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La maldición de Al Qaeda en Malí

Los secuestros de los grupos afines a la organización terrorista perjudican a la región más pobre de África

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El hombre propone y dios dispone. Es un dicho musulmán escrito en las paredes de algunas mezquitas de la región de Gao, en el norte de Malí, una zona que propone no sufrir el terrorismo islámico aunque Alá disponga lo contrario. Son pocas las noticias que se tienen sobre la actividad real de terrorismo islámico en Malí, como un solo secuestro en su territorio, la muerte del islamista radical Imad abd-Iraki o la presencia en el norte en varias ocasiones de A. Q. Khan, padre de la bomba atómica paquistaní, según los servicios secretos del país. Pero el eco internacional es tan nocivo y decisivo que provoca un daño gravísimo a la región más pobre del continente africano.

'Las embajadas de Francia, España o Italia piden a sus nacionales que no vengan al norte', explica el comisario Diallo, de la policía de Gao, la última ciudad poblada antes de llegar a Kidal, donde se esconden los terroristas de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI) que mantienen retenidos a los tres cooperantes españoles, 'pero yo jamás me he encontrado en Gao con uno de esos terroristas'. Desde el secuestro en suelo maliense del francés Pierre Camate en Menaka, las autoridades obligan a los turistas a viajar por carretera con escolta militar. 'Se trata simplemente de medidas de seguridad contra los bandidos', asegura Diallo.

Los turistas sólo pueden viajar por carretera con escolta militar

La economía del pueblo depende en un 80% del turismo. Bongo, un comerciante ambulante de collares resume la situación: 'Ya no vienen los extranjeros por aquí, es terrible'. Bongo se apoya en los brazos para salir del restaurante, perdió las dos piernas durante la rebelión de los Tuareg (2007-2009), uno de los primeros signos de inestabilidad y de injerencia del terrorismo en el Sáhara maliense.

Desde entonces, la región del Kidal, colindante con Argelia, padece una violencia creciente, con ajustes de cuentas entre narcotraficantes de armas o cocaína entre las tribus nómadas del norte, zona de paso de la droga y de la inmigración ilegal que tiene como destino Europa.

Es en esa región donde se cuece a fuego lento el caldo de cultivo perfecto para el reclutamiento de AQMI. Son pueblos nómadas, pobres, que viven en un desierto con condiciones de vida que empeoran con el cambio climático.

'En un año, AQMI ha pasado de tener 200 a 800 efectivos'

Los terroristas se ganan la simpatía de la población dándoles ayuda, leche para niños, medicinas, impartiendo ley y justicia local en zonas áridas que se sienten muy lejos del poder central de Bamako.

'El sentimiento generalizado entre los jóvenes es de frustración y abandono. Eso les empuja hacia el tráfico de drogas, el contrabando, el terrorismo. En un año, el número de efectivos del AQMI ha pasado de 250 a cerca de 800 terroristas', explica Hama Ag SidAhmed, portavoz de los Tuareg de Malí, en una entrevista en El Watan.

La policía española detuvo a 14 de sus miembros en Barcelona en 2008

En el Kidal, los aliados más significativos de los terroristas son los Tablighi, de la división del Islam Jamaat al Tablighi, seguidores del Islam en su versión más pura. Diversos servicios de inteligencia alertan sobre su potencial amenaza en la captación y radicalización de militantes radicales y terroristas en la zona. En Barcelona, la policía detuvo, en 2008, a 14 miembros de este grupo que acumulaba material para la fabricación de explosivos, según Balder Hageraats, especialista en el terrorismo en el Sahel.

Las consecuencias para Kidal, Gao y Tombuctú son devastadoras. El director cultural de la ciudad, Mohamed Al Moctar Tongo, se deshace en elogios de Gao. 'El centro del intercambio comercial transahariano con la España musulmana', dice Tongo.

'Libros, oro, sal, especias y ornamentos en el siglo XII llegaban a Al Andalus', cuenta satisfecho junto al caudaloso río Níger, 'pero ahora se lo podemos contar a pocos si los turistas dejan de venir'.

En el norte del país parece no compensar la generosa ayuda estadounidense al desarrollo a cambio de convertir al Sahel en un nuevo escenario para la guerra contra el terror. 83 millones de euros para el periodo 2008-2013 con una doble intención: el interés por el potencial energético de toda la franja del Sahel, gas y petróleo en cantidades muy prometedoras.