Publicado: 27.08.2014 11:16 |Actualizado: 27.08.2014 11:16

El ministro exbanquero de Hollande promete dar confianza a los inversores

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El nuevo ministro de Economía de Francia, Emmanuel Macron, que fue visto como los ojos y oídos del mundo corporativo en el Elíseo hasta que dimitió de ese puesto este año, prometió intentar reconstruir la confianza entre los inversores y entre los propios franceses.

Los economistas celebraron la designación de Macron, exbanquero de Rothschild, con la idea de que Hollande seguirá adelante con su política proempresarial para reducir los impuestos corporativos en 40.000 millones de euros y sacar a la economía del estancamiento al mismo tiempo que recorta el déficit.

Montebourg fue destituido el lunes por pronunciarse contra esa estrategia económica, que Macron ayudó a forjar. La principal queja de Montebourg fue que las medidas para recortar el déficit probablemente acabarían con las esperanzas de recuperación y dañarían injustamente a los más pobres de la sociedad.

"Es un cambio de personal, casi un cambio de generación, un cambio de estilo", dijo Sapin, cuyos esfuerzos para tranquilizar a los socios de Francia en la UE se vieron minados por las palabras de Montebourg, a France Inter.

"Por encima de todo, tiene esa consistencia total de la que Montebourg carecía (..) Con Macron sabes hacia dónde vas", añadió.

Además, Macron, prometió el miércoles recuperar la confianza en la segunda economía de la eurozona y acabar con los mensajes contradictorios y con las diferencias internas en política económica.

En declaraciones un día después de que el presidente francés, François Hollande, le designara sustituto del ministro de izquierdas y antiglobalización Arnaud Montebourg, este exbanquero de inversión de 36 años intentó asegurar que formaría un tándem con el ministro de Finanzas, Michel Sapin.

"Nos pelearemos, pero no contra quienes están en nuestro propio campo, no combatiremos contra parte del pueblo francés, lucharemos con toda la energía que tenemos", dijo el exasesor económico de Hollande en la ceremonia en la que asumió el cargo de manos de Montebourg.

Hollande es el presidente más impopular que ha tenido Francia en la historia reciente y los sondeos muestran que los votantes no confían en él para relanzar la segunda economía de la eurozona, donde el crecimiento fue cero en la primera mitad del año.

Las encuestas también han revelado que la mayoría de los franceses respalda la expulsión de Montebourg pero pocos prevén una buena política económica

Estas entrevistas fueron realizadas el martes, el mismo día en que se anunció un cambio de Gobierno que ha dejado fuera a los tres ministros críticos, incluido el titular de Economía, Arnaud Montebourg. Un 59 por ciento de las personas encuestadas dan la razón a Valls y Hollande al apartar a Montebourg, mientras que un 39 por ciento critican este desplante.

El dato contrasta con la gran mayoría que critica la política económica del Ejecutivo y que prevé un horizonte confuso a corto y medio plazo. Así, sólo un 36 por ciento pronostica que las nuevas políticas económicas serán claras y un 34 por ciento que tendrán eficacia.

Dos de cada tres franceses consideran insuficiente la remodelación del Gobierno realizada por el presidente, François Hollande, y el primer ministro, Manuel Valls, y reclaman también la disolución de la Asamblea Nacional para que la población pueda pronunciarse acerca de sus preferencias políticas.

En concreto, un 63 por ciento de la ciudadanía quiere esta disolución, frente al 36 por ciento que prefiere que la Asamblea se quede por el momento tal y como está, según un sondeo difundido este miércoles por el periódico 'Le Parisien' y elaborado a partir de 1.010 entrevistas.

Las reivindicaciones de disolución de la Cámara Baja han llegado en los últimos días principalmente de la oposición política y, de hecho, en la encuesta esta idea cuenta con el beneplácito de un 86 por ciento de los simpatizantes de los partidos de derecha.

Respecto a las consecuencias que tendría la convocatoria de elecciones, un 52 por ciento consideran que no tendrá efectos en la situación del país, el mismo porcentaje de quienes piensan que Francia irá mejor después de celebrar comicios.