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Lugansk y Donetsk , el fortín de los rebeldes prorrusos

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Los separatistas prorrusos, expulsados ayer de la ciudad de Slaviansk por las fuerzas ucranianas, se preparan para dar la batalla por Donetsk y Lugansk, las capitales de las dos regiones homónimas del Este del país, que suman entre ambas un millón y medio de habitantes.

Las milicias de Slaviansk y sus alrededores dejaron esta madrugada las últimas ciudades de la zona, que se rindió el sábado tras más de dos meses de encarnizados combates, y trasladaron todas sus fuerzas al área de Donetsk, una de las urbes más importantes y prósperas de toda Ucrania.

Grandes columnas de milicianos fueron vistas ayer en las ciudades de Górlovka y Yenákievo, puerta de acceso a la capital de la región, a unos 30 kilómetros al norte de ésta, por la carretera que la une al área de Slaviansk.

El jefe de las milicias de Slaviansk, Ígor Strelkov, identificado en Kiev como el oficial de la inteligencia militar rusa Ígor Guirkin, anunció que sus hombres se disponen a preparar la "defensa activa" de Donetsk, "mucho más cómodo de defender que el pequeño Slaviansk".

El jefe de los insurgentes explicó que al menos un 80% de sus hombres y el 90 % de sus blindados, vehículos y armamento pudieron romper el cerco de los militares ucranianos y salir de la ciudad gracias a una maniobra de distracción de un grupo de milicianos. La mayoría de los rebeldes que atacaron las posiciones de las fuerzas ucranianas para permitir que el grueso de las milicias abandonara Slaviansk perdieron la vida, reconoció Strelkov.

En una de sus primeras acciones para consolidar sus posiciones en la capital, los sublevados atacaron una unidad de elite del Servicio Penitenciario del Estado (SPE) acuartelado en Donetsk.

"Un gran grupo de terroristas ataca el cuartel de las fuerzas especiales para hacerse con sus armas. Los nuestros se defienden disparando", escribió en su cuenta de la red social Facebook el jefe del SPE, Serguéi Stárenki.

Los militares ucranianos también tienen sus planes para actuar en las dos capitales, en manos de los separatistas, donde ya han descartado emplear la aviación y el fuego de artillería pesada.

La táctica de las fuerzas ucranianas "excluye bombardear las ciudades", dijo hoy el secretario general del Consejo de Seguridad Nacional y Defensa de Ucrania, Andréi Lisenko.

"Las acciones en las ciudades es un minucioso trabajo para los cuerpos de elite ucranianos", añadió.

El ministro de Interior ucraniano, Arsén Avákov, recalcó hoy que las tropas "seguirán avanzando todos los días", de acuerdo con un "plan de acción elaborado por el Estado Mayor".

En Luganks, donde ya hace semanas que los combates entre los dos bandos han llegado a los barrios periféricos de la ciudad, muy próxima a la frontera con Rusia, algunas zonas residenciales fueron atacadas hoy con fuego de artillería procedente de las posiciones de los insurgentes, según Kiev.

"Los terroristas atacan con fuego de artillería zonas residenciales en las proximidades de la estación ferroviaria y la estación de autobuses de Lugansk", denunció el gabinete de prensa de las fuerzas ucranianas.

Atemorizado por la perspectiva de que los combates lleguen a la capital de su región, el gobernador de Donetsk designado por Kiev, Serguéi Taruta, pidió a las autoridades ucranianas que negocien con los rebeldes y no permitan que el derramamiento de sangre llegue a una ciudad en la que vive un millón de personas.

No obstante, el Gobierno ucraniano y el propio presidente del país, Petró Poroshenko, no parecen dispuestos a frenar la operación militar relanzada hace seis días, después del alto el fuego que regía desde el pasado 20 de junio.

No habrá más treguas hasta que los rebeldes entreguen las armas y liberen a los prisioneros, dice el Gobierno

El jefe del Consejo de Seguridad Nacional aseguró hoy en rueda de prensa que, por orden expresa de Poroshenko, ya no habrá más ceses de hostilidades unilaterales, a menos que los rebeldes entreguen las armas y liberen a los prisioneros.

Las condiciones para un nuevo alto el fuego expuestas por Lisenko poco tienen que ver con las ofrecidas por el presidente ucraniano hace tres días en una conversación que mantuvo con el vicepresidente de EEUU, Joseph Biden.

Entonces, Poroshenko accedió a negociar con los separatistas y a restablecer el alto el fuego si éstos se comprometían a respetarlo plenamente y a liberar a los prisioneros, pero no les exigía que depusieran las armas.

"Los acontecimientos de los últimos días demuestran (...) que la decisión de dar por concluido el alto el fuego fue la correcta. Los guerrilleros no lo apoyaron y ahora afrontan y seguirán afrontando un justo castigo por ello", aseveró ayer Poroshenko en un tono poco conciliador.

El mandatario dejó claro que sus órdenes a los militares ucranianos no han cambiado y el objetivo sigue siendo "estrechar el cerco a los terroristas y continuar con la operación para liberar las regiones de Donetsk y Lugansk".

Este sábado concluyó el plazo acordado a mediados de semana por Kiev, Moscú, París y Berlín para celebrar la tercera ronda de consultas del llamado grupo de contacto para la crisis ucraniana, integrado por Rusia, Ucrania, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) y los separatistas prorrusos.