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Mohamed VI perfecciona el autoritarismo en Marruecos

El rey acapara más poderes que su padre tras la fachada de transición democrática

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Desde su llegada al trono, en 1999, el rey de Marruecos, Mohamed VI, ha cultivado una imagen cuidadosamente calculada de rey moderno y liberal que se preocupa por las necesidades de su pueblo. No pasa un día sin que la televisión nacional lo muestre inaugurando un orfanato, un centro comunitario o un complejo de viviendas sociales. Esta imagen de 'rey de los pobres' que el soberano alimenta llega a un pueblo que está aún muy lejos del 78% de alfabetización del que gozan los tunecinos y cuya clase media se encuentra en un estadio mucho más incipiente que la de Túnez.

Bajo la retórica que pretende que con su reinado se inició una transición que los hechos desmienten, la realidad es que Mohamed VI tiene hoy más poder del que tenía su padre. A diferencia de Ben Alí, el soberano marroquí goza además de la ventaja de disfrutar de la legitimidad religiosa que le confiere su condición de Comendador de los Creyentes.

El monarca ha invadido alguna de las prerrogativas del Gobierno

En estos 11 años, el sucesor de Hassan II 'no sólo no ha cedido poder formal, ni material ni económico, sino que ha colonizado e invadido nuevos espacios en las instituciones reforzando desmesuradamente el entramado institucional paralelo', explica a Público la profesora de Ciencias Políticas de la Universidad de Granada María Angustias Parejo. Parejo es experta en el sistema político marroquí y autora de la obra Entre el autoritarismo y la democracia. Los procesos electorales en el Magreb. 'El rey ha vaciado de poder algunas de las prerrogativas que tenía antes el Gobierno mediante la creación de consejos y fundaciones directamente controladas por él', explica Parejo.

Instituciones como la Fundación Mohamed V para la Solidaridad y el Instituto Real de la Cultura Amazigh (bereber), que dependen del monarca y de su camarilla, alimentan ante la opinión pública la imagen del rey como motor de la reducción de la pobreza. Algo que contribuye a ponerle al abrigo de un estallido social dirigido a derrocar su poder.

En Marruecos, a diferencia de Túnez, se ha producido además una aparente paradoja. Frente a los resultados de tipo soviético que obtenía Ben Alí (entre el 89% y el 99% de los votos), en el reino alauí el perfeccionamiento del autoritarismo del régimen ha convivido con una mayor transparencia en las elecciones.

Las elecciones en Marruecos sirven para legitimar al régimen

Pero la contradicción no es tal, dado que en el régimen marroquí las 'elecciones no producen Gobierno', pues la Constitución no obliga al rey a nombrar al primer ministro entre las filas del partido más votado y cuatro de los ministros más importantes son nombrados directamente por el soberano, asegura Parejo. Así, los comicios son sólo un elemento legitimador más del régimen.

El autoritarismo de Mohamed VI medra en un contexto donde la presión internacional sobre estos regímenes es casi inexistente, como se ha demostrado ahora con el nulo apoyo que Occidente dio a la revuelta popular en Túnez .

El soberano tampoco se enfrenta a unas presiones internas comparables a las que afrontó Hassan II; la otrora combativa oposición marroquí ya ni se atreve a pedir la reforma de la Carta Magna.

La Asociación Marroquí de Derechos Humanos es una de las escasas instancias que sigue reclamando la reforma de la Constitución. El ex preso político Abdelhamid Amine es su vicepresidente. 'Los progresos son frágiles porque no tienen base en la Constitución. El rey reina y también gobierna. Ninguna ley puede llegar al Parlamento sin pasar por el Consejo de Ministros, que preside el monarca, por lo que cualquier proyecto tiene que tener antes su luz verde', se lamenta Amine.

'Los progresos son frágiles porque no tienen base en la Constitución'

En este contexto, cualquier disensión que cuestione la autoridad es severamente castigada por una Justicia a las órdenes de Palacio. Bien lo saben los chabolistas de Mohamedía, una ciudad entre Rabat y Casablanca. Tras verse en la calle a causa de unas lluvias torrenciales que anegaron sus infraviviendas en noviembre, los vecinos se manifestaron y enviaron una delegación para negociar con las autoridades. Sus seis miembros están desde entonces en la cárcel de Ukacha, en Casablanca.

Estas protestas sociales, que son numerosas pero no multitudinarias, no disponen tampoco de un elemento clave en Túnez: la extensión del acceso a internet y su uso como medio de comunicación. En muchas áreas rurales de Marruecos, la conexión a la red es aún un sueño.

La Constitución marroquí sitúa al rey por encima de todo ordenamiento legal y define su persona como “inviolable y sagrada”. El monarca nombra al jefe del Gobierno y también preside el Consejo de Ministros. Aunque la Carta Magna no lo recoge, la costumbre reserva al soberano el nombramiento de cuatro ministros claves: Interior, Exteriores, Justicia y Asuntos Islámicos. Mohamed VI preside el Consejo Superior de la Magistratura y nombra a cinco de sus nueve miembros. También legisla a través de los ‘dahir’, decretos, y puede disolver el Parlamento.El monarca es además el jefe supremo de las Fuerzas Armadas Reales de Marruecos. Asimismo, el rey controla la gestión gubernamental con una camarilla, compuesta por sus consejeros y algunos responsables (como el ministro de Asuntos Exteriores, Taïeb Fassi-Fihri), que actúa como un Gobierno en la sombra.