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México acude a las urnas bajo el yugo de los narcos

Los asesinatos del candidato del PRI en Tamaulipas y del caudillo político Cevallos han elevado el listón de la violencia. La falta de confianza del electorado augura una abstención del 70% 

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Una semana después del asesinato a manos de narcotraficantes de Rodolfo Torre Cantú, candidato a gobernador, los mexicanos de 14 de los 32 estados federados del país norteamericano están llamados este domingo a las urnas, en unas elecciones marcadas por la violencia y el yugo de los narcos, que amenazan el futuro de la democracia.

¿Qué pasará el lunes? Y ¿qué pasará el 2012, en las elecciones presidenciales? La periodista Brenda Herrera se lo preguntaba al secretario de gobernación (ministro de Interior), Fernando Gómez Mont: si en unas elecciones a gobernador asesinan a un candidato, cabe esperar otro magnicidio dentro de dos años, como cuando en 1994 mataron a Luis Donaldo Colosio en Tijuana. En las redes sociales, la llamada clase media abre una campaña para no celebrar con el famoso grito el bicentenario del inicio de la independencia, el próximo 15 de septiembre: 'Que griten ellos, nosotros vamos a callar porque no hay nada que celebrar'. Algo se despierta en la adormecida sociedad mexicana frente a la impunidad y la corrupción.

Los analistas están preocupados. Pero no la mayoría de los mexicanos, ya que se prevé una abstención de hasta un 70% a causa de la guerra sucia entre partidos y de la inseguridad reinante. Chihuahua, Sinaloa, Hidalgo, Durango, Veracruz son estados que renuevan a sus gobernadores sin garantías para los electores. Está en duda la propia viabilidad de las debilitadas instituciones.

El asesinato el lunes del candidato del PRI a gobernador en el norteño estado de Tamaulipas, Torre Cantú, marcó otro salto cualitativo en el paisaje de violencia desenfrenada. Como lo dio hace 50 días el secuestro aún inconcluso del caudillo político Diego Fernández de Cevallos.

Mientras, como si la naturaleza se aliara con el crimen, el huracán Alex azotaba el noreste. Y en el sur, Oaxaca era el epicentro del último temblor, de magnitud 6,5 y que se sintió en la capital del país. Aquí se presenta una alianza contra natura entre el partido del presidente, el PAN, y el opositor PRD, que el PRI ha considerado una gran traición.

La guerra que declaró el presidente, Felipe Calderón, al crimen organizado ha cambiado el escenario. De una relación de status quo entre la clase política y los cárteles durante los 70 años de primacía del PRI, se ha pasado a una cuasi guerra civil en la que no se sabe la fuerza real del enemigo. Quizá por ello es este partido el que se ve como vencedor en todas las próximas convocatorias electorales, gracias a sus resortes caciquiles entre la población más desfavorecida.

La lucha por el control del territorio entre los cárteles rivales ha generado una violencia omnipresente y de creciente ferocidad. Los expertos calculan que los narcos recurren a más de 30 tipos de crímenes delitos distintos, desde el tráfico de estupefacientes o personas hasta los secuestros, las extorsiones, los asesinatos selectivos y las matanzas indicriminadas, cada vez más crueles para asegurarse el temor social y la visibilidad en los medios. El miércoles dejaron una cabeza humana delante de la casa del candidato del PRI a alcalde de Ciudad Juárez.

Ningún sector de la sociedad se libra: el lunes por la noche un periodista del estado de Guerrero, corresponsal de El Sol de Acapulco era asesinado junto a su esposa en su cibercafé de Coyuca de Benítez. Dos días antes, en una autopista de Sinaloa asesinaban al cantante norteño Sergio Vega. El mismo día empezaban a desenterrar a 14 asesinados de una fosa de Nuevo León. Junio acabó siendo el mes con más víctimas desde que Calderón empezó esta guerra, en diciembre de 2006: sólo en este mes, 1.200 mexicanos han perdido la vida, según los recuentos periodísticos.

El asesinato del candidato del PRI y de cuatro de sus acompañantes provocó otro duro discurso presidencial. Calderón insistió en los tiempos decisivos que vive México y reconoció indirectamente que el narco ha 'tomado' el país. Su propósito, 'ser la generación que, por encima de diferencias políticas, se supo unir en lo esencial en el momento histórico que se nos exigió para recuperar a México de manos de la delincuencia'. Con una policía corrupta, un sistema judicial que él mismo calificó de injusto y una impunidad del 98%, la tarea es ímproba.

En 1994 ya se proclamaron esos mismos planteamientos de unidad y de emergencia nacional. Y sobrevino la misma vulnerabilidad que ahora prevén los analistas. Discursos y discusiones se suceden, pero faltan acciones y decisiones. La fiscal especial de la República para delitos electorales, Arely Gómez, fue obligada a dimitir cuatro días antes de la cita con las urnas. Desde su cargo había intentado evitar el desvío de recursos públicos para recabar votos y bloquear el uso del dinero del narcotráfico en las campañas.

Entretanto, la campaña social en las redes pide dar la espalda a los gobernantes y 'que por primera vez el grito de independencia y de libertad sea un gran silencio de inconformidad y disgusto'.