Publicado: 16.12.2013 07:50 |Actualizado: 16.12.2013 07:50

En la mente de un violador

Un año después de la brutal violación de una mujer en un autobús en Nueva Delhi, las leyes se han endurecido pero la sociedad sigue necesitando cambios para evitar que sucedan estos abusos.

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Se cumple el primer aniversario de la brutal violación de la joven de 23 años en un autobús privado en Delhi, el hecho que sirvió como llama para avivar las primeras manifestaciones contra la violencia hacia la mujer en India. 365 días después, se han endurecido las leyes y se ha dado un poco de voz a las víctimas, pero una pregunta sigue resonando en el aire: ¿Qué mueve al agresor a cometer el crimen?

Una de las premisas en las que coinciden la mayoría de los psicólogos que estudian el comportamiento de delincuentes sexuales, es el factor psicopatológico: "El violador tiende a deshumanizar a su víctima: deja de verla como una persona y la reduce a ser un objeto para su gratificación", explica Samir Parikh, director del departamento de salud mental del Hospital Fortis de Nueva Delhi.

Una vez deshumanizada la víctima, "cambia por completo la concepción del dolor: no son capaces de percibir al objeto como alguien que esté sufriendo -cuenta el Dr. Parikh- por eso no pueden sentir remordimiento". Su colega, el Dr. Yusuf A. Matcheswalla, apoya esta teoría. "Al tratarse de una psicopatología no serán conscientes de su problema, por lo tanto, no se plantean la cuestión de la culpabilidad o vergüenza", cuenta este especialista en desordenes sexuales. "¿Cómo van a sentir vergüenza si creen que lo que están haciendo es algo natural?", pregunta retóricamente Gopa Bhardwaj, profesora de psicología de la Universidad de Delhi.

Precisamente, es en esa naturalidad, en esa normalización, donde radica el principal problema y a la vez la razón más básica que explica la existencia de este grado tan alto de violencia hacia la mujer india. "Para entender la mente de un violador, tenemos que examinar nuestra propia cultura", alentaban en tono autocrítico a principios de este año, en un artículo publicado en Hindustan Times, tras la apertura de este tema al debate público.

Una idea que está profundamente arraigada en el imaginario colectivo y que provoca que la sociedad acepte las reglas de este juego."India es una sociedad patriarcal, donde el hombre domina y la mujer debe seguirle sumisamente", argumenta Bhardwaj, experta en psicología de género. Desde su pequeño despacho en la Universidad de la capital explica la paradoja que vive la mujer india, que es considerada una diosa cuando es virgen, pero cuyo valor cae en picado una vez que se haya casado. Además, "la gratificación sexual está tomada según la perspectiva machista: la imagen de la mujer está valorada según cuánto pueda satisfacer al hombre sexualmente", concluye Bhardwaj.

Una idea que está profundamente arraigada en el imaginario colectivo y que provoca que la sociedad, por costumbre o por simple pasividad, acepte las reglas de este juego. "Se entra en un círculo vicioso: si una chica es acosada en un autobús y, aunque esté rodeada de gente, nadie interviene, los chicos que la acosan se sentirán respaldados para seguir haciendo lo que hacen", comenta el Dr. Parikh.

La poca o nula intervención de la Justicia en India es patente. Según los últimos datos de la Oficina Nacional de Registro de Crímenes (NCRB), de 24.923 casos de violación documentados en 2012, sólo 3.563 tuvieron una resolución condenatoria. Esto ayudaría a entender la escasa concepción de "crimen" que tienen los delincuentes sexuales en el país asiático. "Los agresores no tienen miedo a ser castigados y piensan que no se les pedirá responsabilidad judicial por sus actos porque han visto cómo otros también han salido indemnes", explica el Dr. Parikh

Aunque este tipo de delitos existen en todos los países del mundo, lo que llama poderosamente la atención en India son los casos de violaciones en grupo. "Esto se explica desde un punto de vista de dinámica del poder: cuanto más hombres hay, más poder tienen, y cuánto mayor es el poder de los perpetradores, menor es el poder de la víctima", comenta Bhardwaj.

La extrema brutalidad es también uno de los motivos por los que se tiene puesta la vista en India. Son numerosos los casos en los que, tras ser violada, la víctima muere por la violencia extrema de sus agresores. Así ocurrió con la estudiante de Nueva Delhi, que murió dos semanas después de ser atacada, debido a las graves heridas internas que le produjeron sus asesinos. "El acto de violación en sí mismo ya es una brutalidad -explica la psicóloga- pero además intentan matar a la víctima porque una vez usado el objeto ya no tiene valor, y lo más fácil es destruir las evidencias".

Tal como recoge la NCBR, de los casi 25.000 casos registrados el año pasado, la víctima conocía a su agresor en 24.470. Éste suele ser el padre, un familiar cercano o un vecino, aunque la mayoría de los casos se engloba en un difuso "otros conocidos", que incluye a cualquier persona que no forme parte de ninguno de los anteriores.

"Se dice que en los casos de abuso sexual, el hogar no es un lugar seguro", cuenta el Dr. Matcheswalla. Pero aunque el violador esté fuera de casa, dentro tampoco se encuentra el apoyo necesario. "Las víctimas tienen miedo de hablar con sus propias familias porque en muchos casos ninguno de los miembros sabe cómo lidiar con el problema", asegura este psiquiatra de reconocido prestigio de Bombay.

Esto se debe a lo que él denomina "cultura del silencio": hablar sobre sexo sigue siendo considerado un tabú en India, lo que conlleva un importante riesgo. "Una vez que pones algo a cubierto la persona que ha cometido esa acción se ve alentada a hacerlo una y otra vez. Y lo que es peor aun, esa persona anima también a otros a hacerlo", añade Bhardwaj. Una vez más, se crea esa idea en la mente del delincuente sexual de protección e inmunidad.

De momento este año se han creado tribunales de vía rápida para estos casos y se han endurecido las leyes: la pena máxima por violación ha pasado de 7 a 20 años de prisión, y se incluye la pena capital en caso de que la víctima muera o quede en coma. Unos cambios que los expertos aun consideran tibios.

De fondo, persiste el principal problema: cómo curar algo que no es consciente de su enfermedad. "La sociedad india no está preparada para tomar una violación como un acto de enfermedad mental", se lamenta Gopa Bhardwaj, pues considera que un agresor, aunque sea tratado individualmente, podrá volver a cometer el mismo acto porque su círculo social le respalda. "Hasta que la sociedad india en su conjunto no cambie de mentalidad, ningún psicólogo podrá hacer nada en casos individuales" concluye.