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Sólo Miguel puede salvar a los mineros

Uno de los técnicos más respetados del campamento en Mina San José diseña las dos 'jaulas' que se usarán en el rescate

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El campamento Esperanza está encaramado en las montañas del desierto de Atacama, alejado de los pueblos de la región y con una ruta de acceso serpenteante y resbaladiza donde volcó el auto de tres periodistas españoles. En la puerta esperan dos puestos de carabineros nada amigables. Pero en este mes de espera se ha ido poblando de una fauna variopinta.

Entre el ruido, aparece Miguel Fortt, ingeniero en minas de 65 años con las manos curtidas y mirada tranquila. Llegó el día después del derrumbe y, cuando la empresa San Esteban, dueña de la mina, intentaba usar los ductos de ventilación para el rescate, fue el primero que dijo que la única opción viable era usar sondas.

Fue el primero que dijo que la única opción viable eran sondas y no los pozos de ventilación

Miguel es atacameño y aún hoy vive en Caldera, un pueblo cercano. En la zona lo conocían y logró calmar la tensión del comienzo entre los familiares y las autoridades. Cada vez que se daba información sobre el avance del rescate, él se tomaba un tiempo para responder las dudas de todos los que lo buscaban. A todos les cayó bien su sencillez y cordialidad. Frente a ellos había un experto mundial en labores de sondaje que acumula más de un millón de kilómetros perforados en países de los cinco continentes. Miguel hace 43 años que participa en rescates y hasta lo han llamado de Australia para asesorar en el salvamento de 17 mineros atrapados a 500 metros de profundidad.

Ahora se dedica a coordinar los esfuerzos entre Asmar, los astilleros de la armada Chilena, y Codelco, la minera estatal, en el diseño de las dos jaulas que se están fabricando para usar en el rescate final.

'Cuando las terminemos, comenzaremos con las pruebas. Queremos saber cuánto demoraríamos en bajarlas y subirlas, y analizar cuántos dispositivos necesitaremos', dice.

Incluso Australia pidió ayuda a este ingeniero para un rescate a 500 metros de profundidad

El rescate deberá seguir una lógica muy estudiada. 'Primero van a bajar los socorristas y ellos se ocuparán de ir sacando a los mineros uno a uno dentro de la jaula. Los ayudarán a meterse y afianzarse, les pondrán los protectores, les abrirán la iluminación, la comunicación y les enseñarán a usar los dispositivos de oxígeno por si los necesitan. De acuerdo a las fichas médicas, los sacarán siguiendo una lista con un orden de urgencias, de acuerdo al estado de salud', explica Miguel. De fondo, el bullicio del campamento.

Los hermanos Peña, más conocidos como los payasos Perlita y Corchito, entretienen con globos y muecas a los chicos de las familias de los mineros atrapados 700 metros bajo sus pies. Otros niños hacen sonar unos silbatos. Se los regalaron dos monjas calmas, que recorren las carpas repartiendo rosarios. En la puja religiosa, un pastor evangelista ofrece discursos sobre un escenario y otro mormón da una entrevista a un periodista.

Sin embargo, este es el último día de alegría en el campamento Esperanza. Al menos, hasta que llegue el ansiado día del rescate. 'No perdamos el foco', pide la intendenta Ximena Matas. 'Agradecemos las demostraciones de cariño para las familias y los mineros, pero esto es un operativo de rescate. A partir de mañana, vamos a restringir el ingreso de quienes no sean familiares cercanos, periodistas o socorristas debidamente identificados'. Para hacerse escuchar, tiene que forzar su voz por encima de un grupo que toca cuecas, el baile nacional. Tocan 33, una por cada minero atrapado.