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"Si llevamos a los heridos al hospital, los arrestan allí"

Omar Al-Audat es el nombre falso con el que prefiere preservar su identidad uno de los testigos más privilegiados de lo que está pasando en las calles de Siria

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El aparato de seguridad, cuando se enfrenta a los manifestantes, sigue un estricto protocolo. Al grito de Abu Hafez [apelativo con el que se conoce popularmente al presidente sirio, Bashar al Asad], se dirigen hacia ellos. Suena como un gran fragor bélico. Intentan así inducirles miedo. Antes funcionaba y al principio los manifestantes se dispersaban, ahora no. Cuando llegan hasta la multitud, empiezan a repartir golpes. La gente suele responder arrojándoles piedras. Después la seguridad lanza bombas lacrimógenas.

Si así tampoco consiguen que se disuelva la manifestación, comienzan a disparar munición de fragmentación. Al explotar, la pequeña metralla resultante empieza a herir a los concentrados, en la mayoría de los casos con carácter leve. Si los manifestantes siguen sin dar su brazo a torcer, empiezan los tiros con munición de guerra. Durante el primer mes, solían disparar a las piernas. Ahora, al pecho o a la cabeza. Habitualmente, de cada 150 miembros de la seguridad, 10 están armados con rifles o ametralladoras. El resto lleva palos. El Ejército tampoco lleva armas. Sólo porras. ¿Por qué? Porque el Ejército está compuesto por chicos de todas las castas sociales y religiosas. Podrían negarse a disparar o utilizarlas en la otra dirección. Sin embargo, la élite armada es alauí [la religión a la que pertenece la familia Al Asad]. Son los más fieles. Por eso llevan las armas.

'Durante el primer mes, disparaban a las piernas. Ahora, al pecho o a la cabeza'

Los francotiradores también siguen instrucciones. Normalmente, cada uno no suele matar al día a más de dos ciudadanos. Ésas deben de ser las órdenes. Ni hieren a más de 25 o 30. Naturalmente, los primeros en morir son los líderes de las manifestaciones. Saben que al coger el micro y dirigir las proclamas probablemente no vuelvan a sus casas y, aun así, lo hacen.

Cuando comenzaron las protestas, solían tener más cuidado con los niños. Ya no. Les pegan y detienen como a otro cualquiera. Y les pegan mucho.

Con frecuencia dan palizas entre varios agentes a una sola persona tirada en el suelo. Después los meten en un furgón y los detienen. Arrestan a personas entre los 11 y los 70 años. Da igual. Hemos atendido a heridos de bala incluso en Al-Qabbun, donde los manifestantes iban con el pecho descubierto y empuñaban rosas.

'Detienen y pegan a los niños como a otro cualquiera. Y les pegan mucho'

Nos ponen muchos impedimentos para llegar a los heridos. Aguardamos tras el cordón de seguridad. Sólo podemos atender a los que nos filtra la seguridad. Ellos deciden quiénes deben ser rescatados y quiénes no. Si solicitamos permiso para atender a heridos que sabemos que están graves, nos lo deniegan. 'Está prohibido. No podéis pasar. Dejad que mueran, se lo merecen', me han dicho varias veces.

Preferimos atender a los heridos a los que tenemos acceso en la propia calle. Ellos también lo prefieren así. Si los llevamos al hospital, serán arrestados allí, posteriormente, por la seguridad.

Debo decir que he visto a muchos agentes de seguridad heridos. Incluso con heridas de bala. Es cierto, hay gente que utiliza armas de fuego. Sin embargo, representan a la minoría. No por ello estoy diciendo que, como sostiene el Gobierno, haya grupos armados. No, no están organizados entre sí. Son ciudadanos armados y aislados.