compañeros, la referencia que tengo es que la violencia contra periodistas comenzó hacia 2002 o 2003. Entonces, ya se sentaron los primeros precedentes de que los periodistas eran censurados y eran intimidados para no publicar.

¿Has recibido amenazas directas o te has sentido amenazado por alguna publicación?

Yo he hecho algunas publicaciones que han resultado molestas y un poco por eso me vine aquí, para tranquilizarme. Sí, ha pasado, aunque no a nivel de otros compañeros, que están más expuestos. No he tenido amenazas de frente, más bien han sido situaciones en las que me mandan no decir algo y el saber que estoy escribiendo cosas que incomodan tanto a los políticos como a los empresarios. También, en 2014, por una columna de opinión que tengo, sí me mandaron decir de parte de la delincuencia que cambiara mis temas, que no tocara tanto la seguridad. Han sido mensajes amables, porque hay quien no tiene la oportunidad de que le den un mensaje, sino que van a por él y lo desaparecen o lo matan o lo golpean.

¿En qué momento decidiste salir de México?

Vas haciendo como un diario de lo que puedes aguantar y no puedes aguantar. En octubre, me habían comentado sobre la convocatoria de la Taula, pero yo decía que aún me quería quedar un rato. Después, en enero, me sentí un poco más a tope y pensé en intentar salir para tranquilizarme, para ver las cosas diferente y, sobre todo, para tratar de cerrar círculos, que también es algo que estando aquí he tenido tiempo para pensar. Cerrar algunos círculos y empezar otros, empezar otros temas que van vinculados, pero desde una perspectiva menos riesgosa.

¿Son sólo los narcos los que amenazan y agreden a periodistas?

Siempre se ha pensado que el narcotráfico es el único ente malo en México, así lo ha vendido el Gobierno. Yo creo que en México la gente que violenta a periodistas es la clase política, la clase empresarial y, también, en cierta medida, los narcos. Lo que pasa es que, en México, si alguien quiere intimidar a alguien lo quiere hacer por medio del narco, porque el narco sí ejerce un control en muchas ocasiones sobre la violencia. En ese panorama, casi todo se le adjudica al narcotráfico.

"En el general, la clase con poder es la que ejerce la violencia"

Si es un pleito entre dos vecinos y uno dispara al otro, ya lo tachan de narco. Cuando tal vez sólo sea un vecino que esté armado, pero que no sea narco.

Pasa mucho que a quien molestaste sea a un político, pero te lo va a mandar decir con el narcotráfico. O a un empresario, que dice “bueno, yo no me voy a manchar las manos”, pero llaman a quien se las vaya a manchar. En el general, la clase con poder es la que ejerce la violencia.

¿De qué forma se relacionan las empresas internacionales con este entramado de intimidación?

Hay dos tipos de relación. Una es la relación en la que el poder lo tiene el narcotráfico. En Tamaulipas, de donde yo soy, hubo empresas que seguramente pagaron extorsión. Hubo un lustro, de 2005 a 2010, en el que el narco impuso lo que llamamos “cobros de piso”, es decir, “cobro por abrir tu empresa”, y era raro la empresa que se salvaba. Hubo transnacionales que pagaron porque si no, la reacción era secuestrar a empleados, sobre todo de nivel medio-alto.

Está ese tipo de relación y está la otra, que es a conveniencia. Hay lugares en que a los empresarios les conviene que exista el crimen organizado, para generar desalojo de tierras y después tomarlas, para bajar el precio de algún terreno porque está en una zona violenta y entonces pueden entrar las empresas a comprarlo más barato. Es algo que todavía no se ha logrado probar completamente con documentos, pero sí hay muchos patrones que se han descrito.

Yo, en particular, tengo un reportaje que se llama Defender el hogar en tierra zeta, que es sobre un poblado de campesinos en donde hay una empresa (Iberoamericana de Hidrocarburos, propiedad de Florentino Pérez) que está extrayendo hidrocarburos y allí mismo convive con uno de los grupos más violentos de la delincuencia. ¿Cómo te explicas que estos entes convivan? No sé si conviven a beneficio mutuo o forzando al otro, pero lo que es realidad es que la gente queda en medio de este tipo de situación.

¿Qué papel tiene el Poder Judicial?

En México, como en muchos lugares, la Justicia está hecha para la gente que tiene dinero para defenderse. En Tamaulipas no ha habido justicia en los casos más importantes. La delincuencia organizada tiene muy buenos abogados, los mejores abogados de México defienden a los capos.

El Poder Judicial ha jugado un papel a veces muy polémico. Por ejemplo, el año pasado detuvieron en Tamaulipas a un tipo al que apodan El Contador. El Gobierno de México lo responsabilizaba de ser un líder importante de un cártel. La Marina, que fue quien lo detuvo, dio una versión de los hechos, pero a la hora de presentarse ante el juez, este hombre mostró un vídeo de cómo lo habían detenido y la versión de la Marina no correspondía con la versión que él presentaba en el vídeo. Entonces, el Poder Judicial no pudo hacer otra cosa que dejarlo libre.

Muchas veces pasa eso. En Tamaulipas, en la época en que más vinculación hubo de la policía investigadora con el narcotráfico, se hablaba de que la misma policía hacía detenciones y presentaba testimonios falsos. Entonces, el juez tenía que dejarlos libres.

Por otra parte, hay jueces que están muy bien pagados y tienen seguridad, pero los hay que no, y estos no se van a enfrentar a un capo, porque les da temor. En los casos de asesinatos a periodistas no se puede decir que el Poder Judicial haya actuado mucho, muy pocos casos se han resuelto con detenidos.

¿Por qué la Justicia no ha hecho un esfuerzo más importante para investigar los asesinatos de periodistas?

Yo creo que es una cuestión de voluntad política. El Poder Judicial en México siempre queda a expensas del poder político: los magistrados siempre pasan por un cabildeo político, el acomodo de jueces… . Ahora que recién se modificó el sistema penal del país se empieza a pensar en ser más estrictos y hacer escalafones más reglamentados para que no llegue de repente alguien con muy poca experiencia y muy pocas tablas a afrontar un caso muy complejo.

El presidente del Poder Judicial ha dicho que, en el caso de Tamaulipas, también se encuentran con una gran falta de recursos. Es poco el dinero que se destina al aparato judicial. Ahora mismo, existe como una moda dentro del Poder Judicial de informar de las condenas, han puesto condenas muy altas y las han estado difundiendo en comunicados para lograr una imagen pública favorable, que se vea su trabajo.

"En algún momento me pasó por la cabeza ser héroe, pero después entendí que es mejor ser muy precavido"

También, aunque esto no se publicita, ha habido casos en los que dejan en libertad a delincuentes porque no les llegan los informes bien hechos. Creo que para juzgar al Poder Judicial habría que pensar a la vez en el trabajo de las Fiscalías, que son las que le ponen la piedra de alguna manera al sistema judicial, porque las investigaciones que entregan las Fiscalías normalmente son muy malas. En esto entra totalmente la voluntad política, porque las condiciones laborales de los fiscales suelen ser muy buenas.

En el caso de los periodistas, México tiene una fiscalía especializada en libertad de expresión, la FEAPLE, que se creó justamente ante el asesinato de periodistas. Es una fiscalía que sólo tiene uno o dos casos resueltos, como el de Miroslava Breach y el de Javier Valdés, en los que las investigaciones han ido hacia delante.

El 13 de enero de 2018 mataron a un periodista en Tamaulipas, Carlos Domínguez Rodríguez. Lo asesinaron de 24 puñaladas frente a su hija y a sus nietas. Por ese caso hay detenidas seis personas y tres son periodistas. Lo que el Gobierno dice es que los periodistas participaron en la planificación de su asesinato. Cuando informaron de las detenciones hablaban de que había sido el primer asesinato de un periodista resuelto, pero ya han salido testimonios, sobre todo de periodistas, a través de un comité de derechos humanos independiente, que dicen que la policía investigadora de la Procudoría de Justicia los torturó para que hiciesen las declaraciones en las que aceptaban ser culpables. Los casos de los periodistas son casos muy públicos en los que hay seguimiento y aun así se dan esas cosas, que son muy confusas y se prestan a sospechas.

Juárez durante la presentación de su libro, 'Romper el Silencio'. / Raúl Carrillo

En el libro 'Romper en silencio' hablas de cómo los periodistas en México aprenden a permanecer en silencio y cómo, al mismo tiempo, reaprendes el oficio hasta encontrar nuevas vías para sortear la censura. ¿Cómo funciona este proceso?

Yo creo que es un proceso de juntarte, de hablar con otros compañeros, de ver las experiencias y también de ver la realidad, de saber dónde estás. En algún momento me pasó por la cabeza ser héroe, pero después entendí que es mejor ser muy precavido. Hay veces que uno piensa que va a aportar el cambio por decir un nombre. Y hay veces que no es así.

En México está tan normalizada la violencia, que ahora mismo si ahí, en la punta de la calle, (señala con el dedo) mataran a dos, la gente se espantaría, pero seguiría tomándose la cerveza. Tal vez irían a ver y ya. Está tan normalizado que una de las cosas sobre las que yo más reflexiono es cómo cambiar el discurso, cómo mostrar la realidad para que a la gente le interese. Tal vez, seguir contando muertos no aporta nada a la gente, habría que contarles las historias de esos muertos.

También hay que cuestionar la narrativa del Gobierno de quiénes son buenos y malos, de que son delincuentes porque son pobres o porque fueron pobres. Romper esos clichés que hay sobre la violencia en México, de que sólo los narcos asesinan, por ejemplo.

Esto lo vas encontrando justamente cuando no puedes escribir de lleno los nombres. Vas encontrando otras rutas, otras veredas por donde poder decir lo mismo con diferentes palabras y con diferentes ejemplos. El otro día me recordaban un texto sobre Ronnie, un niño de trece años al que masacraron saliendo de la escuela. Son cosas que no te puedes explicar, pero también nos queda la libertad al escribir de decir “no me explico esto” y tal vez narrar algunas cosas, pero después decir justo eso: “No entiendo”, preguntarle al lector “¿Usted qué entiende de esto que está pasando? No deberíamos verlo como algo normal”. Así se aprende.

Aprendes de ver compañeros que son sobrevivientes. Algunos, no comparto la idea, pero te dicen: “¿por qué te arriesgas tanto? No vas a cambiar nada”. Claro, ellos han vivido experiencias muy duras y sus vivencias les han dejado convencidos de que va a seguir así la situación.

Yo creo que me tendría que topar con algo mucho más fuerte para decir “no”. A fin de cuentas, también existen muchas herramientas, como el no firmar, muchas salidas para poder publicar, siempre pensando en que uno no se quiere morir.

La información que sí logra salir a la luz, ¿sentís que realmente tiene repercusiones en la sociedad?

Yo quiero pensar que sí, que lo que escribo, no sé si cambia, pero al menos conciencia. En el tema de los desaparecidos, yo he conocido mujeres y hombres totalmente destrozados físicamente y anímicamente y, de pronto, al contar su historia, que alguien la escuche y que la registre, se van dando cuenta de que no están solos. Ahí ves que incides mínimo en una vida, que es en la vida directa. Creo que también una forma de incidencia es cuando te dicen que le eres molesto al Gobierno, porque quiere decir que estás haciendo bien tu papel de cuestionar a la autoridad.

¿Cómo baremáis qué se puede contar, hasta dónde puedes llegar? ¿Cómo se toman esas decisiones?

Son un poco intuitivas. Si implica o se personifica en alguien, si el tema trata de una persona en específico, normalmente decides no ponerte de tú a tú con un tipo que tiene poder, que puede hacerte con mucha facilidad daño. A veces cuesta, siempre uno debe tener cerca un editor, un amigo. Cuando un tema es muy delicado yo hablo con un editor y con dos o tres amigos.

No hace mucho, me llegó información sobre un tema y yo sentía que era un tema que tenía que sacar, pero lo primero que me dijo una de mis amigas editoras fue: “si lo haces, no lo firmes”. Luego, otra me dijo: “bueno, ¿para qué quieres sacar eso? ¿Qué vas a cambiar con eso?”. Me fueron convenciendo de que no lo hiciera. Así, vas tentando lo que puedes y lo que no puedes.

En otros momentos, me habría sentido muy frustrado, pero poco a poco vas asumiendo la realidad. Normalmente, cuando me freno, me freno por mi pareja, o por mi madre, por mi hermana… . Si algo me hace frenarme mucho es pensar que les pueda pasar algo. Es cuando me planteo si vale la pena firmarlo o no, qué contar, tal vez contarlo de manera distinta o no tan de golpe, con otras palabras… .

¿Crees que los medios de comunicación ofrecen el suficiente amparo a los periodistas que trabajan para ellos?

Yo creo que no. Muy pocas empresas de comunicación ofrecen buenas condiciones de trabajo. Yo tengo la fortuna de trabajar en una que es comprensiva con el reportero, que, como todas, tiene sus errores, tiene sus intereses, pero te da libertad para indagar. También colaboro con un medio de Tamaulipas que se llama El Mañana de Reynosa y es un medio bastante crítico.

"Muy pocos medios ofrecen buenas condiciones del trabajo y, sin un apoyo, no te vas a arriesgar tanto"

Ahora, pensándolo, me doy cuenta de que los dos medios han sido de los atacados fuertemente. En Expreso, que es el medio en el que trabajo, reventó un coche bomba en su puerta en 2011 y en El Mañana les ha pasado de todo. Lo último fue que en 2015 se metieron a la redacción a por el director y él lo único que pudo hacer fue levantar el botellón de agua y arrojárselo. Ahora me río, porque la imagen es como de chiste, pero… . Obviamente, se lo llevaron, lo golpearon, y lo volvieron a dejar con un mensaje muy claro de que no publicasen nada en contra de ese grupo delincuencial.

Cada medio sabe cuál es su apuesta editorial. En Expreso, creo que son muy conscientes y nos hacen conscientes a nosotros también de no correr riesgos. Desde esa posición frente a la realidad, te dan las herramientas para hacer lo mejor que se puede tu labor como periodista.

No todos los medios funcionan así. Muy pocos medios ofrecen buenas condiciones del trabajo y, por eso, no generan en los periodistas más interés que el de sobrevivir día a día y ganar dinero para comer. Si no hay un soporte grande desde el medio, un apoyo, no te vas a arriesgar tanto. La precariedad también repercute en la seguridad que tengas en el desempeño de tu trabajo.

Habiendo vivido ya un tiempo en España, ¿cómo ves la situación de la libertad de prensa aquí?

Muy mal. Yo venía desde México pensando que estábamos muy mal allá, pero también están muy mal aquí. Me he dado cuenta de que la sociedad española está muy dividida, hay quien piensa que los raperos no merecen libertad de expresión, porque están incitando al odio; el actor Willy Toledo sí, porque es sólo un chiste; el periodista Nacho Carretero con Fariña sí, porque está hablando de los malos.

Se sigue reproduciendo el discurso ambiguo e hipócrita de distinguir entre buenos y malos. ¿Por qué alguien que es rapero no puede decir que los Borbones le caen de la fregada o que no está de acuerdo con el Gobierno? En cambio, si es un periodista que está hablando de los narcos, a él sí que hay que permitírselo.

Yo, en el tiempo que llevo aquí, he visto a gente muy agresiva en televisión con el tema de los manteros, en contra de los migrantes y de la mujer. A ellos no se les denuncia. Tal vez habría que ser menos tolerantes con esa gente que está siendo racista. Cojea muy fuerte la situación en España, aunque de diferente forma. Aquí todo se está haciendo por la vía legal, desde el Gobierno, justificándolo con la Constitución, y en México, como hemos hablado, el eslabón legal es el último, primero está la violencia.

En el libro cuentas cómo uno de tus compañeros, tras haber sufrido en su propia piel la violencia, decide dejar de incomodar con sus escritos, porque “una nota no vale la vida”. Y eso es totalmente cierto, ninguna noticia merece ese nivel de sacrificio. ¿Por qué sigue mereciendo la pena luchar por el periodismo?

Es la posición que yo elegí para aportar algo a la sociedad. Creo que desde el periodismo se pueden articular ciertos cambios, impulsar soluciones, se puede concienciar a la gente.

¿Crees que la falta de libertad de prensa que existe ahora en México es causa o consecuencia de la situación de violencia que se está viviendo en el país?

Yo creo que ambas. Los medios de comunicación, como poder, han sido muchas veces comparsa de lo que ha sucedido en México, parte del problema. Recuerdo que en 2011 hubo un pico de violencia muy fuerte y todos los medios firmaron un acuerdo para no cubrir la violencia, porque decían que hacerlo sería hacer apología de esta violencia. Es un contrasentido, porque no estás representando lo que pasa en la calle.

"Hay que pensar que en México no todo es violencia"

Han pasado siete años y la cosa sigue igual. Ese convenio entre medios se fue rompiendo porque era como darle la espalda a la realidad. Hemos sido parte de ese juego, que se impuso desde el poder económico y político. Se ha cambiado ese esquema, ahora se vuelve a cubrir la violencia de frente, pero sí es necesario mucho más.

Hay que pensar que en México no todo es violencia. Hay grandes trabajos periodísticos que indagan la corrupción y la impunidad. Acaban de darle el premio Ortega y Gasset a los compañeros de Animal Político, que hicieron un reportaje que se llama La estafa maestra, indagando un desvío de siete mil millones de pesos de dinero público. Hasta ahora, el reportaje más importante sobre corrupción es La Casa Blanca, de Rafael Cabrera y el equipo de Aristegui Noticias. Son temas que están muy bien hechos, muy bien documentados, pero que no llegan a un juez.

Todo se queda en el papel, en el impreso, o en el píxel, en lo digital, no hay repercusiones a nivel judicial. Te das cuentas de que toda en esa corrupción que pasó en los 60, en los 80, en los 2000, que no se cubrió en los medios, estos eran parte de ese conglomerado de corrupción. Ahora hay medios que sí indagan y cuentan lo que pasa.