Publicado: 13.12.2013 07:25 |Actualizado: 13.12.2013 07:25

De Maastricht al saqueo de Atenas

La Unión Europea de los recortes y la austeridad tiene su origen en su propia creación. El Tratado, aquel que prometía la integración entre pueblos y que dio vida a la Comunidad, fue el germen de las políticas econ&oa

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Los hombres de negro campan a sus anchas. La soberanía de los Estados se bate en retirada a medida que los enviados de la troika (Comisión Europea, Banco Central Europea acompañados del Fondo Monetario Internacional) imponen sus recetas. La crisis abrió la veda para una batería de ajustes que recortan cada vez más y más derechos y preconizan un aumento de las desigualdades en la Unión Europea (UE). Sin embargo, la derrota del poder político frente al económico no es algo de ahora y ni siquiera de los últimos años. Todo empezó en una ciudad holandesa.

El Tratado de Maastricht del 7 de febrero de 1992 definió el "proyecto de integración europeo" tras los progresos realizados en el Acta Única de 1986. Prometía, en un mismo paisaje comunitario, "desarrollar la dimensión social de la Comunidad, reforzar la legitimidad democrática de las instituciones y mejorar su eficacia".

"Los objetivos de Maastricht tienen que ver con la inflación, el déficit, la deuda y el tipo de interés"

El contrato hablaba también de fortalecer las competencias del Parlamento Europeo y auguraba una unión entre pueblos bajo una ciudadanía europea sin límites fronterizos. La UE se postulaba en su creación como un equilibrio entre los mercados y las necesidades socioeconómicas de la población, una armonía que se encargaba de desestabilizar otro de sus puntos fundacionales: la puesta en marcha de una unión económica y monetaria.

"Desde sus inicios se trata de un proyecto para reconstruir y defender al capitalismo europeo enmarcado dentro de una alianza político-económico-militar con Estados Unidos. Nunca ha sido un proyecto al servicio de los intereses de los trabajadores o de la mayoría de la ciudadanía", explica Josep María Antentas, profesor de Sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB).

El sociólogo remarca que esa concepción neoliberal, que ha estado siempre presente en la UE, se acentuó con la llegada de la moneda única en 2002 y se relanzó con los siguientes tratados (Ámsterdam, 1997; Niza, 2001), que sirvieron para terminar de definir ese proyecto de integración. "Su máximo expresión fue en el 2005 cuando fracasó el intento de aprobar la llamada Constitución Europea con el ‘no' francés, pero que finalmente se rescató con otro disfraz, el del Tratado de Lisboa de 2007".

"La UE mantiene una relación imperialista con los países del Sur y está comprometida con una política militarista"

Fernando Luengo, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la asociación econoNuestra, añade que "lo que se plantea en Maastricht son objetivos que tienen que ver con la inflación, el déficit, la deuda y el tipo de interés y que después tendrán su culminación en el euro, un espacio económico al servicio fundamentalmente del capital financiero. La convergencia productiva y social, el crecimiento, la sostenibilidad, el empleo... quedan fuera de la agenda".

Tanto el economista como el sociólogo comparten la idea de que, al amparo de estos conceptos, Europa utiliza la retórica para legitimar su proyecto económico. "Protocolariamente siempre se habla de cohesión social. Pero esa idea primitiva de que la UE era una economía social de mercado se perdió hace tiempo, mucho antes incluso de que estallara la crisis", comenta Luengo, a lo que Antentas agrega: "La UE no es ningún paraíso de los derechos humanos, ni en casa ni a escala mundial. Mantiene una relación imperialista con los países del Sur y está comprometida con una política militarista a nivel internacional. Desde este punto de vista, asociar a Europa con un paradigma de democracia es en gran parte una retórica para legitimar un modelo basado en el neoliberalismo".

La propia estructura de la UE propicia el control de la agenda europea por parte de los mercados. El Parlamento Europeo apenas tiene competencias, las decisiones se toman en consejos. El entramado en Bruselas de la Comisión Europea, el poder ejecutivo real de la UE, está organizado de tal forma que sus estructuras quedan ajenas a la fiscalización de los ciudadanos, que, además, no tienen ningún poder de elección directa sobre la composición de sus miembros. El profesor de Sociología apunta además que la relación entre los Estados miembro está totalmente jerarquizada, donde las economías de los países periféricos -con Grecia, Portugal y España a la cabeza- han quedado subordinadas a la de los países centrales, algo que se ha potenciado con la crisis.  

Dentro de ese andamiaje aparecen las autoridades monetarias, encargadas de repartir austeridad bajo la bandera del rescate financiero. "Decir que el Banco Central Europeo (BCE) es antidemocrático se queda corto. Los Gobiernos nacionales se pliegan a los planteamientos de la troika, que lleva a Europa a una deriva autoritaria. La gran banca ha tomado el poder y ha consolidado una Unión fracturada. Esas fracturas han ido creciendo con el tiempo y se han multiplicado con la crisis", comenta Luengo.

"La unión monetaria ha conducido necesariamente al endeudamiento masivo de familias y empresas"

El economista hace hincapié en que el camino de la UE ha seguido un trazado lógico hasta llegar a una economía basada en la deuda, inventada e impulsada por el motor económico comunitario -bancos, inmobiliarias, brókers financieros-, y afirma con total seguridad: "La unión monetaria ha conducido necesariamente al endeudamiento masivo de familias y empresas". El sociólogo Antentas incide en que las políticas de austeridad son una consecuencia de un modelo basado en el neoliberalismo y recuerda que "estamos asistiendo a una transferencia masiva de recursos y derechos de la mayoría de la población a los bolsillos de una minoría financiera".

El poder económico ha ido de la mano del diseño conservador de la UE, ante lo que la socialdemocracia, cuando inundaba de rojo el mapa del continente, tampoco hizo nada. "Los Gobierno socialdemócratas, uno detrás de otro, se han ido adaptando a la economía dominante y desde hace décadas no han presentado una alternativa económica distinta a la de la derecha. En el marco de la crisis lo hemos visto claramente. A la hora de imponer recortes y austeridad no cambia mucho un color del otro", detalla el profesor de la UAB.

Mientras, la insatisfacción ciudadana sigue en aumento. Lo que supone un caldo de cultivo para alternativas populistas y reaccionarias, pero también para crear las condiciones necesarias para propuestas a la izquierda de la socialdemocracia que puedan aprovechar la crisis de credibilidad, como destaca el asesor de comunicación Antoni Gutiérrez-Rubí, de los partidos tradicionales. "Están emergiendo nuevas expresiones en lo político formales e informales que compiten, que concurren y que de alguna manera estimulan el proceso de renovación", señala Rubí. El experto apunta también a una falta de liderazgo y de consenso y defiende que, de cara a las próximas elecciones europeas, "cuanto más fuerzas políticas presenten candidatos, cuanto más fuerzas se agrupen y se coordinen en plataformas europeas, el peso político se fortalecerá ante los instrumentos económicos, lo que sería muy conveniente para la democracia europea".

"La periferia europea será el espacio donde los cambios sociales serán más drásticos y más notables"

En tal caso, Antentas remarca que es un proceso que necesita madurar y que puede tener en los distintos procesos electorales una oportunidad de enseñar nuevas tendencias y terminar de dar la puntilla a la crisis del bipartidismo. "Sin iniciativas nuevas se corre el riesgo de que al final los partidos tradicionales se recompongan. La variable es que estas alternativas canalicen el malestar, la apatía, la abstención, el voto resignado a los de siempre. Falta algo que dé el click. Las elecciones europeas pueden ser una ocasión", añade.

"Necesitamos otra Europa productiva y social con otra arquitectura institucional", pide el economista Luengo, que denuncia que "están ocurriendo cosas que no tienen visibilidad macroeconómica pero que son un desastre social, científico, cultural y educativo". Sin duda, y de momento, el caso de Grecia ha sido el más sangrante. "Es el eslabón más débil de toda la cadena y, seguramente, el siguiente sea España", remarca Antentas. "Tras la crisis, Europa será distinta, será un continente mucho más desigualitario. Y dentro de esa Europa, la periferia europea será el espacio donde los cambios sociales serán más drásticos y más notables", concluye el sociólogo.