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Los militares egipcios hacen nuevas concesiones al pueblo

El Ejército promete convocar el referéndum sobre la Constitución en dos meses

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El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, la máxima autoridad en Egipto tras la renuncia del presidente Hosni Mubarak, desea avanzar rápidamente hacia la democracia y evitar que la situación se le escape de las manos, algo probable si la población se convence de que los militares no están actuando honradamente con respecto a las promesas que han hecho en ese sentido en los últimos días.

El Ejército ya se habría dado cuenta de la necesidad de actuar rápidamente según Wael Ghonim, el alto ejecutivo de Google que se ha convertido en una de las caras visibles de la revolución. Ghonim dijo ayer que altos cargos militares le habían comunicado que las reformas constitucionales estarán listas para someterlas a un referéndum en el plazo de dos meses.

El primer ministro quiere cambiar el Gabinete para incluir a la oposición

Esta presunta actitud activa también se desprende de las manifestaciones del ministro británico de Exteriores, William Hague, que ayer dijo que el primer ministro egipcio, Ahmed Shafiq, que fue nombrado por Mubarak poco antes de dimitir, le aseguró que en los próximos días reformará el Gobierno con la intención de incluir a miembros de la oposición para facilitar la transición a la democracia. Sin embargo, un portavoz de los Hermanos Musulmanes, la principal fuerza política de la oposición, negó que las autoridades se hayan dirigido a ellos para invitarlos a participar en un gabinete de unidad nacional.

En su quinto y último comunicado emitido hasta ahora, el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas pidió ayer a los funcionarios del Estado que cesen las huelgas y se reincorporen al trabajo para que no se deteriore más la situación económica. 'Nobles egipcios, daos cuenta de que estas huelgas, en estos momentos tan delicados, producen efectos negativos', rezó el comunicado, difundido por la televisión estatal, en tono paternalista.

Las Fuerzas Armadas piden en un comunicado el fin de las huelgas

Empleados de un gran número de empresas públicas que consideran que reciben un salario indigno se manifiestan en prácticamente todas las provincias del país y no acuden a sus puestos de trabajo. Algunos funcionarios tienen unos salarios mensuales de unas 500 libras egipcias (unos 85 euros), una cantidad que hace muy difícil que lleguen a final de mes.

El Ejército teme perder el control de la situación si las protestas se extienden, aunque es consciente de que los funcionarios están cargados de razón. Los empleados de las empresas privadas, en cambio, tienen salarios más altos y de momento no han secundado los paros. El Ejército deberá tener mucha mano izquierda para impedir que las huelgas se radicalicen en los próximos días.

Miles de personas volvieron ayer a la plaza Tahrir, en el centro de El Cairo, para expresar su apoyo a las protestas de egipcios jóvenes y maduros que exigen más medidas de confianza que dejen atrás el pasado y que garanticen una transición rápida.

La Policía Militar despeja la plaza Tahrir de los últimos manifestantes

Los manifestantes regresaron a la plaza a media mañana, como reacción a la actuación de la Policía Militar que un poco antes trató de desalojar definitivamente a los pocos elementos que todavía permanecían en ella argumentando que estaban dispuestos a seguir allí de manera indefinida. Entre los manifestantes había cientos de policías que defendían la democracia y que volvieron a cortar el tráfico.

'No abandonaremos la plaza hasta que se cumplan todas nuestras demandas, que incluyen el final del estado de emergencia, la liberación de los presos políticos y un calendario preciso de las reformas políticas que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas ha dicho que va a emprender a partir de ahora', comentó Jaled, uno de los pocos rebeldes que aún quedaban en la plaza a primera hora de la mañana. 'Después de la revolución no tiene ningún sentido que siga vigente un estado de emergencia que, entre otras cosas, prohíbe la reunión de más de cinco personas', añadió.

Poco después, la Policía Militar empezó a despejar la emblemática plaza de los últimos manifestantes que habían desoído el ultimátum dado por el Ejército. Los agentes, completamente desarmados, agarraban a los hombres que pillaban y los metían en los jeeps para llevárselos detenidos.

Además, la Policía tomó cientos de mantas y retazos de plásticos que los manifestantes usaban para protegerse del frío durante la noche, con el fin de obligarlos a marcharse de una vez por todas. Pero ya está convocada una marcha el próximo viernes.