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Llega el pulso final entre Sarkozy y los sindicatos

Los franceses saldrán dos veces a la calle esta semana para defender las pensiones

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Tras seis jornadas de acción, huelga o movilización y casi un año de trabajo de fondo, los sindicatos franceses llegan esta semana a la confrontación final con el presidente Nicolas Sarkozy por la reforma de las pensiones. Por primera vez, los paros que arrancarán el martes serán 'reconducibles' (indefinidos) en ciertos sectores. Sarkozy, frente a una opinión pública favorable a las centrales y frente a un movimiento que se extiende, ha optado por algunas concesiones entre bastidores y por una aceleración de la tramitación del proyecto de ley.

El Elíseo reconoció oficiosamente a finales de la semana pasada que la movilización sigue siendo 'fuerte' al cabo de seis jornadas de acción estiradas a lo largo de casi ocho meses. Y no sólo es 'fuerte', sino que recibe refuerzo en tropas. Entre 40 y 80 institutos del país estuvieron bloqueados la semana pasada por los estudiantes, y unos 15.000 salieron a manifestar, desde lo alto de su adolescencia, 'por nuestras pensiones de jubilación'. La movilización juvenil es lo que Sarkozy más querría evitar y, para intentar comprar esa calma, había efectuado concesiones en materia de becas estudiantiles y residencias universitarias.

La huelga general de mañana ya es la séptima en lo que va de año

No funcionó, y los equipos del presidente ven ahora desmentida su profecía inicial, según la cual, pasadas algunas manifestaciones, el movimiento iba a agotarse y morir. Antes al contrario, esta semana el calendario sindical se acelera: huelga y manifestaciones mañana martes, paro en algunos sectores transportes, correos, puertos, química y refinerías, entre otros que se prolongarán por tiempo indefinido; y el próximo sábado habrá más manifestaciones.

Los ocho sindicatos no están totalmente de acuerdo sobre una huelga general indefinida, y han optado por mantener lo que llaman 'el pluralismo del movimiento'. El principal sindicato y pivote de la acción, la Confederación General del Trabajo (CGT), es el encargado de lanzar un globo sonda: se trata de ver si la opinión pública, favorable a las huelgas según los sondeos, seguirá apoyando los paros cuando empiecen a paralizar el país. Queda por ver si los ciudadanos mantienen el apoyo a las protestas cuando hacen colas durante horas ante las gasolinera y los trenes no llegan.

La reacción del Gobierno ante el empuje de la revuelta ha sido doble. El primer ministro, François Fillon, visitó a diez soldados heridos en Afganistán de regreso a Francia. Y dijo: 'En una sociedad que a veces da la sensación de ser más reivindicativa que constructiva, esos diez heridos me dieron un formidable mensaje de esperanza'.

Sarkozy dio orden a los senadores conservadores de abrir paso a enmiendas con nuevas concesiones marginales en el proyecto de recorte de pensiones, para las madres con niños, fundamentalmente. No obstante, al mismo tiempo ordenó acelerar la aprobación de la reforma que prevé elevar la edad de jubilación de 60 a 62 años, y la edad con derecho al 100% de la pensión de base, de 65 a 67 años.

Los paros serán, por primera vez, indefinidos en algunos sectores

Ambas decisiones se aplican a un proyecto de ley que, tras su paso por la Asamblea Nacional y el Senado, ya no es el inicialmente prometido por Sarkozy. El endurecimiento del acceso a la pensión se aplicaría progresivamente, a partir de julio de 2011 para algunas generaciones. La reforma sólo entrará plenamente en vigor para todos en 2023.

Así pues, el presidente ya no pugna por el gran recorte tajante de pensiones públicas que él deseaba y que los mercados financieros le exigían para poder echar el guante a los 120.000 millones de euros anuales de financiación suplementaria que exigirán las pensiones en 2050.

Sarkozy pugna ahora para poder dar un pequeño paso más en el debilitamiento del sistema público y ofrece concesiones a cambio, como ya ocurrió en Francia en 1993, 2003 y 2007. El presidente apuesta por una operación de imagen. Con el retraso de la jubilación de algunos cientos de miles de ciudadanos entre julio de 2011 y primeros de 2012, obtendría un efecto de reducción del déficit del sistema de pensiones. De corta duración, pero eso sí, a punto para la campaña presidencial de 2012.

Para que esa operación de imagen funcione, Sarkozy necesita neutralidad sindical al término del conflicto. No es seguro que quieran dársela las centrales tan cerca de la carrera presidencial, y después de un enorme trabajo de fondo de meses. Hoy, hasta en los rincones más recónditos de Francia se encuentra uno con bibliotecas y bares donde algún ciudadano de a pie es capaz de explicar por qué el tijeretazo de Sarkozy es 'ineficaz e injusto', y por qué las reformas alternativas son positivas y viables.

'Podemos ganar gracias a la convergencia de las movilizaciones interprofesionales e intergeneracionales', reza el último comunicado de los grandes sindicatos. Una de las mejores analistas políticas del país, Françoise Fressoz, de Le Monde, cree saber ya que para Sarkozy 'dar marcha atrás, no forzosamente es renegar'. Y ese 'oportunismo', escribe, tiene una consecuencia: 'La correlación de fuerzas entre el Gobierno y la calle será la que decida cómo se hará la reforma de las pensiones'.