Publicado: 03.05.2014 08:24 |Actualizado: 03.05.2014 08:24

"Mandela me dijo que no era Jesús pero que estaba preparado para morir por su pueblo"

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En su brazo derecho luce una pulsera plateada con la cifra 46664, el número de identificación de Nelson Mandela como preso en las cárceles del apartheid sudafricano. Él, Andrew Mlangeni, tenía asignado el 46764. Los dos fueron condenados a cadena perpetua en el conocido proceso de Rivonia, por el que diez líderes del Congreso Nacional Africano fueron juzgados por 221 actos de sabotaje contra el régimen racista de Sudáfrica.

Tiene 89 años. Habla pausado y con voz grave. Penetrante. Se ha desplazado hasta el campamento de refugiados saharaui de Dajla para reivindicar el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui y atiende a la prensa en la casa del campamento que le ha sido asignada.

"Tuvimos que responder al gobierno represivo del apartheid por la fuerza, porque ellos estaban utilizando la fuerza contra nosotros

Con la primera pregunta comienza la bronca a los escasos periodistas presentes. "Vosotros hacéis fotos, habláis con la gente, hacéis entrevistas y después volvéis a vuestro país y no habláis. Os quedáis con todo lo que habéis visto como una experiencia personal. Tenéis que contarle al mundo lo que está pasando aquí. Vosotros hacéis que este conflicto esté olvidado", abronca Mlangeni con el dedo en alto, quejándose de que apenas se publican imágenes de las condiciones de vida de los saharauis.

Con esta primera bronca, Mlangeni comienza a dar su opinión sobre la situación del pueblo saharaui y a comparar su lucha con la del Congreso Nacional Africano. Y de ahí fue imposible moverle. "En Sudáfrica, para llegar desde donde estábamos hasta la situación de hoy tuvimos que responder al gobierno represivo del apartheid por la fuerza, porque ellos estaban utilizando la fuerza contra nosotros. Nos estaban encarcelando, pegando, y no podíamos estar con los brazos cruzados mientras que el Gobierno blanco del apartheid nos maltrataba. Mi organización tuvo que tomar una decisión. ¿Qué íbamos a hacer cuando nuestros hijos estaban siendo asesinados?", se pregunta Mlangeni.

Este razonamiento le sirve para sostener su conclusión final: "Recomiendo a la juventud volver a a las armas", asegura este hombre, que argumenta que el pueblo saharaui no tiene otra opción ya que "ningún gobierno que esté en el poder lo cede voluntariamente, especialmente si la tierra que ocupa esta llena de recursos", como el Sáhara Occidental. "Venden el pescado saharaui y los beneficios no repercuten en ellos. Están siendo atracados en su propia tierra y oprimidos por un país extranjero. ¿Qué puede hacer la gente? ¿Continuar con los brazos cruzados?", insiste Mlangeni.

Mlangeni también ve similitudes entre la causa saharaui y la enseñanza que él extrajo de su amistad con Nelson Mandela, que no es otra que amar a "tu gente y a tu pueblo". "Mandela me dijo: 'Prepárate a morir por nuestro pueblo. No soy Jesús, pero estoy preparado a morir por los derechos de mi pueblo, de mi gente', recuerda este hombre, que señala que el pueblo saharaui tiene que estar "preparado para liberar su país por la fuerza si es necesario". "Eso aprendí de Mandela: amar a mi país y a mi gente", sentencia.