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Samuel Prada León El miliciano español que murió combatiendo en Siria seguirá "oficialmente vivo" en España hasta su correcta identificación

Los compañeros del miliciano gallego fallecido en Afrin mientras luchaba contra las fuerzas de Turquía han solicitado a las autoridades kurdas que exhumen su cadáver para confirmar que el cuerpo que allí yace es en verdad el de Samuel Prada.

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"Sehid Baran", reza la tumba donde supuestamente se hallan los restos mortales del orensano.

Samuel Prada León, el miliciano orensano acribillado en Afrin (Siria) el pasado día 10 mientras combatía como voluntario contra los turcos del lado de las fuerzas que lideran los kurdos, seguirá oficialmente vivo en nuestro país hasta que las autoridades del Norte de Siria no envíen al Gobierno español la documentación precisa que demuestre que el cuerpo que fue enterrado junto a otros compañeros de armas es, en efecto, el del gallego.

El Ministerio de Asuntos Exteriores comunicó esta semana a la familia que para expedir el preceptivo certificado de defunción se precisan pruebas fehacientes de su identificación que el Gobierno de la Confederación del Norte de Siria no ha enviado. En la lista proporcionada por la Administración española a la familia de la víctima se enumeraban, entre otros requisitos, una foto del cadáver y de cada uno de los dedos (preferiblemente, de ambas manos), así como, "si fuera posible, una impresión con tinta de las huellas dactilares".

Aunque no se conoce todavía con detalle las precisas circunstancias que condujeron a la muerte del gallego, las versiones más acreditadas apuntan a que Prada León —conocido por los kurdos con el sobrenombre de Baran Galicia— fue movilizado de urgencia a una posición defensiva a raíz de un ataque de los turcos, alguna de las fuerzas proxy de las que se sirven o de un grupo islamista.

El orensano falleció como consecuencia del bombardeo o de metralla, junto a otros voluntarios internacionales que luchaban en las filas de las llamadas SDF (siglas inglesas de las Fuerzas Democráticas de Siria). Entre otros, un francés de origen bretón. Su muerte fue hecha pública el pasado domingo por la milicia kurda de las YPG en su página web, de acuerdo al protocolo que se sigue en estos casos.

Esta misma semana, Prada fue enterrado junto a algo más de una docena de camaradas, asesinados también mientras defendían la ciudad de Afrin de los ataques patrocinados por los turcos. Tal y como muestra una fotografía que reproduce esta información, los supuestos restos mortales de Baran Galicia yacen bajo una discreta lápida blanca, a la que se adhirió una fotografía de flores con dos sencillas palabras impresas: "Sehin Baran" o mártir Baran.

A las exigencias legales planteadas, en cumplimiento de la ley española, por el Gobierno de Madrid se suma también ahora el recelo de algunos de sus camaradas, quienes han solicitado que se exhume el cadáver para descartar cualquier posible error originado "por las terribles y lógicas dificultades desencadenadas por la guerra".

Se desconoce, por ejemplo, si quedó desfigurado porque no le hicieron fotos, y si se las hicieron, no hay constancia de ello. Asimismo, tras visitar el lugar del cementerio donde Prada fue enterrado y efectuar ciertas pesquisas acerca de las circunstancias que rodearon al sepelio, varios compañeros de la unidad donde servía Baran lograron dar con una de las personas que acondicionaron el cadáver para su enterramiento y realizaron una averiguación, cuando menos, inquietante.

Según les aseguró el mencionado empleado, la persona que yace enterrada carecía, como Samuel, de una cicatriz visible y, lo que es todavía peor, a diferencia del orensano, poseía un tatuaje. "¿Es en verdad Samuel quien fue sepultado en los aledaños de Afrin? Tenemos razonables dudas sobre ello y hemos solicitado a las autoridades kurdas que desentierren el cuerpo para aclararlo", declaró el viernes a este diario un ex compañero de Baran Galicia de las YBS.

En palabras de este voluntario occidental, "el jueves se supo también que el bretón que murió junto a Samuel sigue todavía sepultado bajo varios metros de escombros. Hasta la fecha, los brigadistas internacionales fallecidos en combate eran tratados por las autoridades kurdas con una delicadeza extrema, en pago a su sacrificio, pero el caos en la ciudad es tal que se están produciendo, a pesar de sus esfuerzos, situaciones indeseables como ésta. Hay que entender, claro está, los problemas a los que se enfrentan como consecuencia de las atrocidades cometidas por los turcos".

Nadie, en ningún caso, pone en entredicho que Prada falleciera durante el combate. Más allá de las dudas que han sembrado las gestiones realizadas por sus antiguos camaradas, tampoco existen pruebas de que, en verdad, no sea su cuerpo el enterrado. Pero sus compañeros desean descartar la posibilidad de que, al igual que el bretón, siga enterrado bajo escombros.

Inicialmente, la idea de la familia —su madre vive en Andorra— era repatriar el cadáver del muchacho, pero también se desconoce quién se haría cargo de los considerables costos del traslado. En principio, el Gobierno de España se ha desentendido de ello asegurando que no es responsabilidad de la Administración afrontar los gastos que genera la muerte de alguien que resolvió ir a luchar al extranjero por decisión propia.

Samuel falleció cuando contaba 24 años de edad. Viajó a combatir contra el Daesh a Oriente Medio alentado por razones humanitarias tras saber del genocidio que había sufrido el pueblo yazidí a manos de los asesinos islamistas. Luchó, en primer lugar, bajo la bandera de una unidad árabe de las SDF y, más tarde, con una milicia yazidí de Sinyar conocida como YBS. Enrolado en sus filas, y junto a otros españoles, combatió en primera línea hasta el último momento en el frente de Raqqa desde donde fue movilizado, primero, a su base de Sinyar y finalmente, a la ciudad siria de Afrin donde perdió la vida. Su compromiso militar de seis meses vencía el pasado 23 de enero, pero en lugar de regresar a España, decidió seguir en el frente, tras saber del ataque turco a la ciudad de Afrin.