Publicado: 09.01.2014 07:00 |Actualizado: 09.01.2014 07:00

El mapa del norte de Siria se dibuja de nuevo

Si no surgen problemas internos entre sus rivales, los yihadistas radicales de Daash tendrán que replegarse y puede que incluso desaparezcan del teatro sirio

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El reino del terror domina amplias regiones de Siria, especialmente en el norte del país, en torno a las ciudades de Alepo, Idlib y Raqqa, donde el Estado Islámico en Irak y el Levante (Daash) ha impuesto la ley islámica más radical, y con ella las ejecuciones sumarias, los secuestros, la tortura y los castigos ejemplares.

Daash es una organización vinculada a Al Qaeda que sin embargo fue descalificada por su líder supremo, el egipcio Ayman al Zawahiri, el pasado 8 de noviembre. El emir de Daash, Abu Bakr al Bagdadi, ha rechazado esta descalificación y ha enviado emisarios a Zawahiri para reconducir la situación.

Bagdadi estableció Daash en abril de 2013, hace menos de un año, con yihadistas oriundos de un sinfín de países que resolvieron que este grupo se atenía a sus ideales y estaba avalado por el del Estado Islámico en Irak, una organización que luchó con ahínco contra Estados Unidos después de la invasión de 2003, y que todavía combatió y combate con más determinación a los chiíes. En pocos meses Daash pasó a dominar vastas extensiones del norte de Siria, desalojando a veces al Ejército Sirio Libre (ESL), el grupo rebelde que hasta hace poco contaba con el apoyo incondicional de Estados Unidos y Europa, y a otras organizaciones más o menos islamistas que desde el viernes pasado combaten contra Daash.

A los yihadistas no sirios se les denomina 'muhayirun', o sea 'emigrantes', y Daash cuenta con un buen surtido de ellos. Tienen fama de obrar con gran extremismo y no solo son temidos por los civiles sino también por el resto de los rebeldes. Proceden de Pakistán, Afganistán, los países árabes y los países occidentales. Un gran número de los 'muhayirun', los más temidos, son oriundos de Chechenia. No obstante, en las últimas semanas algunos líderes chechenos -no todos- se han desligado de Daash. No han sido los únicos. Otros grupos también han dado la espalda a Bagdadi y estas deserciones pueden haber contribuido a la creciente debilidad de Daash.

Algunos medios occidentales y de Oriente Próximo informaron en diciembre de que Estados Unidos había decidido dar un giro a su política con respecto a Siria. Las conversaciones del embajador estadounidense en Damasco, Robert Ford, que ahora pulula sin descanso de un lugar a otro, con los rebeldes condujo a una alianza entre las corrientes que la semana pasada lanzaron la ofensiva contra Daash. Los americanos se entrevistaron primero con el nuevo Frente Islámico, una organización a la que se han afiliado distintos grupos más o menos islamistas que luchan para defenestrar al presidente Bashar al Assad y crear en Siria un estado regido por la sharia.

De esta manera los estrategas de Washington reconocieron que sin los islamistas no había oposición, máxime cuando el abigarrado ESL se vio incapaz, una y otra vez, no solo de ampliar su zona de dominio, sino de mantener las posiciones que había conquistado desde que se inició la revuelta en marzo de 2011. ¿De dónde obtiene Daash los recursos financieros y el armamento tan costoso? Todo indica que existen dos canales. El primero lo forman fanáticos islamistas de los países sunníes de la península arábiga que hacen llegar sus donaciones a los yihadistas directamente con la esperanza de ver realizado su sueño de que se forme en Siria un estado islámico con todas sus consecuencias.

Es probable que si no surgen problemas internos entre sus rivales, Daash tenga que replegarse o incluso desaparezca del teatro sirio

El segundo canal está relacionado con países que están dispuestos a combatir a los chiíes por todos los medios, como Arabia Saudí o Qatar. De hecho, esta semana el gobierno chií de Bagdad ha acusado a Arabia Saudí de proveer a Daash con armas que no solo usa en Siria sino también en Irak. Estados Unidos y Europa lo saben, por supuesto, pero miran para otro lado y no cortan el mal de raíz. Desde el viernes, Daash ha sufrido un revés tras otro, principalmente en las áreas de Idlib y Alepo. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos, que tiene su sede en Londres, dice que la sede de Daash en Alepo cayó ayer en manos de sus rivales. Esta sede se encontraba en el Hospital Infantil, en el barrio Al Qadi al Askar, donde también había decenas de prisioneros sirios y extranjeros. En octubre el periodista español Marc Marginedas, de El Periódico, estaba allí junto con otros prisioneros.

Los yihadistas de Daash no han podido frenar los avances de sus rivales y numerosas de sus posiciones, especialmente las más aisladas y en las que había dotaciones pequeñas, han caído una tras otra. Ahora mismo es difícil hacer un pronóstico, pero es probable que si no surgen problemas internos entre sus rivales, Daash tenga que replegarse o incluso desaparezca del teatro sirio. Ahora bien, esto no significa que los islamistas radicales vayan a borrarse del mapa, puesto que entre sus rivales existen grupos casi tan extremistas como Daash que ahora cuentan con el apoyo de Estados Unidos y Europa, al menos en la actual coyuntura.

Los próximos días y semanas serán determinantes para ver cómo se dibuja el norte de Siria. Se decidirá qué formaciones yihadistas siguen operando y reciben ayuda de Estados Unidos y sus aliados para combatir a Assad. No es por casualidad que todo esto ocurre mientras se prepara la conferencia de Ginebra-2 sobre Siria, para la que faltan menos de dos semanas. Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, hasta ayer habían muerto unas 385 personas en los combates que se desencadenaron el viernes en el norte del país. De ellos, 56 eran civiles, 131 eran yihadistas de Daash y 198 pertenecían a las facciones rivales.