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Los movimientos políticos y militares en Siria permiten ver el final del Estado Islámico

La nueva administración americana está ayudando con mayor interés a las milicias kurdas. Paralelamente, la última ronda de las negociaciones entre el gobierno y los rebeldes sirios ha concluido en Ginebra con un comunicado sobre el contenido de las discusiones que se reanudarán este mismo mes de marzo.

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Dos mujeres caminan por las calles de Raqqa, considerada capital del Estado Islámico, en marzo de 2014.- REUTERS

Este lunes las fuerzas kurdas y árabes han cortado la última vía terrestre de suministros con que contaba el Estado Islámico en la ciudad siria de Raqqa, la capital del califato de Abu Bakr al Bagdadi, un califato que se está desmoronando rápidamente en Siria y en Irak, aunque esto no representará el fin del yihadismo.

Ahora la ciudad de Raqqa está bloqueada desde el norte, el este y el oeste, y solamente puede obtener suministros a través del río Éufrates desde el sur. La última vía terrestre que se ha cortado era la que unía la ciudad con Deir al Zor, al este de Siria, donde el Estado Islámico también está sufriendo serios reveses.

En esa operación, las milicias kurdas y árabes pertenecientes a las Fuerzas de Siria Democrática (FSD) han contado con el apoyo de la aviación estadounidense. Los americanos viven desde hace tiempo un romance con los kurdos pues consideran que solo ellos disponen de suficientes combatientes y determinación para acabar con el Estado Islámico.

Transcurridas siete semanas desde su entrada en la Casa Blanca, Donald Trump no está siendo muy explícito acerca de su política en Siria e Irak, pero sobre el terreno ha reforzado el apoyo a las FSD y está haciendo realidad las declaraciones que formuló repetidamente durante la campaña acerca de la prioridad de acabar con el Estado Islámico.

Alepo antes y después de la guerra

Desde mediados de enero, coincidiendo con la jura de Trump, las FSD, generalmente con el apoyo de Estados Unidos, han llevado a cabo numerosas operaciones al este de Alepo, dándose una situación bastante paradójica en esta región que ahora es de gran importancia militar a causa del conflicto de intereses entre los kurdos y Turquía.

Las ciudades más conflictivas de la región han sido Al Bab y Manbiy, que han estado en poder de las milicias del Estado Islámico desde 2014. La primera cayó hace algunas semanas pero Manyib fue conquistada el verano pasado por los kurdos, lo que ha obligado al presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, a lanzar nuevas amenazas contra los kurdos.

Los kurdos, que siguen contando con el apoyo de Estados Unidos, han ofrecido la ciudad de Manbiy al ejército sirio, contra el que está luchando Estados Unidos, y la oferta ha sido aceptada incluso por los turcos, que de ninguna manera desean que haya presencia kurda al oeste del Éufrates.

La complejidad de las relaciones entre los distintos agentes ha hecho que el ejército sirio sea el elemento preferido por los turcos y por los kurdos

La complejidad de las relaciones entre los distintos agentes ha hecho que el ejército sirio, contra el que han luchado tanto los turcos como los norteamericanos, sea el elemento preferido por los turcos y por los kurdos, apoyados por Estados Unidos, lo que da una idea de las profundas y enconadas rivalidades entre turcos y kurdos, así como del papel que se ha visto obligado a jugar Estados Unidos.

De manera que en Manbiy el ejército sirio está haciendo de colchón interpuesto entre turcos y kurdos mientras unos y otros combaten al Estado Islámico con mayor premura que antes. El problema de los turcos y kurdos difícilmente se resolverá aunque termine el conflicto y se acabe con el Estado Islámico puesto que Ankara considera que los kurdos son terroristas y brazo ejecutor del PKK del Kurdistán turco.

Mientras todo esto ocurre sobre el terreno, y por fin se puede vislumbrar el final del Estado Islámico, las negociaciones entre los distintos combatientes sirios, tanto los gubernamentales como los rebeldes, siguen su curso y ya se aprestan para celebrar rondas nuevas a mediados de marzo en Astana, la capital de Kazajistán, y en Ginebra.

La  ronda de negociaciones indirectas que terminó el 3 de marzo en Ginebra ha sido un éxito relativo

La reciente ronda de ocho días de negociaciones indirectas que terminó el 3 de marzo en Ginebra ha sido un éxito relativo, en la medida en que ninguno de los participantes, es decir ni el gobierno ni las tres fuerzas opositoras, dio el portazo y todos aguantaron hasta el final gracias al saber hacer del diplomático sueco Staffan de Mistura.

El documento final de Ginebra, a diferencia de lo que se acordó en abril del año pasado en la misma ciudad suiza, no habla de “transición política”, pero sí ha establecido cuatro “cestas” o mesas en las que se sentarán unos y otros este mes de marzo aunque no dialoguen directamente sino a través de De Mistura.

En la primera mesa se discutirá establecer una gobernanza no sectaria en el plazo de seis meses. En la segunda mesa se hablará de iniciar un borrador de Constitución. En la tercera mesa se hablará de las elecciones a celebrar en un plazo de dieciocho meses. Y la cuarta mesa, exigida por el gobierno, se dedicará a combatir el terrorismo. La oposición ha pedido que también se hable del terrorismo del régimen.

El principal problema de ese programa es que el país está profundamente dividido y en pie de armas, y el sectarismo es un elemento central que sin duda va a dificultar que se progrese en cada una de las mesas. Sin embargo, el que De Mistura haya conseguido hacer ese documento puede considerarse como un éxito relativo.

A mediados de esta semana el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu viajará a Moscú para entrevistarse con Vladimir Putin. En la oficina del primer ministro se comenta que el tema principal de la entrevista será justamente Siria.

Israel tiene sus propios intereses, que en parte coinciden con los de Arabia Saudí pero en otra parte no. Precisamente los agentes extranjeros complican la resolución del conflicto con innumerables obstáculos.