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Merkel y Sarkozy pactan un plan para el rescate griego

Ambos abogan por acelerar la aplicación de las ayudas y solicitan que los acreedores privados participen en las medidas

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Alemania y Francia han llegado esta mañana a un principio de acuerdo sobre la participación de la banca privada en la reestructuración de la deuda griega. Tras una reunión de más de tres horas en Berlín, la canciller, Angela Merkel, y el presidente, Nicolas Sarkozy, decidieron que lo más viable es que los acreedores privados participen 'de manera voluntaria'.

'Queremos una participación de los acreedores sobre una base voluntaria. Insisto en lo de la base voluntaria', dijo Merkel a sabiendas de que este tema es clave para desatascar el acuerdo y de que era la posición apoyada por Francia, el Banco Central Europeo y la mayoría de los socios de la UE.

En la reunión, según Sarkozy, ambos países han pactado cuatro puntos básicos que pasan por esa voluntariedad de la banca privada, evitar el llamado credit event (incumplimiento crediticio), la cooperación con el BCE y el logro de una solución para Grecia lo más rápido posible.

'No fijamos una fecha, pero es claro que en septiembre no sería lo más rápido posible [la intención alemana], que en agosto pasan pocas cosas y que ya estamos a mediados de junio, entonces creo que ustedes pueden entender aproximadamente lo que queremos decir', dijo el presidente galo.

El gobierno heleno está pendiente de la aprobación definitiva del segundo paquete de ayudas para rescatar su economía, que supone 120.000 millones de euros y que se encontraba en punto muerto por las diferencias entre los dos países.

Ese principio de acuerdo entre los dos países sobre la banca privada se mueve dentro del espíritu de la llamada iniciativa de Viena, que choca con la propuesta inicial que había hecho el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble.

Éste sugirió una prolongación de siete años de los plazos de vencimiento de los títulos de deuda griega a través de un cambio de bonos. En la iniciativa de Viena se cancelarían los viejos títulos y luego los bancos comprarían nuevos.

Aunque el efecto para la deuda sería el mismo, esos siete años, esta fórmula podría tener una repercusión distinta en la valoración de las agencias de calificación de riesgo.