Publicado: 16.06.2012 20:48 |Actualizado: 16.06.2012 20:48

Merkel trata de influir en las elecciones griegas hasta el final

La canciller alemana pide a los griegos que voten a los partidos que digan "sí a los compromisos" adquiridos con Bruselas

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Que un país le diga a otro qué debe votar es un hecho nunca visto en la historia de la Unión Europea y que sienta un precedente muy peligroso pase lo que pase este domingo. El Gobierno alemán ha tratado hasta el último momento de influir en las elecciones griegas que se celebran hoy agitando la bandera de la salvación del euro.

Y es algo que merece una reflexión profunda por parte de todos los socios de la moneda única. Grecia ya pasó por esto con la imposición de Lukas Papadimos a finales de 2011, un caso similar al de Mario Monti en Italia. Dos tecnócratas para cumplir las directrices impuestas desde Bruselas. Con la diferencia notable de que esta vez hay unas elecciones.  

Asumida la intervención de las economías, si los estados no conservan el último reducto de su soberanía -la libertad de que los ciudadanos elijan a sus representantes en las urnas- entonces quizá el problema deja de ser económico para convertirse en un problema de democracia. Aunque para la canciller alemana, Angela Merkel, no hay lugar a discusiones. Ayer, durante un congreso del partido democristiano, mandó un mensaje bien claro: "Es extremadamente importante que las elecciones griegas se cierren mañana con un resultado en el que los que se encarguen de formar gobierno digan, 'Sí, mantendremos nuestros compromisos'".

Merkel no nombró explícitamente a Syriza, la formación de izquierdas liderada por Alexis Tsipras que desde antes de las elecciones celebradas en mayo, en las que ningún partido fue capaz de formar Gobierno, se ha convertido en el enemigo público número uno de Bruselas. El juego es llamativo porque desde aquellos comicios Tsipras se ha encargado de recalcar en cada comparecencia que su objetivo, si venciera en las elecciones, no es abandonar el euro. De hecho así se lo hizo ver a la propia Merkel en Berlín. El político de izquierdas reclama una renegociación del pago de la deuda y más flexibilidad en los planes de ajustes que están ahogando a la población.

Es la clave de todo. Merkel no va a permitir que eso suceda y ha identificado a Syriza con el partido que quiere dejar el euro a la deriva. A fuerza de tanto repetirlo esa ha sido la percepción que se ha instalado en muchos gobiernos europeos, de ahí la recomendación del presidente francés, François Hollande, esta semana: "Puede haber países de la zona euro que prefieran terminar con la presencia de Grecia en el euro. Soy consciente de que los electores griegos deben tener la plena soberanía, pero tengo que prevenirles, es mi deber, de que si dan la impresión de que quieren alejarse de los compromisos, habrá países de la zona euro que preferirán su salida de la zona euro".    

"Sólo Grecia puede decidir si abandona el euro pero será muy difícil para un país insolvente continuar en la eurozona si renuncia al apoyo financiero", dijo el pasado viernes en una entrevista con el diario Ekathimerini el presidente del Banco Central alemán, Jens Weidmann. Además de recalcar que no cree "en los programas de estímulo financiero" que también pide Tsipras para compensar los terribles recortes, sentenció que "si el nuevo Gobierno decide unilateralmente renunciar al programa de rescate, Grecia no recibirá más ayudas financieras".

La partida se juega a una sola carta. Si Tsipras vence los comicios hoy reclamará la comprensión de la Unión Europea. Merkel se cerrará en banda y Grecia saldrá del euro provocando un terremoto financiero en toda la Eurozona que conllevará, como han señalado muchos analistas en los últimos días, el más que posible final de la moneda única. La cuestión está en ver las dos caras de la moneda. ¿El culpable de una hipotética caída del euro sería Tsipras o Merkel y los otros países que se nieguen a aceptar un pacto? 

La respuesta la dio el pasado viernes en una entrevista para Público.es, Costas Isychos, Responsable Internacional de Syriza: "La cuestión es si el euro y la Eurozona pueden sobrevivir con el incendio que ha empezado en Grecia y se está extendiendo a España, Irlanda y Portugal. La cuestión es si Europa va a seguir con estas políticas de austeridad y de ajuste, ya que son precisamente esas políticas las que están matando la Eurozona día a día. No es el gobierno de izquierda quien va a sacar a Grecia del euro, sino las políticas de la Unión Europea que están destruyendo la Eurozona".

En cualquier caso, si no ganara Tsipras, viendo la experiencia de las primeras elecciones, parece muy complicado que ninguno de los dos partidos históricos, la Nueva Democracia de Antonis Samaras y el Pasok del exministro de Economía, Evangelos Venizelos, puedan formar Gobierno. Sobre todo teniendo en cuenta que los socialistas griegos culminarán su hundimiento según las últimas encuestas.

Por otra parte, Samaras dijo el viernes que pediría a Europa renegociar las condiciones de la devolución de la deuda para que los griegos tuvieran unas condiciones más ventajosas. "Saldremos de esta crisis y no dejaremos el euro. No dejaremos que nadie nos saque de Europa", proclamó en su último mitin.

¿Cuál es la diferencia? Para Isychos, "cuando se vaya a reunir el Consejo Europeo en Bruselas el 28 de este mes, nosotros, como representación de un gobierno de izquierdas, tendríamos que ir con dos puntos muy importantes. El primero sería dejar claro que el resultado del voto democrático de pueblo griego es la voluntad de poner fin de las políticas de austeridad y de romper con el memorándum. El segundo sería renegociar una deuda, la cual no sabemos todavía de quién es, ni cuál es la suma de esta deuda, ni cuál es la parte legal e ilegal de la misma".

Este tipo de reflexiones le han colocado el cartel de radical a Syriza en todo el globo. Pero en el fondo, mientras un partido trata de buscar una solución al agujero negro al que se ha desterrado a la sociedad griega proponiendo una alternativa, Europa está mirando para otro lado ignorando esta realidad y otra mucho más preocupante: los verdaderos radicales, el partido neonazi Amanecer Dorado, entrarán en el Parlamento. Ellos también se oponen a la austeridad europea y a la intervención. Son considerados un mal menor. Si Europa puede asumirlo se verá pronto.