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La memoria del 11-S logra unir a los líderes de Estados Unidos

Obama y Bush acuden juntos a la ceremonia por las víctimas de la Zona Cero. También se recuerda a los muertos de Shanksville y Washington

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Fue una mañana tan rutilante como la de hace diez años. Una de esas mañanas de finales de verano en las que Nueva York brilla con todo su esplendor, pasados los tremendos calores estivales y a punto de cruzar el umbral del otoño. Bajo un sol espléndido y una ligera brisa de la bahía, Manhattan se convirtió en el centro de un luto nacional que conmocionó al mundo.

La ocasión juntó por primera vez a Barack Obama y a su antecesor en la Casa Blanca, George Bush, en la Zona Cero, un importante símbolo de unidad en un país que vive momentos de máxima crispación política. De hecho, hace sólo unos meses, en mayo, el expresidente republicano prefirió no acompañar a su sucesor cuando este visitó por primera vez el lugar de los atentados con motivo de la muerte de Osama Bin Laden.

Bush estaba emocionado y su esposa Laura sacó un pañuelo

Las cámaras mostraron ayer a las dos parejas presidenciales, cordiales pero algo distantes, cuando se acercaban al monumento conmemorativo antes de situarse en el estrado, detrás de una mampara antibalas. Bush estaba visiblemente emocionado, Laura, su esposa, incluso sacó un pañuelo.

En unas brevísimas intervenciones, los mandatarios se arroparon en la Biblia y en las tragedias clave de la historia estadounidense para encontrar consuelo, alivio y quizás un amago de explicación ante un acto terrorista.

Los equipos de rescate no fueron invitados por 'falta de espacio'

Obama recitó el salmo 46. 'Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida y se traspasen los montes al corazón del mar'. Bush leyó una carta de Abraham Lincoln escrita en 1864 a la madre de cinco hijos perdidos en la guerra civil. El gobernador de Nueva York, Mario Cuomo, mencionó las palabras de Franklin D. Roosevelt después del ataque de Pearl Harbor, en las que pidió 'fuerza y unidad' al país. El exalcalde Rudolph Giuliani citó el Eclesiastés. 'Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol, un tiempo para nacer y un tiempo para morir'.

Fue una ceremonia sobria, emotiva y al mismo tiempo espectacular, como sólo saben hacerlas los estadounidenses, perfectamente cronometrada para coincidir con los seis momentos de silencio que recordaron el impacto de los aviones en Manhattan, Shanksville y el Pentágono, así como el derrumbe de las dos torres.

Familiares de los fallecidos, por parejas, fueron leyendo los nombres de las 2.983 víctimas (las del 11-S y las de los atentados contra el World Trade Center en 1993). Algunos lo hicieron con solemnidad, otros apenas pudieron hablar, la voz llena de lágrimas. Llevaban fotos, medallas, y miraban al cielo para invocar a los desaparecidos. El evento empezó con las voces del coro juvenil de Brooklyn que entonó a cappella el himno nacional en un imponente silencio, rodeando la bandera estadounidense que ondeó en la zona cero en los primeros días del siniestro, entre los escombros de unas torres despedazas.

Las viejas glorias del pop James Taylor y Paul Simon amenizaron la mañana al cantar, por separado, acompañados de sus guitarras, dos de sus grandes clásicos, Close Your Eyes y The Sound of Silence. A los dos se les encogió la voz delante del micrófono.

Mientras seguían desgranándose los nombres, los familiares eran los primeros en visitar y tocar el monumento, dos grandes espacios de agua en la huella de las torres, con las inscripciones de los suyos. Dejaban flores o se hacían fotos, buscando consuelo en el mero hecho de estar ahí en una fecha tan simbólica.

No fue sólo Manhattan. La onda expansiva de los ataques afectó a todos los barrios de la ciudad y del vecino estado de Nueva Jersey, donde vivían muchos de los fallecidos. Los trabajadores que participaron en las labores de desescombro, y que no fueron incluidos en las ceremonias, 'por falta de espacio', celebraron sus propios homenajes en toda la zona. En la estación de bomberos 54 de la Octava Avenida, que perdió al mayor número de sus miembros; en la península de Rockaway, en Queens, hogar de muchos policías fallecidos; en Jersey City, donde vivían cientos de empleados del World Trade Center, o en la misma Catedral de San Patricio, se recordó a los desaparecidos.

En Shanksville (Pensilvania), que lucha por completar el monumento a las víctimas del vuelo 93 de United, el expresidente Bill Clinton anunció que volcaría sus esfuerzos, junto con el líder republicano de la Cámara de Representantes, John Boehner, en recaudar los diez millones de dólares que faltan de los 52 que costará la obra. Por la noche, en Washington, tras haber dejado una ofrenda floral en el Pentágono, el matrimonio presidencial asistió a un 'concierto para la esperanza' en el Kennedy Center.

Pero la vida sigue. Por la tarde los ánimos se calmaron, las nubes aparecieron para desdibujar el skyline y la parte baja de Manhattan volvió a la normalidad.